Parpadeo, girando sobre mis talones, para encararla. Cuando pone a mi bebé en su lengua viperina. Me encuentro sus luceros marrones, y termino soltando la puerta de emergencia, junto a un resoplo. ─¿Qué tienes que decir sobre mi bebé? No te permito que vengas hasta mí, para intentar insultarlo, te juro que sé arrancar extensiones y contigo, no me limitaré ─le advierto, entre dientes, a la defensiva, ante la costumbre que me han proporcionado estas personas. Ella suelta una risa, alzando una ceja mientras niega la cabeza. ─No vengo a insultarlo, todo lo contrario, vengo a negociarlo ─suelta, como si eso fuera más normal y menos ofensivo. ─No negociaré con personas como tú. ─Raquel, solo dame la oportunidad de que me escuches, quizá te gustaría saberlo ─expresa, caminando hacia uno

