Parte 2: Un plan macabro.

1640 Words
Prometo destruirte. Capítulo 10 (Parte2) Un plan macabro(Parte 2) ¿Hasta donde la maldad humana era capaz de llegar? Definitivamente hasta niveles inigualables. Alexander estaba cegado por el odio y el deseo de la venganza que no media la maldad de sus actos ¿Cómo puede entregar a la chica a que le hagan algo? Por que eso estaba haciendo, entregarla. No le importaba, el fin siempre justifica los medios y ella debía pagar lo que su hermano hizo. Cuando el reloj marcó las 18, todos se fueron a cambiar y para su suerte, ella se quedó unos minutos más para darse una ducha y quitarse el olor a la andina del cuerpo. No toleraba sentirse ese aroma en la piel. Además quería aprovechar el agua caliente de los vestuarios ya que en su casa tenían calefacción y se les había quemado, por lo que calentaba agua en una olla para poder bañarse. Más o menos habrá estado por el tiempo de 30 minutos. De echo sus compañeras se había ido y solo ella quedaba en el piso. Alex estaba acechandola. Quería asegurarse de que se fuera sola. Recorrió sus instalaciones, buscándola, dado que estuvo desde las 17:50 observando desde lo alto del edificio, en la ventana de su oficina, como todos salían menos ella. También podía ver como aquellos dos drogadictos estaban esperando a verla e interceptarla. Estaba todo listo, 《Donde carajos se metió esta mujer》 se preguntó tan pronto salió a buscarla. Al llegar donde los vestuarios, escucha en el silencio, el ruido de las duchas y mirando hacia ambos lado, es que se mete. Con cuidado y sin que lo vean, se asomó identificando que no había nadie más, por lo que se dirigió bravía el fondo, de donde venía el ruido de ducha y de donde se podía oír una melodía suave. Se acercó y allí pudo ver a la joven, de espaldas y desnuda. Su cuerpo reaccionó de inmediato. Sus pupilas se dilataron y la respiración se volvió agitada. ¿Qué le pasaba? 《Seguro es el estres》 piensa, pero la realidad era otra. Él llevaba un año sin tener sexo y sin tener una erección, por lo que al verla así, su cuerpo liberó alguna toxina que activó algo en su interior y que le permitió excitarse. De todos modos fue breve aquella extraña sensación, porque donde vio su erección asomarse en su pantalón de vestir, volvió a su oficina. Mientras esperaba en la ventana a ver a Sofia esperando a que se retire, se puso a tomar alcohol. 15 minutos después, la vio irse fue hacia el lado donde esperaba que lo haga y detrás, a esos dos tipos. Sofía se había demorado lo suficiente antes de salir directo a su casa. Las cosas, desde la última semana, habían mejorado bastante. Si bien le molestaba que su jefe estuviera hostigandola con detalles, no era idiota como para no darse cuenta de que estuvo fingiendo todo ese tiempo. Tras haberse bañado, y marcando las 18:50 en su celular se retiró de la empresa. Iba sumida en la música de su mp3 que siquiera notó que la seguían. Aquel día hacía calor, por lo que se había puesto un vestido verde con detalles en blanco hasta las rodillas, con un micro short debajo. Siempre estaba incomoda al pensar que el viento pudiera dejarle al aire los glúteos, por lo que así se vestía al usar vestidos. Ese día odiaría usarlos. Mientras caminaba desentiresada y cantando, siente como alguien la agarra de la espalda y la abraza. Se sobre salta y al girar su cabeza lo mira quedando horrorizada. —¿Pero qué...? —Sh... Ni se te ocurra gritar. —Advierte mientras le pone el cuchillo en la cintura. —Vení con nosotros. Las lágrimas caían de sus ojos mientras se mostraba horrorizada y aunque quería gritar, se preparaba para lo que sería inminente. Su violación. Caminó con ellos hacia aquella cortada donde muchas personas sin hogar hacían sus necesidades y tras empujar hacia un montón de bolsas de basura, uno de ellos, el más joven, que estaba muy drogado se bajó bajó el cierre del pantalón y se abalanzó para abusar de ella. Ella comenzó a gritar, pero enseguida le dieron un golpe en la boca haciendo que se calle y colocaron un cuchillo en su cuello provocando inmovilidad. —Por favor, no me hagan nada. — pidió ahogada en el llanto. Él solo sonrió y atacó su boca. Mientras uno abusaba de ella el otro esperaba impaciente a que el tipo de esa tarde apareciera pero lo que no sabían era que él ya estaba allí, solo dejaba que por un rato se diviertan. Mientras Sofía luchaba en un ataque de nervios, él le pasaba las manos por todos lados y justo en el momento en el que mete su mano entre su piernas e intenta quitarle su ropa, un grito sobresalta a los desalmados. —¿Qué está pasando ahí? El plan macabro se ponía en marcha. Alex miraba la escena mientras fumaba un cigarro en su auto. Por los movimientos, sabía que algo estaban haciéndole pero de verdad eso no le importaba. Su única meta es que ella lo vea como su salvador y sienta que le debe la vida, porque luego seria más fácil enamorarla. Al finalizar el cigarro, se acerca con el auto y tras respirar hondo, se baja de el y empieza su acting. Fingiendo desesperación se bajó y los enfrentó. Ni bien ella lo vio, empezó a gritar su nombre pidiendo su ayuda y él, como el salvador que quería que lo viera, se abalanzó a los delincuentes batiendose a golpes. Los dos, tal y como lo habían planeado, empezaron a golpearlo, pero cuando Santiago le da un golpe en el rostro, eso le enfurece y recordando la navaja que le había dado, la sacó de su bolsillo y tras aprovechar que se acercó a la joven y que solo debía lastimar su brazo, lo toma por detrás y le da tres puntadas en el tórax, en la cadera derecha en específico; toma de su bolsillo el sobre, lo ojea y ve dentro el dinero. No se lo pone a contar, pero se notaba que era una suma alta. Luego de lastimárlo, le dice a su compañero que se retiren y es así como se alejan de la escena. —¡Señor! ¡Señor! — se acerca con desesperación y cuando lo ve empapado en sangre se pone a llorar. —Dios, no. Él maldice por dentro porque eso no esperaba que suceda y ahora siente que su vida se le va de las manos. Cierra sus ojos, no los puede tener abiertos y ella lo toma de los hombros y lo coloca sobre sus rodillas. Intenta presionar la herida mientras le habla para que no cierre sus ojos y llama a la ambulancia. —¡Ayuda, por favor ayuda! -Señorita, cuál es su emergencia? —Intentaron violarlame y el hombre que me ayudo a deshacerme de ésos hombres lo lastimaron con un cuchillo en la panza... ¡Señor, por favor no cierre sus ojos! —Grita con desesperación —¡SEÑOR! ¡POR FAVOR, NO REACCIONA, NO REACCIONA! -Grita fuerte mientras llora desconsoladamente y se desespera porque ya no reacciona, sus ojos se cerraron y no responde a sus palabras. —¡POR FAVOR MANDEN UNA AMBULANCIA, NO REACCIONA, NO REACCIONA! ¡SE VA A MORIR! -Tranquila señorita, deme la dirección y enviaré un móvil de inmediato. —¡NO RESPIRA! ¡SEÑORA, NO RESPIRA! -Señorita necesito que se calme. Dígame la dirección —ella lo hace, pero alterada sigue diciendo que su jefe no reacciona y que tampoco respira, por lo que debe actuar –Señorita, debe comenzar con las maniobras de RCP. ¿Sabe hacerlas? —Si. Tome un curso hace unos meses. -Bien. Coloque a la persona en una superficie dura, levante su cuello, coloque sus manos entrelazadas sobre su pecho y empiece haciendo 5 compresiones y luego ventilación, dándole oxígeno ¿Está bien? —Si, si. -Bien. Quédate tranquila que estoy en la línea. Ya comunique al movil policial más cercano para que se apersonen en el lugar y una ambulancia está llegando. Por favor, es importante que mantenga la calma y siga con las compresiones. Mientras lloraba, Sofia intentaba no alterarse y seguir con la maniobra, pero él no reaccionaba y había mucha sangre a su alrededor. Estaba acongojada y solo deseaba acurrucarse en un rincón y llorar. Pero la vida de ese hombre dependía de ella. No podía dejarlo morir. No después de haberle salvado la de ella. De momento a otro, la policía y los paramédicos llegan al lugar y mientras ellos actúan sobre él, la policía comienza a interrogarlo, pero ella solo está preocupada por Alex y sólo desea que esté bien. —Señorita necesito saber qué sucedió. — Me quisieron violar y él, que es mi jefe me defendió y esos malditos lo lastimaron con algo. No sé si un vidrio o un cuchillo. ¡No sé! ¡NO sé!— se agarra de la cabeza y llora a mares. —Vamos a la comisaría, para hacer la denuncia. —¿Y él? ¿Qué va a pasar con él? — Pregunta angustiada —Lo van a llevar al hospital más cercano. —Yo voy con él— dice y comienza a caminar hacia la ambulancia. —¡SEÑORA!— le grita el policía, pero él medico asiente, dándole el paso a la joven a subir con su jefe. —¡La acompañaremos! — Dice el policía y tras subirse al patrullero, arranca y conduce delante de la ambulancia para abrir el tránsito. La maldad de Alex le jugó en contra, pero consiguió lo que deseaba. Que Sofi sintiera que le debe su vida.
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