Agnese. —Algo traman, Agnese. Lo huelo en el aire, es un aroma metálico y agrio que no me deja respirar —observé a Ágata deambular de un extremo a otro de nuestra oficina, como una leona enjaulada que presiente el peligro antes de verlo. Ha pasado una semana entera desde el evento de la mafia, y Ágata ha dedicado cada minuto a intentar descifrar qué es lo que ocultan nuestros novios. Su frustración es palpable; se manifiesta en la forma en que arroja los bocetos sobre el escritorio y en el brillo volátil de sus ojos. Nada de lo que ha investigado le ha dado respuestas, y esa falta de control la está consumiendo. Durante estos siete días, los chicos han estado... extraños, por decir lo menos. Cada vez que alguna de nosotras intenta abordar el tema o pregunta por los rusos, ellos desplieg

