“Prometo destruirte”

2142 Words
Prometo destruirte. Capítulo 7 “Prometo destruirte” Una semana había pasado del día en el que Alex descubrió que Sofía es la hermana del asesino de su hijo y pasó por todos los estados. Los dos primeros días estuvo releyendo la investigación y le había pedido a su investigador que recolectara toda la información posible de la joven y luego de 4 días ya lo tenía en su poder. Lo primero que pensó, fue en echarla e incluso comprar el terreno de la casa que estaban alquilando y del que debían varios meses, dejarlas en la calle porque ¿qué sería peor que dejarlas en la calle y sin dinero? Que termina por comprender que nada, incluso esa maldad que pensó hacer, serviría para destruirles la vida porque Adrián saldría corriendo ayudarlos. De repente se había vuelto su protector y parecía estar muy interesado en ella, puesto que si quiera a Valentina, que es su novia, la defendió jamás de esa manera. Además, nació en esa villa y seguramente habría personas que enseguida le ayuden, le consigan otro trabajo y así saliera adelante. Eso es lo que no quería. Para Alex nada de lo que tenía en mente le era suficiente. Deseaba hacer de la vida de la joven un martirio, que pagara en carne propia todo el sufrimiento por el que pasó su esposa hasta la decisión de quitarse la vida. Que fuera ella quien por culpa de su maldita y sucia sangre, se arrepintiera de respirar a cada segundo de su existencia y eso solo podría lograrlo si volvía de ella, un alma en pena. Si la arrastrara a un sufrimiento extremo que hiciera que hasta estar vivo le doliera las entrañas. Encerrarla en la miseria humana, sin poder tener cerca a las personas que ella ame; tal y como su hermano hizo con él. Sabía que tras haberse ido de su oficina ella había perdido el conocimiento y cayó desmayada para luego ser encontrada por Adrián y todo lo que devino después. Lo sabía porque su hermano se había encargado de gritarle todas sus verdades y aunque estaba en conocimiento que fue un maldito tirano al dejarla sola, en otro momento, si no supiera quien es Sofía Flores, se hubiera arrepentido. Pero ese no era el caso; por tanto no se arrepentía e incluso hubiera deseado que se muriera sola. El odio de Alexander realmente profundo y sus deseos de pagar con ella su desdicha era su único propósito en la vida de ahora en adelante. Había estado pensando y analizando cómo llevar a cabo una venganza magistral y ya tenía escrito en su libreta, en cuatro simples palabras que resumen muy bien su desprecio todo lo que quería hacer con ella. Destruir toda su vida. — ¡TE QUIERO MUERTA EN VIDA SOFÍA FLORES!— escribe en el papel para luego subrayarla con dos lineas que rompen la hija. — Voy hacer que dejes en mis manos tu vida y cuando este seguro que no hay nada que haga que te aleje de mí, te hundiré hasta que el dolor y la desdicha te consuman en vida y ahí estaré yo, mirándote, gozando de tu sufrimiento sin nadie que este ahí para ayudarte. Haré que hasta tu familia te desprecien y juro que pedirás por piedad de rodillas; e incluso suplicaras por tu muerte. Porque por la vida de mi hijo y mi mujer, que yo Alexander Salvatierra prometo destruirte. Lo tenía decidido. Haría y caería en lo más básico pero efectivo; enamorarla. La enamoraría con detalles románticos, le haría creer que es la mujer de su vida, que quiere tener una familia con ella. Se casaría y una vez que los papeles tengan su firma, comienza el infierno para esa chica. Cuando llegó el Lunes de la próxima semana se encontró con varios cambios en su empresa y uno de ellos fue el que su hermano se había instalado en el edificio. — ¿Qué haces en mi empresa?— pregunta serio. — Nuestra empresa, querrás decir. Mira, seré franco. En el tiempo en el que me quede en Buenos Aires, trabajaré desde aquí. — Pero no sabes nada de Administración de empresas y mucho menos eres arquitecto. — Y qué. Sabes que por mi trabajo necesito un lugar donde poder hacer los informes del banco y mi departamento está en reparación. Adrián, desde hace seis meses, se desempeñaba como economista financiero y su basta experiencia aunque corta edad, le había echo conseguir el puesto de gerente en un banco con lo cual, además de recolectar éxitos, también la envidia de su colegas. Con solo 21 años había terminado la carrera y mientras trabaja realizaba la licenciatura, por lo que dos años más tarde y con los mejores promedios es que se recibió. Muchos lo envidiaban, pero así otros tanto lo amaban, y es que él tenía unos modos para tratar a la gente y sus compañeros que era imposible no quererlo. No importa cuanto dinero tenga, él siempre trató a los empleados del banco de la misma manera porque todos tienen el mismo derecho a recibir respeto y él se los daba por igual. — Adrián, trabajas en la otra punta del país— se queja, pero él solo se encoge de hombros. Poco le importa lo que diga. — A ver si te queda claro. Tengo todo el derecho a disponer de los espacios de esta empresa porque te recuerdo que también lleva mi apellido. Además, me parece que necesitas recordar cómo es que se tratan a las personas porque lo que le hiciste a Sofía es algo que no voy a volver a permitir. ¿Quién te crees que eres? ¿la tratas así por ser pobre? ¿tengo que recordarte que nuestra madre lo era antes de conocer a papá? Pero aun así se amaron con la vida y se casaron dos veces. — ¡¡¡LO SÉ!!!— lo sorprende y lo deja sin palabras — Lo sé Adrián ¿crees que no me doy cuenta que soy una basura con las personas y no solo con ella? Se que no es justificación mi desgracia pero no estás en mi piel como para saber todo por lo que estuve que pasar y por lo que aun sigo pasando. Su hermano lo miró extrañado, puesto que tenía en frente al mismo Alex que conocía y extrañaba y ¿cómo dudar de él? No podía estar fingiendo, claro que no. Emocionado es que lo abraza y aunque sabía cuán importante era para su hermano escuchar esas palabras, no se le ablandó el corazón. Tenía bien en claro lo que quería hacer y como evidentemente él muestra interés por la chica, a quién debía ganarse primero es a su hermano ya que a sabiendas que es uno de los que más ama en el mundo, no le rompería el corazón. Menos cuando se entere que tiene intenciones de volver a reconstruir su vida con otra mujer. —Estoy orgulloso de tí ¿sabes?— lo sujeta de los hombros y con orgullo lo mira a los ojos—Sé que Mariana está feliz, donde quiera que esté, por el esfuerzo que estás haciendo. Esfuerzo sobre humano es el que estaba haciendo en ese momento para sonreír y fingir sobre sus verdaderas intenciones. Mientras solo sonreía mirándolo, en medio del pasillo, es que grita llamando un nombre que tenía presente muy bien, pero no estaba preparado para verla. No ahora. —Nos vemos después, hermano. —Le debes unas disculpas— le recuerda y asiente, para zafarse e irse no sin antes advertir que luego se lo daría. —¿Cómo estás?— pregunta Adrián tan pronto Sofía llega frente a él. —Bien. Te agradezco mucho todo lo que hiciste por mí en esta semana. Solo te pido que no le digas a tu hermano que me diste los días ya que como sabrás no estoy en condiciones de que me haga otra quita de mi sueldo. —Tranquila. Hable con él recién y me dijo que luego hablaría contigo para disculparse por todo lo que te dijo. Eso la sorprendía. Le resultaba extraño e incluso hasta desconfiaba que hiciera eso y si lo hacía de seguro no era más que por no empeorar la relación entre él y su hermano. Después de todo, ella es solo una extraña, un cero a la izquierda. Aquel día del incidente en el que terminó con algunos puntos en su frente, él se había ofrecido a llevarla a su casa y aunque se negó, no le quedó más remedio que aceptar. A Sofía le avergonzaba que viera cómo vive, puesto que incluso la calle era de barro y él con su traje de etiqueta, podrían hasta robarlo. Pero no le importaba e iría a dejarla a su casa. Verlo charlar y compartir mates con su madre y hermana le hizo sentir incómoda; y es que él no pertenecía a ese mundo y aunque se enojó pensando que él solo estaba allí por lástima, Adrián le dejó en claro que le caía muy bien, que para nada sentía lástima por ella ni por nadie. Que todos merecen una oportunidad y que de no haber sido porque su madre conoció a su padre, de seguro hubieran nacido en la pobreza extrema, porque su ella vivió su niñez en un lugar como ese. una villa. Confianzuda, ella lo creyó y tras una sonrisa afianzaron un vínculo en el que si bien cierta atracción se tenían, él tenía novia y tuvo que sincerarse con Sofía al respecto y ella…, bueno ella no se sentía una mujer interesante como para estar con un hombre como él. Durante el viaje en su auto le contó por encima la vida de su hermano, aunque no ahondó en los detalles. Solo dijo que perdió a su hijo en un asalto y a su mujer un año más tarde. En ella cierta compasión había por Alex y estaba dispuesta a llevar las cosas bien si él comenzaba a tratarla del mismo modo. Aunque nunca se imaginaría que esa actitud la llevaría al infierno. —Bueno, comenzaré a trabajar— dice ella para empezar a trapear el piso cuando, varios minutos más tarde y cuando no había más que el secretario de su jefe, la puerta de la oficina de él se abre y la llama.—Dígame señor— le habla con miedo y Alex, con total frialdad le pide que cierre la puerta tras de sí. —Me gustaría invitarla a cenar en compensación de cómo la he tratado estos días. —No hace falta. Ella no deseaba entablar ningún tipo de relación estrecha con él. Tampoco quería ser amiga y se conformaba con una simple disculpas. Lo único que le faltaba es generar comentarios. —Si hace falta. Me he comportado como un canalla contigo y no quiero que tengas esa imagen de mí. No soy un monstruo, solo que he pasado por cosas en mi vida que han forjado mi forma de ser, pero no soy así. Solo Dios sabía cuánto le costaba fingir ser una buena persona con ella cuando solo deseaba hundirla en la miseria humana. —De verdad, señor Salvatierra, no hace falta y necesito volver a trabajar. Ella se da la vuelta para irse, pero él se apresura a alcanzarla y al hacerlo Sofía se aleja con miedo lo cual no le gustó en absoluto a él porque si su intención era enamorarla para destruirla luego, si le teme no podría lograr su cometido. Debía, aunque le cueste, cambiar su forma de tratarla y por eso no deja de insistir. —No quiero que me temas— se acerca para tocar la cicatriz en su frente y ella lo frunce el ceño desconfiada. —De verdad lamento esto. —Esta bien— dijo marcando distancia y él sonríe. —Entonces ¿Aceptas venir a cenar conmigo? —Le agradezco señor, pero no va a ser posible. Yo sé que no le importa, pero mi madre está enferma y necesito regresar a tiempo para cuidarla. No puedo de verdad. No le insiste y en su lugar, le ofrece algo que no espera. —Esta bien, pero quiero que sepas que lamento mucho lo cretino que fui contigo y que tengo intenciones de enmendar mi error. Además, quiero que sepas que lo que necesites no dudes en pedirlo, incluso un adelanto de sueldo. —Gracias, señor. —Dime Alex— le pide con una sonrisa, pero a ella le cuesta creer en su repentina bondad. —Señor Balmaceda está bien para mí. Vuelvo a trabajar. Buenos días señor— y se marcha dejándolo en su despacho y justo al cerrar la puerta susurra: —Tendré tu vida en mis manos y una vez que lo logre, la destruiré por completo.
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