Prometo destruirte.
Capítulo 8
Traicionando la sangre.
Había estado intentando toda la mañana que aceptara cenar con él. Sin embargo, ella siempre se negaba.
Alex no podía permitir que la muerte de su hijo y su esposa terminen siendo en vano, por lo que insistiría lo que fuera necesario.
Cuando el reloj marcó las 12, apagó su computadora, tomó las llaves de su auto y salió de su oficina, no sin antes cruzarse con Sofía y de lejos observarla.
Estaba pasandole el trapo mojado a todo el piso, pese a que él le había prohibido estar en esa zona cuando estuviera, ella estaba ahí.
Desde que Adrián había tomado posición en la empresa y le diera la orden de estar en cada rincón que se le plazca con libertad, se sentía cómoda, ella no iba a abusar de esa confianza que tenían, pero él poder trabajar tranquila sin que tuviera miedo de que su jefe aparezca y la vuelva a maltratar era algo que le agradecía.
Por unos momentos se quedó mirándola y la forma en la que cantaba y bailaba mientras trabajaba le hacía sentir demasiada ira. Tal es la bronca que apretó con fuerza las llaves de su auto que podía sentir como laceraba su piel.
Desde que supo quién era en realidad, no dejaba de soñar con su venganza y en más de una vez, cuando se levantaba sobresaltado, lo hacía con el deseo a flor de piel.
Ya no soñaba con su amada Mariana. Ni se imaginaba a su pequeño bebé. Ahora solo podía tener en su cabeza a esa maldita mujer y con ella el deseo de acabar con todo lo que ama. Incluso con su vida.
Parpadeó un par de veces cuando ella se giró y sus ojos se encontraron. De inmediato fingió alegría en verla e hizo un gesto que en otro momento ella le hubiera avergonzado. Sin embargo, la confundió.
Él le regaló, con mucho esfuerzo, una leve sonrisa y luego bajó su mirada para seguir hasta el ascensor y desaparecer.
—¡Maldita sea!— exclama y aprieta con fuerza sus puños.
Tan pronto salió del edificio y se subió a su auto, estuvo por varios minutos tratando de calmar su ira. Iría a ver a su esposa al cementerio y no quería llegar en ese estado.
Cuando levanto la mirada al espejo retrovisor, vio la foto de su amada y no pudo evitar acongojarse.
Las lágrimas comenzaron a salir y un segundo más tarde, se desmoronó.
Cuando Adrián abrió la puerta de su oficina, no pudo evitar sonreír al ver a Sofia usando el palo del secador como micrófono de pie y cantando a todo pulmón una canción de Romeo Santos y tratando de bailar bachata. Aunque francamente no lo hacía para nada bien.
Cuando se giró sobre sus pies y lo encontró apoyado en el marco de la puerta y observándola mientras sonríe.
La vergüenza la envolvió y como si no se sintiera más incomoda por la situación, tuvo tanta mala suerte que patinó con el trapo de piso y terminó de cola en el suelo.
—¡Sofía! — Gritó preocupado y se apresuró por ayudarla a ponerse de pie.
Sin que pudiera ser capaz de notar la humedad en el suelo, corrió hasta llegar a ella y también patinó, quedando tirado en el suelo, y con el valde de agua con la andina todo esparcido entre sus ropas.
—¡Adrian! Lo siento, lo siento.
Sofi quiso levantarse, pero al estar el suelo mojado, patinaba y a él le pasaba lo mismo. Aunque una parte suya, lo hacía a propósito. No quería que ella se sintiera incomoda ante la situación y por eso "se sumó " al desastre.
—Lo siento mucho. —Dijo conteniendo la risa.
—El que debería disculparse soy yo. Mira cómo te deje el piso. Lo lamento mucho. —Dice él apenado.
De repente se quedaron en silencio, con la mirada puesta en el rostro del otro.
A Sofía le pasaban cosas con él, aunque trataba de ocultarlas. Adrián era muy atento con ella y cada día llamaba a su madre para saber cómo estaba y ofrecerse a ayudarlas en lo que necesitaran. según su hermana, él estaba enamorado de ella o si no lo estaba, estaba en proceso y francamente no se equivocaba.
A él le pasaban cosas cada vez que la veía. El corazón se le hinchaba de alegría, tal y cómo en ese momento. Las manos le sudaban y la boca se le secaba. Cosas que no recordaba cómo se sentían, porque hace tiempo las dejó de vivenciar con su novia Valentina.
De momento a otro, él logra levantarse y extiende su mano para que ella la tome y al hacerlo las distancias se acortan y quedan cara a cara.
Él mira recorre su rostro con lentitud. Va de sus ojos a su boca y así un par de veces. Ella hace lo mismo.
—Tu mirada…
—¿Qué pasa con mis ojos? —Dijo con rapidez sin soltar su mano.
—Son los más bonitos que nunca he visto.
Nunca le habían dicho algo tan lindo por lo que esbozó una sonrisa.
A Sofía le gustaba mucho, pero también sabía que, ante su novia, ella no valía nada, pro eso no se podía involucrar.
De momento a otro, quiso liberarse, pero no la dejó y en su lugar, llevó su mano derecha a su mejilla y en ese contacto íntimo cerró sus ojos y recargó su rostro en él.
—Sofía. —Susurra y se acerca un poco más. —Sofía— repite al notar que mantenía sus ojos cerrados, pero ante el segundo llamado los abrió. —Me gustas mucho.
La dejó sin palabras ¿cómo podía decirle eso? ¿cómo podía decirle que le gusta si tenía novia?
Se sintió ofendida e incluso se convenció de que solo estaba jugando con ella, por lo que se puso seria y le exigió que la suelte. Pero algo lo unía a ella y le era difícil acatar su pedido.
—Perdóname, pero no puedo hacerlo. Yo sé que podrás creer que estoy jugando contigo, pero no es así. Me pasan cosas que hace mucho no las sentía y me siento con muchas ganas de hacer algo desde el primer día en que te vi, pero no quiero que me dejes de hablar por ello.
A cada palabra que decía, la iba acercando más a su cuerpo y con ello el deseo de besarse se hacía cada vez más fuerte.
Sofi se desesperaba por corresponder su gesto, pero no podía. Él tenía novia y no se sentía a su nivel. Además, lo que menos quería es perder su trabajo y aunque su jefe actuaba extraño, eso podría cambiar de un momento a otro.
—Entonces suéltame. Yo no pertenezco a tu mundo y ya tienes tu vida armada con una mujer que de seguro te quiere. No podemos ser nada, porque hay una realidad…
—¿Otra vez vas a empezar con que no perteneces a mi mundo? ¿Qué no le llegas a los talones a las mujeres que me rodean? La vida no es solo dinero y sí, lo necesitamos para vivir, pero no para ser feliz. A mí me gustas mucho y no me importa si no quieres que lo sienta. En mi corazón no mandas. Sé que Valentina es un asunto que debo resolver, pero si me das la oportunidad…
—No. —Dice con determinación y pone sus manos en su pecho para empujarlo. —Seamos amigos. No quiero que arruinemos esta linda amistad que ha nacido. Yo nunca perteneceré a tu mundo y no es simplemente por eso. Jamás encajaría en el tuyo tampoco y menos permitiría que otra mujer sufra por mi culpa.
Adrián estaba admirado por su forma de ser y deseaba tanto que Valentina hubiera tenido, aunque sea un cuarto de esa personalidad tan hermosa como tiene Sofía, pero no. Su novia no era más que una mujer superficial a la que solo le importa su belleza y el dinero.
—Está bien. No quiero que por mi impulsividad termines por alejarte de mí.
Se inclina a tomar el secador, estruja el trapo de piso, aunque ella le pide que no lo haga y la ayuda a secar el piso a lo que no podía hacerla sentir más que incómoda. Cuando al fin terminó, le ofreció permitirle retirarse a su casa, pero ella se negó y en su lugar, le iba a pedir a alguna de sus compañeras que le presten un uniforme seco y continuaría con su jornada laboral, aunque en ese momento tenía el momento del descanso.
—Gracias, pero o te hubieras molestado.
—¿Sabes? Espero poder ser correspondido algún día. Estoy seguro que podría hacerte feliz.
Ella solo se quedó en silencio y él ya no dijo más nada, solo puso en sus manos el secador y le dejó un beso en la mejilla justo antes de regresar a su oficina y tomar las llaves de su auto puesto a que en esas condiciones no podía seguir trabajando.
Ni bien él desapareció del pasillo, ella se quedó pensando en lo que había ocurrido sin imaginar que Alex había visto la escena y que eso, sería el motivo para poner en marcha aquello que no quería hacer y eso es meterse en la relación de su hermano con su novia, porque él no perdería la oportunidad de vengarse de Sofia.
Alex había olvidado su billetera en la oficina y regresaba para eso cuando vio la situación de su hermano con la joven por lo que se quedó de pie atento a cada detalle que sucedía entre los dos.
Se gustaban, eso pudo notar a simple vista.
Cómo Adrián la miraba y cómo se manifestaba en todos los sentidos, realmente estaba interesado en ella y lo peor de todo es que ella también lo estaba y conociendo a su hermano menor, sabía que, ante la mínima posibilidad, que era más que obvia, de que ella quisiera estar con él, pondría fin a su relación con Valentina y eso no debía suceder.
Él creía que lo que a Sofía le sucedía no era más que porque su hermano la ha salvado en varias ocasiones y a lo mejor jugar ese papel le ayudaría a enamorarla, pero ¿cómo lo haría? Si de quién Adrián vivía defendiéndola era de él ¿Cómo podría tener su atención?
Por el momento no lo sabía, pero lo que se le ocurriría sería demasiado cruel.
Tomó el teléfono y marcó.
“Hola” se oyó una voz femenina al otro la línea.
-Tenes que volver a Argentina- dice sin tantas vueltas. Estaba decidido a alejar a su hermano de su víctima.
“Alex, decíle a tu Adrián que esta grandecito para esconderse detrás de su hermano mayor.” Se queja molesta. Su novio no es de dejar que se metan en su relación, por lo que le resultó extraño que él la llamara.
-¿Te interesa mi hermano?-
“Qué pregunta es esa. Yo lo amo” dice con seguridad.
-Entonces regresa de inmediato y cásate de una buena vez si no quieres que otra te lo quite- dice así sin más.
“De qué estás hablando. ¡¿Quién me quiere sacar a mi conejito?!” si había algo que siempre le había causado risa a él era ese apodo con lo que lo llamaba, pero ahora su ira, su alma podrida no le permite poder bromear al respecto.
-Los dos sabemos que a vos lo único que te importa de mi familia es el apellido- dice con seguridad y ella enseguida se pone como loca negándolo.
-Mira, poco me importa tus argumentos, solo que Adrián se está acercando de más a una de mis empleadas y parece que están interesados el uno por el otro y eso no puede pasar- asegura con odio y ella no es tan estúpida como para no darse cuenta que algo sentimental, de su parte estaba sucediendo.
“Lo que quiere tu hermano es que me case con él y yo… ” la interrumpió.
-No me interesa lo que vos quieras. Solo ten en cuenta lo que te digo. Sigue en esa posición y te va a terminar dejando por una muerta de hambre que vive entre el barro y la basura.
“¡¿QUÉ?! ¡YO LA MATO! ¡LOS MATO!” comenzó a gritar desquiciada.
-¡CIERRA LA BOCA Y ESCÚCHAME! No seas estúpida Valentina. Todo esto pasa porque cada vez que te pide que te cases con él pones por encima de lo que sienten lo material. Haz lo que te digo.
“¿Por qué te interesa tanto que me case? ¿Estas enamorado vos de esa mujer?”
A Valentina le re resultaba extraño que se comportara de esa manera y más cuando.
1) No era de menospreciar a la gente por el lugar de donde venían.
2) No se metía en la vida de ninguno de sus hermanos.
Debía buscar la manera de alejarlos de una buena vez, no podía permitir que sucediera algo entre él y ella. Claro que no.
-Piensa muy bien que decisión vas a escoger, pero si no tomas una buena decisión en este momento, terminarás asistiendo a una boda, pero no como novia. –
“No eso no puede pasar. Mi conejito no me puede dejar.” Dice horrorizada.
-Entonces haz lo que Tenes que hacer y no le cuentes a mí hermano que fui yo quien te llamó. Porque si no, te puedo asegurar de que serás la última vez que hables con él.- y tras esa amenaza, le colgó.
Ella se quedó pensando en lo que le dijo ¿será posible que Adrián estuviera interesado en otra mujer cuando estuvo mucho tiempo suplicándole por casarse? Y además ¿desde cuando se comportaba tan despectivo su cuñado? Si bien ella nunca estuvo estrechamente relacionada con sus cuñados, Alex y su esposa, sabía que la personalidad que le mostró no era la habitual, y entendía que la muerte de su esposa podría haberlo cambiado de manera radical. Aunque francamente poco le importaba a ella.
Estaba decidida a regresar y recuperar a su novio porque no dejaría que nadie, siquiera una mujer como Sofía le saque lo que le corresponde a ella.