10 EL SECRETO

1647 Words
HARPER El sonido de mi teléfono vibrando sobre la mesita de noche sonó como un disparo en el silencio de la habitación. Eran las seis de la mañana, Liam dormía a mi lado, un brazo pesado y posesivo cruzado sobre mi cintura, manteniéndome anclada a la cama y a él, su respiración era profunda, rítmica, se veía engañosamente pacífico y por un segundo, me permití la fantasía de que éramos una pareja normal. Pero entonces el teléfono vibró de nuevo, una insistencia urgente. Me deslicé fuera del agarre de Liam con la precisión de un desactivador de bombas. Él gruñó algo en sueños y tanteó el espacio vacío en la sábana, pero logré escabullirme antes de que despertara. Agarré el teléfono y corrí al baño de mármol, cerrando la puerta con el pestillo. La pantalla iluminada mostraba un nombre que me heló la sangre: Dr. Evans Contesté con manos temblorosas. - ¿Harper? —la voz del médico sonaba grave, cansada—. Lamento la hora pero Arthur ha tenido una crisis durante la noche. Me apoyé contra el lavabo, sintiendo que las piernas me fallaban. - ¿Está...? - Está vivo, lo hemos estabilizado, pero Harper... el tiempo se acaba, ya no hablamos de meses, hablamos de semanas, quizás días si hay otra recaída, el tratamiento ha dejado de funcionar. Un sollozo se atoró en mi garganta. - Tiene que verlo —insistió el Dr. Evans—. Sé que Liam y él tienen sus diferencias, pero Arthur está pidiendo verlo, está delirando por la medicación, pero sigue llamando a su hijo. Harper, como su apoderada legal y... como su nuera, tienes que decírselo. - - Lo sé —susurré, las lágrimas quemándome los ojos—. Se lo diré hoy mismo. - Te enviaré el informe actualizado por mensajería urgente al ático, necesito tu firma para autorizar los cuidados paliativos en casa, Arthur quiere morir en su cama, no en el hospital. - Está bien, envíalo. La culpa me estaba consumiendo viva, llevaba un mes viviendo una mentira, durmiendo con Liam, dejando que me tocara y me hiciera suya, todo mientras le ocultaba que la única razón por la que fui a buscarlo a Las Vegas era porque su padre se estaba muriendo. Hoy, tenía que ser hoy. El ambiente en el ático durante el almuerzo era extrañamente distendido, los Caballeros Templarios estaban reunidos alrededor de la isla de la cocina, Jax tecleaba en su laptop, Mason devoraba una pizza entera y Cole discutía algo legal con Liam. Liam levantó la vista cuando entré, sus ojos grises me escanearon con esa intensidad habitual, pero había algo más cálido en su mirada hoy, me tendió una mano sin dejar de hablar con Cole. - Siéntate aquí —ordenó, jalando un taburete a su lado. Me senté. Su mano grande y caliente descansó en mi nuca, acariciando mi piel con una posesividad distraída que me hizo estremecer. - ¿Estás bien? —murmuró Liam, inclinándose hacia mí para que los demás no oyeran—. Te levantaste temprano. - Solo... mucho trabajo —mentí, forzando una sonrisa—. Tengo que… que hablar contigo de algo En ese momento, el timbre del ascensor privado sonó. - Debe ser mi nuevo equipo de sonido —dijo Mason, levantándose—. O más pizza, espero que sea pizza. Mason caminó hacia el vestíbulo y regresó segundos después, pero no traía pizza, traía un sobre amarillo grueso con el sello rojo de Urgente. - Es para ti, Jefa —dijo Mason, lanzando el sobre sobre la encimera de mármol. Se deslizó hasta detenerse frente a mí. Mi corazón se detuvo. Vi el remitente: Centro Médico Monte Sinaí – Departamento de Oncología. Liam, que tenía la mano en mi espalda, miró el sobre y su ceño se frunció ligeramente. - ¿Oncología? —leyó la etiqueta antes de que yo pudiera reaccionar—. ¿Harper, estás enferma? El pánico me inundó, traté de agarrar el sobre, pero Liam fue más rápido. - ¿Es por eso por lo que estás tan pálida? —su voz subió de tono, alertando a los demás, Cole y Jax dejaron de hablar—. ¿Qué te pasa? ¿Por qué te envían esto? - No es por mi, Liam. Dámelo —me puse de pie, intentando arrebatárselo, pero él se apartó, manteniéndolo fuera de mi alcance. - No te voy a dar nada hasta que me digas qué demonios es esto —Liam rasgó el sobre con un movimiento brusco. - ¡No! ¡Liam, por favor, no lo leas yo te explico! —grité, desesperada. Pero ya era tarde. Liam sacó los documentos, sus ojos escanearon la primera página rápidamente y vi cómo su expresión cambiaba. La preocupación se desvaneció, reemplazada por una confusión absoluta y luego... luego llegó el horror. - Paciente: Arthur Vance —leyó en voz alta, su voz temblando—. Diagnóstico: Glioblastoma Multiforme, estadio IV, pronóstico: Terminal. El silencio que cayó sobre la cocina fue sepulcral, Mason dejó caer su trozo de pizza, Cole se quitó las gafas. Liam se quedó inmóvil, leyendo las palabras una y otra vez, como si fueran un idioma extranjero que no pudiera comprender. Luego, levantó la vista lentamente, sus ojos grises ya no eran una tormenta, eran un abismo oscuros y vacíos. - ¿Terminal? —susurró. - Liam... —di un paso hacia él, con las manos extendidas—. Déjame explicarte... - ¿Desde cuándo? —su voz fue un látigo. - Hace... hace seis meses. - ¿Seis meses? —Liam soltó una risa incrédula, sin humor—. ¿Lo sabías hace seis meses? - Yo soy su apoderada médica. Él no quería que nadie lo supiera, no quería que las acciones cayeran, no quería que la prensa... - ¡Me importa una mierda la prensa! —rugió Liam, lanzando los papeles al aire, las hojas blancas volaron por la cocina como ceniza—. ¡Es mi padre! ¡Se está muriendo y tú lo sabías! - Él no quería que lo supieras así... quería protegerte... - ¿Protegerme? —Liam avanzó hacia mí, acorralándome contra la encimera. Su furia era tan palpable que sentí el calor irradiando de su cuerpo—. ¿Tú crees que esto es protegerme? ¡Me robaste la verdad! ¡Me robaste el tiempo! - ¡Fui a Las Vegas a buscarte! —grité, llorando—. ¡Fui para traerte a casa! Liam se detuvo en seco, la comprensión brilló en sus ojos, y fue lo más doloroso que había visto en mi vida. - Vegas... —susurró, conectando los puntos—. Cuando apareciste en los pits... cuando aceptaste ir al club... no fue por el contrato de la empresa, fue por esto. - Tenía que traerte a casa —admití, con la voz rota—. Era la única forma. - ¿Y cuando te reté? —su voz subió, cargada de una incredulidad dolorosa—. Cuando te arrastré a esa capilla y te obligué a casarte conmigo... ¿por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no me gritaste en la cara que se estaba muriendo en lugar de dejarme jugar al "dueño" contigo? - Él me lo prohibió... me hizo jurar... - ¡Al diablo con sus juramentos! —golpeó la encimera con el puño, haciendo saltar los platos—. ¡Tú sabías! Mientras yo perdía el tiempo odiándolo, mientras yo me regodeaba pensando que estaba ganando una guerra contra él... ¡tú sabías que ya estaba muerto! - Liam, por favor... - Me dejaste hacerlo, Harper —me acusó, y esta vez no había furia, sino una decepción devastadora—. Me dejaste actuar como un imbécil arrogante, me dejaste insultarlo, ignorarlo... me dejaste desperdiciar el poco tiempo que le quedaba, creyendo que tenía toda la vida para estar enojado con él. - ¡Intenté decírtelo! ¡Muchas veces! - ¡Pero no lo hiciste! —me agarró de los brazos, sacudiéndome—. ¡Me ocultaste lo único que importaba! ¡Me manipulaste! No para casarte, no... eso fue culpa mía y de mi estúpido ego pero manipulaste mi realidad, me hiciste vivir en una mentira. - ¡Lo hice para protegerte del dolor! ¡Lo hice porque tu padre me lo pidió! - ¡Me condenaste a vivir con la culpa el resto de mi vida! —me soltó con un empujón que me hizo tropezar—. ¿Crees que voy a poder perdonarme esto? ¿Crees que voy a poder perdonarte a ti? Se giró hacia sus amigos, que miraban la escena con horror. - Sáquenla de aquí —ordenó Liam, dándome la espalda. - Liam, hermano, espera... —empezó Mason. - ¡HE DICHO QUE LA SAQUEN! —el grito de Liam desgarró su garganta—. ¡No la quiero ver! ¡Fuera de mi casa! - Liam, por favor... —intenté acercarme, tocar su espalda. Él se giró con una rapidez felina y me miró con un odio tan puro que me hizo retroceder. - Te di todo, Harper, te abrí mi casa, te di mi lealtad y tú me estabas mintiendo cada vez que me besabas, sabiendo que mi padre agonizaba. Liam respiraba con dificultad, mirándome como si fuera una desconocida. - Liam... - ¡Vete! —rugió—. ¡Antes de que olvide que soy un hombre y te saque yo mismo a patadas! Cole me tomó del brazo suavemente. - Harper, vamos —murmuró Cole, su rostro serio—. Tienes que irte ahora. Miré a Liam una última vez, me di la vuelta y dejé que Cole me sacara del ático. Mientras las puertas del ascensor se cerraban, lo último que vi fue a Liam cayendo de rodillas entre los papeles, llevándose las manos a la cabeza.
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