— Tienes razón, es y será tu hija siempre. Él me sonrió y me besó, todos nos aplaudieron y sonreímos. Fuimos a partir el pastel y una vez que los camareros se hicieron cargo de repartir los pedazos decidí llevar a Lucía aparte. — ¿Sucede algo, linda? — Quiero decirte que por mucho tiempo desee un hombre que me amara con la misma devoción con la que Adriel te ama, alguien que se quedará conmigo sin importarle un diagnóstico médico equivocado, que mirara más allá de lo que le proporciona con el sexo y te digo que finalmente lo encontré. Te admiro Lucía por haber soportado tantas cosas y seguir de pie, siendo esa mujer bondadosa y amable, pero al mismo tiempo aquella que destroza el mundo si le llegan a tocar a sus seres queridos. — Tú también has sufrido cariño, solo que de manera difere

