El vínculo

1176 Words
Al llegar a la escuela, Javier se sintió ansioso. Lógicamente, sabía que le esperaba una larga jornada. Se dirigió al salón cabizbajo. Por fortuna, se encontró a su amigo Mario en el pasillo.  Obviamente, el niño sonrió al ver a su amigo, ya que, por lo regular, disfrutaba mucho de su compañía. Naturalmente, comenzó a charlar con él contándole todo lo que había hecho el día anterior. A juzgar por su relato, Mario la había pasado muy bien jugando fútbol con sus amigos. De pronto, la chicharra sonó indicándoles que ya era hora de entrar al salón. Tan pronto como lo hicieron, vieron a sus compañeros sentados esperando que la clase iniciara. Siendo así, los dos niños se dispusieron a tomar sus lugares. Desgraciadamente, ocupaban asientos en distintas áreas del salón, pues,.de lo contrario, se la pasarían jugando todo el día o, al menos, eso era lo que la maestra creía. Luego de acomodarse en su lugar, Javier volteó hacia la ventana distraído observando el cielo despejado. En este momento, se sintió ligeramente melancólico, debido a que recordó el sueño que había tenido esa mañana. Evidentemente, eran muchos sus deseos de volverse a encontrar con aquella niña. Por lo tanto, se sintió un poco triste. A continuación, Mónica, la niña que se encontraba sentada a su lado, lo miró sonriendo. En realidad, Javier no la consideraba exactamente una amiga, dado que nunca habían platicado durante mucho tiempo. Sin embargo, él era un niño muy educado, por lo que le devolvió la sonrisa. —Hola Javier, ¿te sientes bien hoy? Pareces un poco distraído. —En ese instante, la sonrisa desapareció de los labios del niño, puesto que volvió a recordar el motivo de su congoja. Efectivamente, ese día no se había estado sintiendo del todo bien. De hecho, de haber sido posible habría elegido quedarse en casa. No obstante, sabía que su madre nunca le permitiría hacerlo. Como resultado, Javier se limitó a sonreír al decir: —No es nada. Solo me siento un poco cansado. —Por su parte, Mónica sonrió nuevamente al decir: —Ten cuidado, no vayas a pescar un resfriado. —Claramente, la niña adoptó un comportamiento extremadamente amistoso con él, lo cual era bastante inusual. Un poco más tarde, la maestra entró al salón y la clase comenzó. Primero, les pidió sacar la tarea para comenzar a revisarla. En definitiva, el día no prometía nada espectacular. De repente, cuando Javier estaba a punto de sumergirse en las operaciones matemáticas, se escucharon golpes en la puerta. En tal caso, la maestra se puso de pie de inmediato. Entonces, otra profesora entró al salón sonriendo acompañada de una niña que se escondía tras ella. Repentinamente, la maestra comenzó a hablar: —Buenos días, chicos. Disculpen la interrupción. He venido a presentarles a una compañera que es una nueva estudiante en esta escuela.  Posteriormente, la mujer se apartó un poco dejando al descubierto la presencia de aquella niña. Enseguida la chica bajó la mirada siendo presa de una extrema timidez. Súbitamente, Javier levantó el rostro quedándose totalmente impactado. Definitivamente, ese rostro nunca se le olvidaría. De tal manera que frente a él se encontraba aquella chica con la que había hablado en el supermercado. Sencillamente, Javier estaba tan sorprendido, que se quedó sin palabras. Por supuesto, la maestra recibió calurosamente a la nueva estudiante en el salón. —Bienvenida, espero que te agrade ser parte de este salón. —A toda prisa, Alicia levantó el rostro observando temerosa a sus compañeros. Abruptamente, su mirada se encontró con unos familiares ojos, mientras una sonrisa aparecía en sus labios. Sin duda, acababa de reconocer a aquel niño. En tales circunstancias, Javier se puso de pie de forma automática. —Hola Alicia, bienvenida al salón —le dijo sonriendo. Acto seguido, la maestra volteó a verlo sorprendida.  —Me parece que ella aún no nos dice su nombre —dijo titubeante. Por consiguiente, Javier sonrió al decir: —Yo la conozco. Es amiga mía. Al escuchar sus palabras, Alicia sonrió nuevamente, al mismo tiempo que apretaba en su puño fuertemente la moneda que aquel chico le había regalado. Después de todo, una vez más, el objeto había cumplido su deseo. —Es cierto, somos amigos —dijo la niña tímidamente. Ante tal panorama, los niños de la clase comenzaron a reír de forma mordaz. Al escucharlos, la timidez de la niña volvió. En cualquier caso, decidió ignorarlos. —Pasa, por favor —dijo la maestra con gran amabilidad. —Puedes tomar asiento donde gustes.  Desafortunadamente, no había muchos asientos disponibles. De cualquier forma, Javier señaló un asiento que estaba cerca al suyo al decir: —Ven, siéntate aquí. Yo puedo ayudarte a ponerte al día —le dijo. Ciertamente, Alicia sonrió sintiéndose muy complacida. Simplemente, aquello excedió sus expectativas. A medida que el tiempo transcurría, la clase avanzaba con normalidad. De tal forma que los niños realizaban sus actividades escolares con atención.  Aunque todos estaban atentos a la explicación de la maestra, de vez en cuando, Javier volteaba a ver a su nueva amiga. Evidentemente, fue tanta la emoción que sintió al verla que no podía disimularlo. Realmente, estaba muy feliz de haberla encontrado una vez más.  Desde luego, recordó el sueño que había tenido esa mañana. Simplemente, estaba feliz, pues, después de todo, había podido mantener su promesa. De pronto, la chicharra sonó. Finalmente llegó el momento de descansar. Por consiguiente, todos los niños sonrieron con alegría. En ese momento, Javier volteó a ver a Alicia.  —Ahora llegó el momento de salir al recreo. Ven conmigo. Te enseñaré la escuela —le dijo. A continuación, el niño la tomó de la mano y se dispuso a darle un recorrido por todo el lugar. Con gran entusiasmo, le mostró todo el edificio llevándola con rapidez de un lado a otro. Por consiguiente, luego de haber recorrido el lugar en tiempo récord, Alicia se sintió muy cansada. Inmediatamente Javier la tomó de la mano y la llevó hacia una banca que estaba en el jardín. Ahí se sentaron a descansar un poco.  —¿Qué te parece la escuela? ¿Te gusta? —De repente, la niña asintió. De hecho, el lugar le había gustado mucho. Posteriormente, Mario se acercó a ellos de forma despreocupada. —Hola ¿qué hacen? —les pregunto. Entonces, Javier lo miró con alegría. —Ven a conocer a Alicia. Ella es mi amiga. Él es Mario —le dijo a la niña. En tales circunstancias, los niños comenzaron a charlar animadamente sin imaginar que, con el paso del tiempo, su amistad sería una de las más fuertes vínculos en sus vidas. Alicia era una chica tímida y retraída. Sin embargo, era leal y cariñosa con sus seres queridos. Por su parte, Javier era un niño muy travieso e inquieto. No obstante, era muy cumplido en todo lo referente a la escuela. Mientras tanto, Mario era muy analítico. De tal manera que el trío se complementaba de manera fabulosa. Juntos se apoyaban y se acompañaban en las diferentes situaciones que atravesaban.
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