Los sentimientos de Adrián.

1610 Words
Prometo destruirte. Capítulo 9 Los sentimientos de Adrián. Valentina había conseguido pasaje de regreso a Buenos Aires recién para dentro de dos días, pero Alex no podía esperar tanto, debía acelerar las cosas si deseaba quedarse con Sofía y ejecutar el plan. Cuando esa mañana llegó a su oficina, pasó por el bufete y compró una gaseosa y un bombon. Debía comenzar con su estrategia y cuanto antes si quería que todo salga cómo lo tenía planeado. Sabía que a esa hora ella se encontraba limpiando las escaleras de los últimos dos pisos, por lo que subió por ellas para encontrarla de frente. Y eso fue lo que sucedió. Tan pronto ella lo ve venir, se apresura por secar el suelo y se queda a un lado para dejarlo pasar, pero al llegar hasta ella se detiene. —¿Necesita algo, señor? — Pregunta mirándolo a los ojos y lo ve sacar algo de su espalda. —Ten, toma. Ella lo mira confundida al entregarle la gaseosa y el chocolate y aunque se niega a aceptar, él toma su mano y coloca las cosas en ella. —Déjame compensarte por todo el maltrato de mi parte. Sé que lo que he hecho contigo fue una canallada, pero de verdad me arrepiento. Como te dije, no soy un monstruo y no quiero que me temas. Ella solo podía oír, sin entender nada. Deseaba tanto que se aleje, no era grato tenerlo cerca y aunque intentaba disimularlo, lo hacía notar bien. —Le agradezco señor, pero no quiero. — Y siguió trabajando. Él se mordió los labios, pero para no gritarle unas cuantas cosas humillantes. —Sofía...— volvió a acercarse y le tocó el hombro, actitud que hizo que ella se alejara como si se tratara de un insecto o algo asqueroso con lo que no quería lidiar. —Le voy agradecer que no me toque. — pide seria. No lo quería cerca y si le contestaba era porque no quería ser mal educada ni darle motivos para que la despida. Su actitud lo hacía sentir ira, pero respiraba hondo para que el odio no lo domine y tome justicia por su propia mano y acabe con la vida de la joven. —Cómo quieras.— Menciona frío, sin ser capaz de seguir fingiendo que le aborrece su presencia y ante la mirada confusa de ella es que se fue directo hacia su oficina. Sofía no era ninguna estúpida, no confiaba en los tipos como Alex, tampoco era de perdonar tan fácil por lo que no dejaría que la tratase como basura para luego hacer de cuentas que no pasó nada. Ella no olvidaba que la hizo arrodillarse a sus pies, tampoco que la menosprecio más de una vez. Ni siquiera se olvidaba cuando por su culpa, casi pierde la vida ¿Y cuando le provocó el golpe en la cabeza y la dejó sola a sabiendas que no se sentía bien? Él se había ganado a pulso el rechazo por lo que ahora ¿qué pretendía? ¿Qué le regalara una sonrisa así cómo si nada? No, estaba muy equivocado. Ni bien entró a su oficina, se dirigió a su vitrina y se sirvió una medida de wiski y así, sin ponerle hielo siquiera, hizo fondo blanco y luego se sentó en su sillón a pensar. Las cosas no estaban saliendo como pretendía y debía pensar rápido si no quería que su hermano termine por echar tierra a su venganza. Por otro lado, Adrián se encontraba con mucho trabajo por lo que apenas si había tenido tiempo de saludar a Sofi. El día anterior había recibido la llamada de su novia y le había dicho algo que lo dejó inquieto. Le había informado que regresaría a Buenos Aires y que tenía intenciones de recuperar el tiempo perdido que tenían entre los dos. Que todo ese tiempo lejos suyo le hizo pensar y reflexionar sobre lo que quería para su vida al lado suyo y exactamente eso deseaba. Formalizar, casarse y tener hijos. Tal y cómo él anhelaba, pero ahora todo era diferente y no sabía por qué. De repente aquel deseo de formar una familia con Valentina ya no era tal e incluso ya casi ni la nombraba, ni tampoco la pensaba. De echo tenía en su cabeza a Sofía y cada vez que en sus sueños se veía en uno de los momentos más felices de su vida, ya no era el rostro de su novia el que aparecía, ahora era el de ella. Él había sido franco con ella cuando hablaron y es que se sinceró al decirle que no estaba seguro de querer casarse, porque eso es dar un paso importante en sus vidas y aunque por mucho tiempo quiso darlo con ella, ahora no estaba seguro. Todavía le llegaban los mensajes de esa acalorada conversación. Y es que desde hace dos horas que finalizando la comunicación no había dejado de mandarle mensajes. Valen 11:00 a.m. Perdóname por todas las veces que te he dicho que no. Pero deseo ser tu esposa, deseo que tengamos nuestros hijos. Por favor, no me dejes. Valen 11:05 a.m. ¿Por qué no me respondes? ¿Te enojaste porque te grite? Sabes que suelo ser muy temperamental. Por favor, no te enojes y respóndeme. Valen 11:15 a.m. No me dejes por favor. ¿Hay otra mujer? No mates nuestra historia de amor. Conejito, llevamos 5 años ¿enserio queres tirar todo por la borda? Valen 11:50 a.m. No puedo concentrarme porque no me respondes. No quiero hacer las fotos si no me respondes mi amor. Ese era el mensaje numero 13 desde que habían cortado la comunicación luego de discutir a los gritos. Y es que ella no era estúpida para no darse cuenta que él la estaba terminando y ella no se iba a quedar de brazos cruzados viendo como su vida se cae a pedazos. Para evitar seguir escuchando el ruido de su celular, ver en su pantalla otro mensaje de ella, es que puso en spam su número por lo que cada que quiera llamar o mande mensaje, no lo vería. —Dios, ¿Qué me pasa? — se pregunta a sí mismo una vez que termina de configurar el celular, pero luego levanta la vista y se recarga en su asiento llevando el celular a la boca y pensando en cómo había cambiado su vida de momento a otro con la llegada de Sofía a su vida repentinamente. De momento a otro, dos golpes en la puerta lo sobresaltan y creyendo que se trata de Alex, ya que habían quedado en almorzar juntos es que le gritó que entrara, pero quién lo hizo fue ella, la dueña de sus sueños. —¿Sofi? — una sonrisa se le dibujo en el rostro y ella hizo lo mismo. Una sonrisa tímida. —Pasá por favor— se pone de pie y le ofrece sentarse. —Gracias, pero sólo vine un ratito a darle algo. —A “darte” algo. Podes hablarme de “vos” sin problemas. ¿cuántas veces te lo dije? — le recuerda sonriendo y se sienta cerca suyo. Ella sonríe sin mirarlo mientras sostiene en sus manos un tupper con las torta fritas que su mamá le había prometido hacerle a él la ultima vez que estuvo en su casa tomando mate. —¿Qué es eso?— preguntó él ante su silencio y una sensación de vergüenza. —¿Eso es para mí? Sofía no era de avergonzarse por nada, pero llegar con torta fritas para un hombre con el dinero suficiente para comprarse las mejores exquisiteces del país y allí estaba ella, con un tupper y algo que su madre preparó con un kg de harina de oferta del chino, levadura y agua. —Mi mamá te envía esto. — y lo deja sobre su escritorio. Adrián sonríe y lo agarra y notando la incomodidad de la joven es que lo abre, saca una y la parte por la mitad para llevarse a la boca y entregarle la otra a ella, lo que hace que lo mire y con lentitud la tome. —¡Qué delicia! —Exclama haciendo gestos exagerados con su rostro, lo que provoca que se tiente y rompa en carcajadas. Mientras ella ríe ante las caras raras que él le hace, para que esa actitud se prolongue él se detiene y se queda viéndola cómo aquel que observa admirado cada detalle de una obra de arte. Cuando ella se da cuenta de cómo la mira se queda en silencio y él, sintiendo el deseo a flor de piel, acerca su mano para acomodar los mechones de cabello detrás de su oreja y al hacerlo se acerca lo suficiente como para incomodarla aun más. De todos modos, ella no es capaz de alejarse. Tras dejar el último mechón en su lugar, acaricia su mejilla haciendo que cierre sus ojos ante aquel dulce contacto y entre abra sus labios y como si fuera una invitación, él se acerca un poco más y piensa en lo que está por hacer. Él empieza a sentir cómo su corazón late cada vez más rápido y cómo no es capaz de controlar lo que le sucede por dentro. Sus manos le sudan, su respiración se entrecorta y la necesidad de besarla aumentaba a un nivel incontable. —Qué bonita sos — susurra cerca de su boca y ella abre sus ojos y no dice nada, solo deja que las cosas fluyan. —Quisiera besarte, pero siento que… Y no lo dejó terminar, porque en ese momento ella acortó la distancia y lo besó.
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