En ese momento, Javier corría alegremente en medio de un campo despejado. Claramente, sentía una alegría tan grande que no podía disimularla. Simplemente, tenía ganas de correr en absoluta libertad como si, al hacerlo, su alma se fortaleciera un poco más.
Luego de correr hasta cansarse, se recostó en el pasto mirando hacia el cielo. Inmediatamente se percató del intenso color azul que cubría el horizonte. Sin duda, el espectáculo era absolutamente sorprendente. A medida que el tiempo transcurría, se sentía cada vez más tranquilo. De pronto, comenzó a escuchar los propios latidos de su corazón.
A continuación, escuchó también una risa cautivadora. Aunque no sabía de dónde provenía, sintió la imperiosa necesidad de perseguir aquel sonido. En efecto, era como si su vibración lo atrajera de manera peculiar. A toda prisa, Javier se incorporó mirando en todas direcciones. Desgraciadamente, no encontró el sitio de dónde provenía.
En tal caso, comenzó a caminar siguiendo cuidadosamente aquella voz. Después de andar un poco, se dio cuenta de que debía estar cada vez más cerca. Evidentemente, al caminar, el sonido se volvía cada vez más claro. Definitivamente, le resultaba cada vez más encantador. Sencillamente, lograba transmitirle verdadera alegría.
De hecho, era una carcajada tan sonora que lograba contagiar a quien la escuchara. Un poco más tarde, descubrió con beneplácito de dónde provenía. De repente, se dio cuenta de que una niña jugaba alegremente con un gato. De tal forma que el peludo animal la observaba con gran curiosidad. Aparentemente, la niña le mostraba los alrededores pacientemente.
En cualquier caso, al acercarse a la escena, Javier se paró sobre unas hojas causando un ligero ruido, el cual llamó la atención de la niña.
Sorprendentemente, se trataba de Alicia. Tan pronto como observó su rostro, ella se puso de pie y se dirigió hacia él con rapidez. Mientras tanto, Javier la observaba embelesado. Desde luego, recordaba su inusual belleza. Sin embargo, en ese instante, se veía mucho más linda. Posteriormente, la niña se detuvo frente a él sonriendo.
—Tienes que prometerlo —le dijo susurrando en su oído. Al escuchar esa tierna voz, Javier sintió que estaba en un sueño. Entonces, volteó a verla. Por su parte, la niña sonreía como si su presencia le causara una enorme alegría.
Nuevamente, se acercó hacia él diciendo una vez más en su oído:
—Anda, tienes que prometerlo. —Como resultado, Javier volteó a verla extrañado. En definitiva, no entendía lo que estaba sucediendo. Naturalmente, se dispuso a preguntar.
—¿A qué te refieres? ¿Qué es lo que tengo que prometerte? —Entretanto, Alicia lo observaba sonriendo. —Debes prometerme que nos volveremos a ver.
Acto seguido, la niña besó ligeramente la mejilla de Javier como lo había hecho aquel día. Desafortunadamente, antes de que él pudiera reaccionar, ya se había ido.
—Te lo prometo —alcanzó a decir en un susurro. En tales circunstancias, comenzó a escuchar unas voces a lo lejos, las cuales parecían discutir animadamente.
—Seguramente pescó un resfriado. No luce nada bien.
—Por supuesto que no. Tan solo es un dormilón.
Cuándo reconoció las voces, deseó alejarse a toda costa. Lamentablemente, ya era muy tarde. Súbitamente, sintió una intensa sacudida que lo hizo volver a la realidad.
—¿Qué es lo que prometes? —preguntó su hermano Carlos al mirarlo confundido.
Una vez que abrió los ojos, lógicamente, Javier comprendió con gran desilusión que todo había sido un sueño. Por consiguiente, enterró la cara en su almohada deseando poder desaparecer.
—Te lo dije. No está enfermo. Solo quiere seguir durmiendo. Obviamente, no es más que un perezoso.
Repentinamente, los chicos comenzaron a moverlo de un lado a otro, mientras Javier se resistía a levantarse.
—Anda, ya es hora de ir al colegio. Vas a retrasarnos a todos —le dijo su hermano Ricardo, quien lo observaba con preocupación. Por fortuna, su madre entró a la habitación en ese momento.
—¿Qué sucede aquí? ¿Qué están haciendo todos en la habitación? —preguntó Laura sorprendida al ver la inusual reunión alrededor de la cama de su hijo menor.
—No pasa nada. Solo estábamos preocupados porque Javier no quería despertar. Además, estaba balbuceando cosas extrañas acerca de una promesa o una cosa así.
Al escuchar sus palabras, Javier sintió una enorme vergüenza. Por lo tanto, su rostro se ruborizó, al mismo tiempo que deseaba poder desaparecer bajo su manta.
Siendo así, su madre volteó a verlo con sorpresa. Ante tal panorama, se dispuso a besar ligeramente su mejilla.
—Déjenlo tranquilo. Vamos, salgan de aquí.
De inmediato, la habitación se quedó totalmente vacía dejando a Laura y a Javier solos. De tal forma que su madre se acercó al niño tiernamente besando de nuevo su mejilla.
—¿Está todo bien? —le preguntó con dulzura. Realmente, Javier hubiera querido contarle su sueño. Efectivamente, le habría dicho todo acerca de esa niña y de la promesa que le hizo. De cualquier forma, sabía que aquello había sido solo un sueño, lo cual lo entristecía mucho.
—Mamá, ¿una promesa que se hace en un sueño tiene algún valor?
Indudablemente, la pregunta tomó desprevenida a la mujer. Por tal motivo, volteó a verlo colocando su mano sobre su frente para asegurarse de que no tuviera fiebre.
—Puede tenerlo si tú quieres —le contestó. Enseguida acarició su cabeza de forma fraternal al decir:
—No te tardes. Debes ir a la escuela. —Luego besó su frente transmitiéndole una enorme tranquilidad.
A pesar de las palabras de su madre, Javier sabía que sería imposible cumplir una promesa como esa. Ciertamente, conocía el nombre de la niña. No obstante, no sabía nada más de ella. La verdad, nunca la había visto antes. Por consecuencia, era posible que ni siquiera vivieran en la misma ciudad. Probablemente, solo se habían topado por accidente. Solo Dios sabía si algún día se volverían encontrar.
Con esa idea en mente, el niño no pudo evitar suspirar contrariado. De cualquier manera, no había mucho que pudiera hacer para encontrarla.
Mientras tanto, Alicia se preparaba para ir al colegio. Ciertamente, era una chica bastante tímida y retraída. Lógicamente, cualquier cambio en su vida le causaba una gran ansiedad. De tal forma que, al haberse mudado a una nueva ciudad, la hacía sentir muy nerviosa, pues, en cualquier caso, siempre se le había dificultado mucho hacer nuevos amigos.
Ante tal panorama, sintió que su estómago se revolvía. Después de todo, estaba a punto de dirigirse a su nueva escuela. Definitivamente, todo aquello le resultaba muy intimidante.
Simplemente, sentía mucha inseguridad en ese momento. En tal caso, llevó su mano hacia su bolsillo. A continuación, se dispuso a sacar un objeto metálico de él. De pronto, recordó que poseía un objeto mágico, lo cual le regresó la seguridad.
Naturalmente, con ese objeto en su poder, no debía preocuparse de nada. Obviamente, si necesitaba algo, no tenía más que pedir un deseo a la moneda. Sencillamente, el objeto le daría lo que ella le pidiera tal y como lo había hecho aquella vez.
Al sentirse reconfortada, Alicia volvió a colocar la moneda en su bolsillo. Posteriormente, se dispuso a salir de su habitación. Claramente, aquel iba a ser un buen día.