Prometo destruirte.
Capítulo 10
Un plan macabro.
Para ella no era el primer beso, pero francamente ninguno se sentía como ese.
Ni bien sus labios se encontraron con los de él, pudo sentir un centenar de emociones juntas y aunque sabía que él tenía su prometida, no le importó manifestar sus emociones. Quería besarlo ¿Por qué reprimirlo? Sería una sola vez ¿qué puede salir mal?
Sofía no era la tímica estúpida que se creía la película. Ella sabía que, ante su novia, llevaba las de perder y que a lo mejor él solo sentía curiosidad, ¿calentura? Podría ser por lo que ¿qué mal hacía un beso? No pensaba tener sexo con él, tampoco hacer lo que muchas harían en su lugar, extorsionarlo por mantener ese “desliz” como el secreto bajo 7 llaves que creía que era y solo disfrutar del momento. Pero lo que él deseaba, lo que a Adrián le pasaba era algo serio y no simplemente un experimento o una calentura e incluso caridad, como lo pensaba.
Pero de momento a otro, él se aleja y poniéndose de espaldas es que pide perdón por corresponderle. Ella solo guarda silencio.
—No me gusta hacer las cosas así. Sabes que yo tengo novia. — dice y eso a ella le hace sentir celos, pero no lo demuestra, no dice nada. —No quiero que pienses que estoy con vos solo por pasar el tiempo porque no es así. Me importas y de verdad quisiera empezar algo con vos, pero antes debo arreglar mi propia situación.
Ella lo escucha, pero no dice nada. No quiere ilusionarse, solo le recuerda que cuide el tupper y tras darle las gracias se retira.
Para su suerte, o no, Alex no había visto esa situación, pero verla o no, no cambiaría el echo de que su idea fija es destruirla y eso justamente estaba ideando. Las cosas se complicaban y más porque Valentina le había dicho que Adrián no le levantaba los mensajes ni los llamados y tras lo que le había dicho, que no quería casarse, no le quedaba más que acelerar las cosas.
Sabía que su hermano tenía una reunión por lo que cuando la jornada laboral de Sofía finalice, él no iba a estar. Momento propicio para hacer lo que mas o menos tenía pensado.
Salió de su empresa, no sin antes llevarse la foto de la joven, la misma que estaba en el curriculum, hoja de vida, y tras subirse al auto, recorrió los alrededores. Hasta que a unas 2 cuadras de la oficina, encontró un grupo de jóvenes, 2 al menos, fumando marihuana y aspirando cocaína.
Decidido se bajó de su auto y se acercó. Tan pronto lo hizo, uno de ellos se acercó y sin mediar palabra sacó una faca para asaltarlo. Él solo lo miró con desprecio.
—Dame todo, hijo de puta, dame todo. — pide mientras se soba la naríz, él solo los mira con desprecio y asco.
—¿Estás sordo, imbécil? — y se acercó con una botella.
Alex, había estado haciendo boxeo amateur, luego de la muerte de su esposa por lo que no sólo no les tenía miedo, sino que no estaba bien preparado para defenderse.
De un ágil movimiento es que le arrebató el cuchillo y lo tomó del cuello para poner el cuchillo después en su lugar. Él otro tipo se asustó, pero aun así no iba abandonar a su amigo.
—Listo hermano, perdón— le dice el joven que no pasaba los 25 años y quien sentía el filo del cuchillo en su cuello. Alex no decía nada, solo lo miraba.
—Amigo, ya está.— pide otro que tampoco pasaba esa edad.
Los jóvenes estaban tan pasados de drogas, eran tan adictos a la cocaína, a la pasta base que ha habido casos en los que han lastimado a sus victimas para poder robarles y algo al respecto Alex había escuchado.
—Lo he perdido todo gracias a lacras como ustedes ¿crees que me tiembla la mano para acabar con tu mugrosa vida? — claramente era capaz de hacerlo.
—Lo sentimos amigo ¡AHHH! —Grita al sentir como la punta del cuchillo corta su carne y un hilo de sangre empieza a deslizarse de su cuello.
—Por favor, por favor. Suelte a mi amigo y haremos lo que sea. Es entonces que sonríe y lo suelta.
—Hagamos algo. Necesito que me hagan un trabajo. — ellos lo miraron muy mal y se quedaron sin poder reaccionar. Era la primera vez que les pasaba una cosa así.
—¿Y si no queremos? — desafía uno de ellos.
—Puedo encerrarte de por vida en la cárcel. Puedo hacer que desaparezcas del planeta ¿y quién te va a buscar? La vida de personas de su nivel no vale nada. ¿creen que la policía se preocuparía por un par de drogadictos criminales? Claro que no. — ellos se miraron. Tenían razón y al parecer dieron con la persona equivocada. — soy capaz de pagarle el doble de lo que me pidan si hacen algo por mí.
—Nosotros no somos asesinos. — menciona uno pero él los mira alzando una ceja, puesto que si no reaccionaba rápido, seguramente terminaría en primera plana “Importante empresario de la construcción, apareció muerto a manos de delincuentes” algo como eso se podría imaginar.
—No quiero que maten a nadie, solo quiero que me lastimen. —ellos fruncen el ceño.
—Usted está loco. — menciona uno, el que estaba con la botella.
—Quiero que asalten a esta chica. — les entrega la fotografía y tan pronto la ven, hacen un gesto lascivo y simulan limpiarse la saliba de la boca.
—Que rica. Para divertirnos. — menciona uno.
—No me importa lo que intenten hacer, si lo que harán tan pronto llegue.
— ¿Qué es lo que desea hacer exactamente? — pregunta aaquel al que lo tenía acorralado con el cuchillo en el cuello.
— A las 18 es su horario de salida. Quizá se retire 18: 20. Deseo que la sigan. Ella se va hacia el lado donde esta el callejón, ese del restaurante que cerró, donde no hay cámaras. Quiero que la intercepten y la lleven allí. No me importa lo que le hagan. Sólo que tan pronto aparezca, con esto — les entrega una navaja limpia y esterilizada. — quiero que me den un puntazo en el hombro y tendrán la suma que deseen.
Era un negocio redondo, pero ¿cómo confiar? Uno de ellos le pidió una prueba de lealtad por lo que de su bolsillo sacó su billetera y a cada uno les regaló un billete de mil pesos. Y amenazó.
—¿Qué pasa si no queremos ser parte de su plan?
—Seré franco. Ustedes pueden no aceptar, pero encontraré a otro y les echaré la culpa. ¿ven este botón? — le muestra el primero de su saco — es una cámara y se me va hacer fácil hacer circular sus imágenes, pagarle a testigos falsos, sobornar a policías y todo para hacer que la pasen muy mal. Miren, es sencillo, solo deben asustarla y a mí darme un puntazo. Solo eso.
— Está bien. Pero queremos 10000 pesos. Cada uno.
— Te doy 20000 por cada uno. Cuando esté listo el trabajo.
— ¿cómo sabemos que no nos va a cagar?
— Sencillo. Llevaré la plata dentro de un sobre marrón en el bolsillo de este saco. Tras herirme solo tienen que meter la mano, fijarse que esté allí y eso es todo.
Ellos se miraron y tras analizarlo brevemente, terminó por aceptar.
—De acuerdo.
—Perfecto. — mira su reloj y les dice — recuerden, una vez que tengan el dinero, desaparezca.
Y así se fue. Estaba dispuesto a hacer que se arrodille a sus pies sin importar que esos hombres, hicieran con ella cualquier monstruosidad.
El nivel de maldad de ese hombre era macabro.