Definitivamente, Alicia disfrutaba mucho estar con su padre. Obviamente, también la pasaba muy bien a lado de su madre, pero su relación con su padre era muy distinta. Ciertamente, Yolanda siempre estaba con ella cuando la necesitaba. Sin embargo, la forma como su padre hablaba con ella era bastante singular. Sencillamente, al comunicarse con él, la niña sentía que su opinión era importante. De hecho, cuando estaba a su lado, sentía como si su opinión tuviera tanto peso como la de un adulto.
Desgraciadamente, su padre era un hombre muy ocupado. Por consecuencia, no tenía mucho tiempo para estar con ella. Una mañana, Alicia le contó a Javier cómo se sentía al respecto.
—La verdad, desearía que mi padre tuviera más tiempo libre para estar conmigo. De cualquier forma, entiendo que su trabajo es muy importante. Además, gracias a eso, puede comprarnos muchas cosas que necesitamos —afirmó Alicia. No obstante, al hablar, el brillo en su mirada se apagó ligeramente como si no estuviera totalmente convencida de sus palabras. Por supuesto, Javier se percató inmediatamente de ello.
—Te entiendo, los padres tienen todo tipo de ocupaciones. Desafortunadamente, son cosas que no pueden cambiar. Supongo que es parte de crecer. Si bien Javier entendía la tristeza que Alicia experimentaba, sabía que esas cosas no podían ser distintas. Entonces, para tratar de distraerla llevó su mano a su bolsillo. En ese instante, Alicia volteó a verlo con gran curiosidad. De inmediato, dirigió su mirada hacia su mano. El niño sacó algo sorprendente.
Al cabo de un segundo, un pequeño sapo apareció en escena. En cuanto Alicia lo miró, sintió emociones encontradas en su interior. Por un lado, era un animal bastante llamativo, pero, por el otro, ella no disfrutaba de observar a los sapos, pues su apariencia babosa le desagradaba mucho. Por consiguiente, se puso de pie a toda prisa y comenzó a alejarse.
Contrariado, Javier se levantó al sentir una gran confusión. A continuación, comenzó a seguirla llevando orgulloso a aquel sapo en la mano. Por su parte, Alicia siguió retrocediendo cada vez más hasta que comenzó acuerde a correr. Enseguida Javier corrió tras ella tratando de mostrarle al animal.
—Espera, ven a conocer a Manolo. Es mi nueva mascota.
Lamentablemente, el nuevo amigo de Javier no era del agrado de Alicia. Por lo tanto, se alejó rápidamente deseando poner una mayor distancia entre ellos. Mientras tanto, Mario los observaba a lo lejos. En tales circunstancias, no pudo evitar reír. Sin lugar a dudas, la escena era bastante divertida. Ante tal panorama, el niño se acercó a sus amigos tratando de ponerlos en orden. A pesar de ello, su presencia causó un mayor descontrol.
—¡Deténganse! ¡Van a causar un accidente! —les dijo Mario con vehemencia.
—Dile que aleje a ese animal —gritaba Alicia con desesperación. Entretanto, Javier la observaba sin poder comprender.
—Pero quiero mostrarle a Manolo. Es un poco tímido, pero estoy seguro de que va a caerle muy bien.
En tal caso, la escena transcurrió durante algunos minutos hasta que una de las profesoras se acercó a detener el alboroto.
En este instante, Mario se sintió muy afortunado de contar con la amistad de los niños. A decir verdad, sabía que podía contar con ellos en cualquier situación, a pesar de las imprevistas mascotas.
Un poco más adelante, llegó una fecha muy especial en la vida de Javier. De pronto, ya era ocho de abril, el día de su cumpleaños. Naturalmente, su familia había preparado una gran celebración con todos sus amigos. Honestamente, hacer una fiesta no había sido idea de Javier. De cualquier manera, creyendo que sería lo más apropiado, su madre decidió invitar a sus amigos más cercanos de la escuela para realizar aquella celebración. En realidad, Javier hubiera preferido una celebración pequeña en compañía de Alicia y de Mario. En cualquier caso, no quería decepcionar a su madre. Por lo tanto, siguió adelante con el plan.
Evidentemente, la fiesta fue todo un éxito. Lógicamente, Laura y Miguel se encargaron de que todo saliera a la perfección, por lo cual la comida estuvo deliciosa y el espectáculo del mago fue realmente sorprendente. En definitiva, tanto Alicia como Mario fueron invitados de honor.
Mientras los niños observaban el espectáculo de magia, Alicia adoptó una actitud sumamente aburrida. Repentinamente, Mario la miró con enorme curiosidad preguntándose si acaso su amiga se sentiría indispuesta o si debía informarle a algún adulto de su extraño comportamiento. No obstante, después de observarla por un momento pareció comprender lo que sucedía.
Desde luego, debido a la gran fiesta que celebraban en su honor, Javier tenía que atender a todos sus invitados. Realmente, aquello era un poco inusual para Alicia, quien estaba acostumbrada a recibir la atención del niño casi de forma exclusiva. Siendo así, la niña estaba ligeramente malhumorada, aunque no podía comprender el motivo. Al cabo de un rato, Mario comenzó a charlar con ella.
—¡Vaya, que buen mago! Sí que es bastante bueno —le dijo sonriendo. Por el contrario, Alicia parecía aburrida.
—Todo lo ocultó bajo su manga —señaló enfadada. Después de todo, no parecía estarla pasando nada bien. Posteriormente, Mario sonrió al afirmar:
—Tienes razón. ¿cómo no me di cuenta antes?
Luego Alicia volteó a verlo.
—Perdón. No era mi intención expresarme con desagrado. Es solo que estoy un poco aburrida.
—Francamente, me parece que Javier está tan aburrido como tú.
Sorpresivamente, Alicia dirigió su mirada hacia él. Claramente, la niña creía que Javier no podía estar aburrido, ya que todos lo rodeaban y le contaban cosas de todo tipo. Sin duda, el niño sonría con alegría. Pese a su gesto, Mario lo conocía bastante bien. Por tal razón, era muy observador ante sus actitudes. Indudablemente, Javier disfrutaba mucho ser el centro de atención, pero, a medida que pasaba el tiempo, miraba a su alrededor constantemente. Efectivamente, parecía buscar algo o a alguien.
—Simplemente, creo que no la está pasando tan bien como parece —afirmó a la vez que Alicia miraba a Javier con curiosidad.
—¡Ven! ¡Vamos a jugar al jardín! —le dijo Mario, puesto que quería distraerle un poco. La niña aceptó. Posteriormente, los dos se dirigieron hacia el jardín, en dónde se dispusieron a jugar con las mascotas de su amigo.
Después de un rato, cuando la mayoría de los invitados ya se habían ido, Javier se acercó a ellos.
—Ahí están. Los he estado buscando por todas partes —señaló el niño aliviado.
—Perdón, no queríamos alejarnos de la fiesta, pero Alicia parecía un poco aburrida.
Acto seguido, la niña sonrió ligeramente en una mueca de incomodidad.
—Creo que no me gustan mucho los magos —señaló.
—Vamos, juguemos un rato fútbol —sugirió el niño. Luego de unos minutos, Mario se despidió, dado que su madre ya había ido a buscarlo. Como resultado, Alicia y Javier se sentaron un momento a descansar.
—Dime la verdad ¿por qué no te gustó el mago? —preguntó el niño al mirarla fijamente. Por lo visto, Alicia no tenía escapatoria. Por tal motivo, respiró profundamente antes de confesar:
—Sé que lo que voy a decirte es muy tonto, pero estabas tan ocupado con todos tus amigos que me sentí un poco olvidada. Obviamente, entiendo que tenías que atender a tus invitados. No sé por qué me sentí así.
Al hablar, la niña miraba hacia el piso apenada. Innegablemente, creía que no debía sentirse de esa forma.
—Definitivamente, le agradezco mucho a mi madre que haya organizado todo esto. Sin embargo, yo hubiera preferido una celebración más pequeña en compañía de ustedes dos. A fin de cuentas, nadie me entiende mejor. Así, habría podido estar más tiempo contigo —señaló.
Tan pronto como escuchó sus palabras, Alicia sintió una repentina calidez extenderse en su interior. A continuación, experimentó una gran alegría.