En manos del enemigo.

1813 Words
Prometo destruirte. Capítulo 6. En manos del enemigo. Luego de haber recibido la llamada, salió de su oficina como alma que lleva el diablo, pasando por al lado de Sofía quien estaba apoyada en el escritorio de la secretaria que estaba fuera porque comenzaba a doleele la cabeza. Al fin, después de dos años iba a tener en sus manos la posibilidad de hacer justicia por su hijo y su mujer fallecida y juraba hacerle desear no haber nacido nunca. Haría que se arrepienta de haber decidido entrar a ese supermercado y hacer lo que hizo. 24 meses sin pasar un solo día detrás de la policía que siempre tenía una escusa diferente para justificar su mal accionar, porque ¿Cómo se explica que en tanto tiempo la causa no haya avanzado? Comenzaba a tener peso lo que creía; que la policía está wn connivencia con los ladrones y que ellos los están ocultando. Esto tenía algo de verdad, porque el día que Tincho y su compañero entraron a robar a ese supermercado fueron porque el policía que lo custodiaba le sabían pasado el dato que tenía la recaudación del mes. Sin embargo, en ningún momento les dijo que lastimen a civiles, por lo que cuando en las noticias se supo de la muerte del hijo de Alex y Mariana y tras hablar con el joven y saber que tenia intenciones de entregarse, no le quedó más que asesinarlo y empapelarlo vinculando el echo con algún ajuste narco. —Dígame dónde está ese mal nacido— pide tan pronto ingresa a su oficina golpeando su escritorio. —Aquí tiene todo el trabajo, pero lamento decirle que Martín Flores fue asesinado al poco tiempo del incidente de su hijo. El rostro de Alex se enfureció al mismo tiempo que se sorprendió y de un modo violento le arrebató la carpeta de las manos y al abrirla lo primero que encontró fue una fotografía del joven boca arriba, con la remera ensangrentada identificando al menos 3 impacto de bala en el pecho y quizá, otros en el tórax. Enfurecido rompe todo lo que tiene el hombre sobre la mesa, incluyendo su computadora y aunque el hombre de seguridad ingresó queriendo detener los destrozos, el detective le hizo señas para que no interfieran. Él tiempo en el que lo conocía ya había tenido arranques de furia como este y siempre un cheque con el doble del monto por los destrozos que ocasionaba, por lo que no se hizo problema por ello. Cuando se calmó, le entregó un cheque firmado, pero en blanco, tomó la carpeta con el informe y se retiró directo a su casa. Al llegar, subió a toda prisa hacia la habitación más alta de la casa, allí donde él había decidido reducir su miserable vida y arrojó la carpeta contra la pared, haciendo que esta se abra y todos los papeles que había dentro se esparcieron por toda la habitación y sin detenerse a ver nada, comenzó a desarmar la cama, romper a golpes el ropero antiguo herencia de sus abuelos fallecidos. Una, dos, tres, diez golpes con tanto odio que mas dolor no era capaz de sentir. La sangre se escurría entre sus dedos, manchando la madera. Se detuvo unos segundos para verla y ver en ese líquido rojo, el mismo que adornó la cabeza de Mariana aquella fatídica mañana cuando decidió quitarse la vida. —¡¡¡NO!!! ¡¡¡MALDITA SEA!!! ¡¡¡MESES PENSANDO EN COMO TE HARÍA PAGAR Y ESTAS MUERTO!!! ¡¡¡POR QUÉ!!! ¡¡¡POR QUÉ TANTO CASTIGO!!!! Cuando al fin se calmó dio una mirada a su alrededor observando el desastre y luego se puso a recoger todas las hojas y allí, en el suelo comenzó a leerlas una a una. Descubrió que era el mayor de tres hermanos y que vivía en un asentamiento de lo más marginal y que tenía una madre enferma. Tenia la dirección de su casa e incluso fotografías de la familia, por lo que al ver una en la que él rostro de una de las mujeres le pareció conocido, tuvo que ponerse de pie y levantar las persianas. —No— dijo tan solo reconocer a Sofia en las fotos. Desesperado se puso a buscar información sobre la familia del delincuente y entonces sus sospechas se hicieron realidad. Sofía era hermana del asesino. Mientras tanto, en la empresa Adrián acababa de llegar cuando encuentra a la joven desmayada en medio del pasillo, por lo que se apresura a llegar a ella e intentar hacerla reaccionar, al mismo tiempo que llega el secretario que al verla no lo dudó y llamó a la ambulancia. Al cabo de 10 minutos los paramédicos estaban atendiéndola. —Debemos trasladarla— dice uno y pide la camilla, una vez que la acomodan comienza la marcha pero la enfermera que los acompañaba se detuvo para hablarle, confundiéndolo con la pareja de la joven —Señor, puede acompañar a su novia no hay problema. Iba a decirle que se había equivocado, pero, consideró más importante apresurarse en llegar al hospital para saber sí tenía o no alguna lesión interna, por lo que sin decir nada se fue con ella. Durante el traslado estuvo sosteniendo su mano mientras acariciaba su frente. Tenía una extraña conexión con ella que le hacía tener que protegerla. Mirándola, pudo notar aquellos pequeños lunares al rededor de sus mejillas, y esa mancha de nacimiento en su cuello en forma de corazón, lo que parecía ser de frutilla. Mientras recorría su rostro ella comienza a reaccionar y enseguida les avisa a los paramédicos. —¡Se está despertando! ¡Se está despertando! Una de las médicas presentes se acerca a ella y con una linterna mira sus ojos, luego toma su pulso y le hace una serie de preguntas, las que responde bien. —¿Recuerdas que te pasó? Confundida mira hacia ambos lados y cuando sus ojos se encuentran con los de Adrián le pregunta qué había pasado, porque estaba allí. —No lo sé. Llegué a la oficina y te encontré inconsciente y con esa herida en la frente ¿Qué te pasó? ¿Qué hacías en ese piso y tan temprano? Ella piensa y piensa, pero no recuerda. Es decir, sabe que trabaja ahí, pero sus recuerdos están confusos. Cree tener algunas imágenes hablando con su jefe en la oficina. Inclusos que le ha dicho que él y el señor Salvatierra son hermanos y es cuando lo mira con el ceño fruncido y sin saber por qué, le reprocha. —¿Por qué no me había dicho que usted es el hermano del señor Balmaceda? — se sentía molesta y creía que solo estaba burlándose, tal y como Alex hacía con ella. —No lo sé. Simplemente no quise hacerlo. Pero no hablemos de eso, quiero saber una sola cosa ¿Fue mi hermano el que te hizo eso? — no responde, pero logra recordar una discusión, haberle tirado el café sobre unos papeles, intentar huir y que la empuja, después todo está en blanco— no sé, no lo sé. Solo sé que si tolero todo esto es por necesidad. Tengo a mi madre enferma, pero créame que estoy harta, sobrepasada con esta situación ¿quién se cree que es para menospreciarme de ese modo? Se rompe en llantos y él no sabe qué hacer porque desea abrazarla, pero no quiere ponerla más nerviosa todavía. La escuchaba y sentía como la bronca surgía en la boca del estómago, sus ojos negros cargados de furia, sus manos en un puño ante lo que le contaba ¿en qué momento su hermano se había convertido en un monstruo como para humillar a una persona para mantener su trabajo? —Quiero que me deje en paz. Señor, yo soy humilde, a mí no me sobra el dinero como a ustedes. Hay noches que no tenemos ni para comer, me cuesta conseguir el dinero para comprar los remedios que a mi mamá no le cubre su obra social. Trabajo de lo que sea para que mi hermanita pueda terminar la secundaria, porque quienes nos ayudaba, mi hermano mayor fue asesinado y si, quizá no viva entre lujos, pero estoy orgullosa de dónde vengo y jamás, escúcheme bien, jamás me creería más que nadie. Todos somos iguales y nos morimos en las mismas condiciones: solos. Lo dejó sin palabras. Sofía había tenido que crecer tan de golpe que muchas cosas que hacía, tuvo que dejarlas en un segundo plano para hacerse cargo de una hermana menor y una madre enferma. Llevaba una semana trabajando para la empresa Balmaceda y desde entonces Alex había encontrado la oportunidad justa para menospreciarla y humillarla, pero aquel golpe, aquel abandono había sido la gota que reventó la copa por lo que hasta ahí llegaba. —Estoy harta. Prefiero seguir haciendo malabares en las paradas de los semáforos, juntar botellas, diarios, latas; lo que sea con tal de no seguir aguantando todo eso. Ya no más. Luego de escucharla, tomó una decisión. Por un lado, no permitirle que renuncie, dado que le veía claras intenciones de hacer. Segundo, reclamaría su lugar en la empresa, después de todo él era un Balmaceda. Al finalizar de exponer sus sentimientos, él intenta tomar su mano, pero no se lo permite, por lo que de igual modo, le iría a decir lo que pensaba del asunto y haría al respecto. —No voy a justificar lo que hizo mi hermano, pero yo no soy así y no lo comparto. Créeme, jamás avalaría un comportamiento tan humillante y hostil como ese y no porque me caigas bien, sino porque no admito un trato como ese dentro de nuestra empresa. Mis padres no nos han criado para violentar los derechos de ninguna persona, sin importar que no sean de nuestra clases social o que no tengan la misma cantidad de dinero que nosotros. Si hay algo que aprendí de ellos es que se vale por lo que es y no por lo que se tiene. —Pero su hermano parece que no lo aprendió muy bien— responde ofendida y sin mirarlo. —Mi hermano ha pasado por mucho en la vida. Ver morir a su hijo y suicidarse a su esposa no es nada fácil. Escuchar aquello hizo que algo en ella se ablandara. Comprendía que el dolor pudiera transformar a las personas, pero de todos modos no justificaba su accionar, después de todo no podes culpar a los demás de tus desgracias. Claro que no podía, pero sin embargo para Alexander, quien lo había perdido todo, inclusive el placer de poder acabar con la vida de quien desgracio la suya, con sus propias manos. Adrián no lo sabía, pero reteniendo a Sofía en la empresa, la condenaba a vivir un infierno en manos de su enemigo.
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