AINARA Subí al coche y respiré cinco veces, no, diez…como pudo decir eso, como…empecé a llorar. Jason era un chico difícil, pero no era capaz de tanto, ¿o sí? j***r. –¡Maldita sea! –di un puñetazo al timón, este sonó y me sobresalté, puse las llaves y salí del estacionamiento, ¿A dónde voy? Jason hasta ahora no se ha dignado a llamarme, continúe manejando hasta que vi la entrada de los White, mi madre regresaba en unos días. Como las puertas estaban abiertas de par en par, entré y estacione frente a la mansión, bajé, y toque el timbre. Nuestra cocinera salió y con una amplia sonrisa me dio la bienvenida. –Señorita Ainara, un gusto volver a verla, pase pase, los gemelos están en la biblioteca– al llegar a la biblioteca caí en la cuenta que aún era muy temprano, toque la puerta y me invit

