LIAM El ático estaba en silencio, pero era el silencio que precede a una detonación. Estaba sentado en el sillón de cuero con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas mirando fijamente la puerta, Mason y Jax estaban en la barra sin atreverse a hablar, Cole revisaba documentos legales, pero sus ojos no dejaban de mirar el reloj. Habían pasado dos horas desde que Chloe se fue al hospital y fue el tiempo que mi vida pendía de un hilo. La puerta se abrió y Chloe entró, se veía agotada y tenía el maquillaje corrido y los ojos rojos, pero su postura era la de una guerrera, cerró la puerta tras de sí y se quedó allí mirándome con una mezcla de odio y compasión que me revolvió el estómago. Me puse de pie lentamente. - Dímelo —exigí, mi voz ronca—. Dímelo todo. Chloe

