Prometo destruirte.
Capítulo 5
¿Momento de debilidad?
El despertador sonó a las 4 de la madrugada, horario en el que Alex se levantó, se preparó un jugo de frutas que dejó en la heladera para enfriar y salió a correr.
Sentir el aire tibio golpear su rostro era reconfortante. Hacía mucho que no salia a correr incluso si quiera hacía ejercicio físico, sino que se sobrecargaba de trabajo para no tener que estar pensando todo el tiempo en su ex mujer, aunque cuando lo hacía, no eran los recuerdos lindos que llegaban a su mente, sino lo sucedido ese fatídico día y la sed de venganza que crecía un poco más a cada segundo.
Había pasado toda la noche pensando en lo que su hermano le había dicho y el rostro de Sofía al ser rescatada por Adrián, no dejaba de aparecerse en su cabeza para atormentarlo.
Por un lado, sabía que no era vida estar pensando en venganza como único propósito de vida y por el otro esa joven no tenía la culpa de su desgracia ¿qué hubiera pasado si caía al vacío? No es que su vida no valga, lo sabe, toda vida vale, menos la suya.
Luego de estar ejercitándose hasta las 5:30 de la mañana, regreso a la casa para bañarse y alistarse y siendo las 6:30 ya estaba bajando de su auto para ingresar a su empresa pero en la puerta se lleva una gran sorpresa. Había una persona sentada y durmiendo.
— Retírese de mi propiedad— ordena serio y despectivo golpeando con su pie el de la persona, sin imaginar que se trataba de Sofía.
— Lo siento yo… — levantó la vista y lo vio, por lo quede inmediato se puso de pie y como si se tratara de un soldado que saluda a su superior, se puso en posición militar y lo saludo — Buenas tardes, jefe, bienvenido a su empresa.
Ella lo hizo más en gracia, para burlarse de él y éste, lejos de hacerlo, se ríe y niega con la cabeza, pero tan pronto se da cuenta de ello, vuelve a su postura seria y distante, para comenzar a interrogarla sobre por qué estaba a esa hora en el trabajo cuando su horario era el de las 8 de la mañana.
— ¿Qué hace aquí? Su horario no empieza sino hasta dentro de hora y media.
— Lo sé, señor. Pero por temas particulares es que llegué antes.— el asiente y se gira para seguir camino hacia el interior, cuando luego de dar tres pasos se detiene y sin saber por qué o de donde es que cierta sensación de compasión y lástima hacia ella lo hizo detenerse y voltearse.
— ¿Tomás café?— ella, quien se había vuelto a sentar, puesto no quería provocar ningún tipo de discusión con él, es que se puso de pie de nuevo y contestó:
— Si ¿por qué?
— Ven conmigo.
Sofía se quedó inmóvil en ese lugar ¿qué le pasaba a ese tipo? Primero la trataba mal, humillándola. Luego la hace arrodillarse para pedir perdón y para concluir, casi hace que se mate ¿por qué ahora de pronto quería invitarla a desayunar? ¡ESPEREN! ¿La estaba invitando a desayunar?
Duda si avanzar o no, pero cuando Alex se da cuenta de que no se ha movido detiene su marcha y ordena:
— ¿Pretendes que te traiga aquí el desayuno? Muévete.
—No, no. perdón ya voy— murmura ella y camina.
Cuando llegó donde él, casi cuando este estuvo frente a la puerta principal, la abrió y ella creyendo que iba a darle el paso es que avanzó, sin percatarse que él también lo hizo y el cuerpo de ambos terminaron chocando.
— ¡Por dios! ¡¿No puede esperar su turno para pasar?!— más que una pregunta era un reto y su respuesta lo único que hizo fue echarle más leña al fuego.
— Perdón, pero creí que sería caballero en dejarme pasar— se disculpa, pero se queja y él endurece su expresión.
— No me interesa ser caballero, así que déjeme pasar.
No espero a que se hiciera a un lado, puesto que enseguida pasó y Sofi, poniendo sus ojos en blanco es que pasó.
Se apresuró por llegar hasta él y no quedar afuera cuando ingresó al ascensor.
Durante todo el trayecto se mantuvo en un rincón mientras guardaba los auriculares de su teléfono y ponía en vibración su teléfono. Sacaba de su bolso un neceser con pastillas y se tomaba un ibuprofeno y es que esa mañana se habían levantado sin agua en la casa y cómo no salea ningún lado sin bañarse, tuvo que hacerlo con agua casi helada y ahora tenia un intenso dolor de cabeza.
Él la observó de reojo, pero no dijo nada. Cuando al fin llegaron al piso de destino, bajó él primero y fue entonces que le dio una ficha para el café expreso y que luego de servirse y servirle uno a él, se lo llevase a la oficina porque además, necesitaba hablar con ella y aprovecharía que solo eran ellos dos en el edificio, en específico, en ese piso. Alex continuó hasta su despacho y ella fue a por los cafés, dos minutos más tarde estaba golpeando la puerta con su pie y desde el otro lado de la puerta le permitió el paso.
— Siéntate— dice y toma en sus manos e café sin molestarse en agradecerle. Ella se molesta, pero ¿qué decirle? Él es el jefe.
— Gracias por el café— sube la mirada para observarla y completamente sin manifestar expresión alguna, dijo algo que a ella le provocó la reacción espejo a su imagen.
— No des gracias. Se descontará de su paga.
— Bueno— no le quedó más que asumir que ese tipo no cambiaría nunca, por lo que escucharía lo que deseaba decirle y comenzaría con su jornada laboral. — ¿qué desea decirme, señor?
— Iré directo al grano. No quiero que te vincules con el señor Adrián…
Ella frunce el ceño y no comprende a qué viene ese planteo y por un momento piensa que a lo mejor eso era un planteo por celos, pero enseguida borra esas ideas absurdas, aunque con lo que le dijo, no sabe qué era peor.
— Adrián es mi hermano, por ende dueño de la empresa y además, esta comprometido por lo que no le generas muy buena imagen si lo ven contigo. Quiero que te quede en claro que si sigues aquí es porque fui compasivo contigo, pero no me olvido que me has humillado delante del resto de mis empleados por lo que ese es un asunto que entre tu y yo sigue molestando. Mantente del lado que te corresponde y no pienses que porque ha salvado tu vida pueda tener otro tipo de intenciones, porque no tienes ni el estilo ni el target como para permitirte si quiera levantarle la mirada auqnue te salude.
¿Por qué debía aguantar tantas humillaciones? Claro que necesitaba el trabajo, pero eso no le daba el derecho a tratarla tan mal y menospreciarla. El echo de tener todo aquello con lo que alguna vez podría soñar no le daba la justificación para rebajarla.
Una lágrima se desliza por su mejilla y él, por un segundo, se pierde en sus ojos, los que ahora estaban rojos y llenos de agua producto de todo lo que de él estaba escuchando.
— Por cierto, trata de llegar al horario en el que comienza tu jornada laboral, a lo sumo media hora antes ya que de hacer lo que hoy, das un aspecto realmente desagradable a mi empresa y… — Está bien que necesite el dinero ¿pero cuánto tiempo más la trataría así? Su madre le enseña todos los días a ser humilde y a defender sus derechos, por lo que por más necesitada que estaba, por más que su relación sea la de jefe y empleada, el echo de que esté por encima suyo no lo hace mejor persona e incluso ella sin un peso partido al medio lo era. Pero hasta aquí.
— Usted no tiene derecho a tratarme así.
— ¿Perdón?
— Qué y pensé que iba a disculparse por hacer que casi me mate en la terraza.
— Ese no es su lugar de trabajo. Si hubiera estado haciendo lo que le corresponde, eso no hubiera pasado— dice minimizando el incidente.
— Pero se trata de ser más humano— intenta, en vano, hacerlo razonar.
— ¿Esta enseñándome algún tipo de lección de como debo actuar ante la irresponsabilidad de mis empleados? Esto es sencillo, señorita Flores, si usted hubiera estado realizando su trabajo, no le hubiera sucedido nada. No me culpe a mí de sus propias acciones. Ahora pro favor, retírese que debo trabajar.
Pero no se movió de allí. Quería y merecía un trato digno porque al final de cuentas era tan ser humano como ella, por ende, tenía que tratarla bien.
Aunque sabía que estaba ahí, Alex no levantó la mirada del computador que ya se había iniciado, pero al cabo de unos dos minutos en un sepulcro silencio, él lo rompe para insistir en que se retire de la oficina, pero ella no lo hace.
— No volveré a repetirlo.
— Discúlpese— dijo con voz en orden y cruzándose de brazos.
— ¿Qué dices?
Alex destacaba la valentía de retarlo de esa chica, de caminar siempre por el filo, pero debía hacerle entender que ahí, el que manda es él y que no dejaría que se le olvide que podía dejarla de patas en la calle en un abrir y cerrar de ojos y valiéndose de su puesto en la empresa es que le informó dos cosas.
— Vemos que todavía cree estar en la escuela que se hace la rebelde. Te comunicaré dos cosas. Una, tienes la quita de un 5% del sueldo— escucharlo hizo que le salga lo fiera salvaje y defensora de sus derechos y de un grito y un golpe en su escritorio se defendió.
— ¡NO VOY A PERMITIR QUE ABUSE DE SU PODER! ¡NO PUEDE QUITARME PARTE DE MI SUELDO POR PEDIRLE QUE SE DISCULPE!
— ¡¡¡SUFICIENTE!!! ¡USTED NO VA A VENIR A MÍ EMPRESA, A MÍ OFICINA A CREER QUE ES ALGUIEN COMO PARA DECIDIR LO QUE DEBO O NO HACER CON MIS EMPLEADOS!
—¡A MÍ ME VA A RESPETAR!
Estaba tan furiosa que fueron cinco segundos en los que se le olvidó donde estaba y que hacer lo que a continuación, le provocaría un despido inminente pero no lo pensó, no lo procesó y ejecutó, con tanta mala suerte, que hizo un movimiento con sus manos y tiró su café sobre unos papeles haciendo que un silencio los envuelva y el no saber qué hacer la vuelva a incomodar.
—¡¡¡QUÉ HICISTE!!! ¡¡¡ESTUVE SEMANAS HACIENDO ESTE PLANO Y VOS… VOS… LO ARRUINASTE!!!
Su grito le heló la sangre y aunque se merecía algún castigo, la ira en sus ojos le daba miedo, por lo que el instinto le gritó que corra de ese lugar, por lo que cuando iba a salir de la oficina, él corrió hasta alcanzarla tomándola por la cintura y casi sin ser consciente de su actitud violenta y desmedida, le tira hacia el lado contrario de la puerta haciendo que caiga al suelo golpeando su frente con el filo de un fichero y pierda el conocimiento.
Alex quedó inmóvil al verla con los ojos cerrados y tendida en el suelo, con sus cabellos en el rostro y un pequeño hilo de sangre brotando de la frente.
—¿Sofía? ¿Sofía?— se acerca a ella luego del shock que le dio al verla tendida en el suelo y sin moverse, y con cuidado comenzó a revisarla para poder ver si se había lastimado en otro lugar. Vuelve a intentar despertarla pero es en vano, por lo que la deja en el suelo de nuevo y va en busca de un poco de alcohol en un algodón y se lo acerca a la nariz y por suerte reacciona.
—Ay…, ay...— se queja del dolor y la ayuda a levantarse.
—Siéntate— la lleva al sillón y una vez que la deja sentada va a buscar algo de agua y acercar el botiquín de primeros auxilios para curar la herida. —Toma— le entrega el vaso y acomoda sobre una silla algo de gasa, algodón, cinta y desinfectante.
—Está loco— le dice y quiere volver a levantarse pero se marea y cae, por lo que le llama la atención.
—Si te caes, voy a dejarte e irme— frunce el ceño y hace lo que le pide y no porque lo pide sino porque en verdad siente que todo le da vueltas. — tómate el día— dice mientras pone un poco de iodo en el algodón y se acerca para desinfectar la herida, pero ella se hace hacia atrás.
—5% de quita me es suficiente. No quiero perder el presentismo ni el día de trabajo— la mira, quiere decir algo pero calla.
—Es un derecho que tienes— menciona pero ella suelta una risita y mira hacia un costado, como cuando uno da por entendido que lo sabe, pero las acciones muestran otra cosa, gesto que ha llamando su atención porque al hacer eso, le recordó a una persona, a su mujer fallecida y no pudo evitar sonreír y casi inconscientemente acercarse lo suficiente como para incomodarla y que no le quede espacio para irse más atrás puesto que al estar en el sillón, estaba completamente apoyada en el respaldo.
—Si intenta hacer algo indebido, juro que le bajaré todos los dientes. Lo único que le falta. Abuso s****l— entonces reaccionó.
Alex se puso de pie y le arrojó el algodón con el líquido desinfectante que atajó con sus manos y con total frialdad ordenó:
—Cúrate tu misma, pero fuera de mí oficina— y justo cuando algo le va a decir, el teléfono le suena y al ver de quién se trata, se vuelve a poner su mascara de hombre frío, despiadado e insensible tomando del brazo a la chica y sacándola de su oficina para atender ese llamado.
-Si.
“He encontrado información sobre el asesino de su hijo, señor Balmaceda.”
A partir de ese momento, comienza el infierno de Sofía y Alex no será ajeno a el.