Después de enviar el correo a mi jefe, con cierta ansiedad y expectativa burbujeando en mi interior, emprendo una investigación acerca del procedimiento de fecundación in vitro, buscando comprender cada detalle. La pantalla de mi computadora ilumina mi rostro mientras navego por múltiples páginas médicas especializadas, absorbiendo información como una esponja sedienta de conocimiento. Leo con atención cada parte del proceso, analizando detenidamente cómo y cuánto tiempo durará el procedimiento, tomando notas en una libreta que mantengo a mi lado, subrayando palabras clave con un marcador amarillo fluorescente. Descubro, entre términos médicos y explicaciones científicas, que el proceso completo abarcará aproximadamente entre cuatro a seis semanas, dependiendo de mi respuesta a los tra

