Prometo destruirte.
Capítulo 11
Entre sus brazos.
Ni bien llegó a su casa, él le preparo el baño con agua caliente y mientras Sofi se relajaba en la bañera, él cocinaba algo rápido para que pueda comer. Pizzas.
Mientras que estaba lavando sus partes, ella no podía dejar de pensar en las que tuvo que pasar y en cómo todavía tiene esa sensación de que unas majos la tocan por todas partes. Incluso que llegan a penetrarla. Nunca se sintió tan sucia y aunque se restregaba la piel con la esponja del lado más áspero llegando a dejarse machotes rojos, no dejaba de sentirse sucia y con asco.
Tras una hora en el baño apareció en la sala con una remera y un pantalón que es de su hermana, como suele quedarse a dormir en su departamento y tiene una habitación para ella cuando está en el pais, es que hay ropas femeninas en su casa.
Eso mismo le explicó y bueno, ¿Por qué no creerle?
—No tengo hambre.— dice tan solo al ver que sacaba una pizza de jamón jamón queso del horno.
—Tenes que comer.
—No me obligues, por favor. —él suspira y la deja dentro del horno para luego tomar su mano y preguntarle preguntarle quiere hacer, ella solo lo abraza.
—¿Querés que veamos una película?—Pero niega pegada a su pecho y él acaricia el largo de sus cabellos.
—Quiero que esta pesadilla se termine.
Él la aleja de su cuerpo para tomarle el rostro y acariciarla mientras solo la observa en detalle.
—¿Qué me pasa contigo?— Murmura pegando su frente a la suya y cerrando los ojos. —Cambiaste mi mundo en un segundo.— le cuenta y ella se deja llevar.
Se pone en puntas de pie y besa sus labios. Se había vuelto adicta a esos besos sin siquiera darse cuenta de ello.
Él la sujeta de la cintura y abre su boca para darle paso a su lengua.
Mientras la besaba le acariciaba la espalda con cuidado. Deseaba hacerle el amor, pero tras vivir una situación tan traumatizante como lo fue un intento de violación, no quería que se sintiera forzada a hacer nada.
—Suficiente. — se despega de sus labios y ella se queda viéndolo.
—Perdón. —Se disculpa apenada.
—No, perdóname vos a mi. Siento que si continuo no podre parar.
Entonces no hacen más. Solo ella pregunta donde es que puede dormir, puesto que estaba cansada y deseaba cerrar sus ojos para terminar con esa pesadilla.
—Vení conmigo.
De la mano la llevó hacía la habitación de su hermana donde se aseguró de que estuviera cómoda.
Abrió la colcha, la hizo acostarse y luego la cubrió, para besar su frente y desearle dulces sueños.
—Gracias por todo. —él le sonríe y sale de la habitación.
Cierra sus ojos y cae en un sueño profundo.
Todo a su alrededor está oscuro, intenta gritar pero la voz no le sale.
Una sanos le cubren el rostro y otras se meten entre su piernas.
Las lágrimas no dejan de empapar sus mejillas. Esa persona no detiene su toque y cada vez es más fuerte.
De pronto aparece él, quien observa la escena sonriendo mientras fuma un puro y toma whisky.
De momento a otro se ve encerrada en lo alto de un edificio.
Los truenos retumban dentro de esas cuatro paredes en las que se ve encadenada a una cama. Y con sus manos llenas de sangre.
Grita, pide socorro pero no hay nadie quien pueda oírla y las sábanas se tornan rojas en un santiamén .
Mira sus piernas y ve sangre a saliendo de su cuerpo a mansalva. La sensación de vacío consumiéndo su alma..
De pronto escucha una voz que grita su nombre.
—¡Sofia! ¡Sofía!
Por más que mire a su alrededor, no logra hallar a nadie.
—¡Sofia! ¡Sofía!
Gira sobre su mismo eje una y otra vez, hasta caer al suelo y golpear su cabeza.
—Sofia, ¿Estás bien? —Tuvo una pesadilla.
Asustada empezó a dar manotazos hasta que pudo reaccionar y darse cuenta de que estaba a salvo.
—¿Donde estoy?— Sé cubrió con la colcha y empezó a mirar a su alrededor, asustada.
—En mi casa. Vinimos del hospital. Sufriste una situación delicada y mi hermano te salvó. —En ese momento su cabeza le hizo un clic y enseguida recordó todo.
—¡El señor Balmaceda! —Recuerda y se angustia, pero Adrián la abraza calmando su pena.
—Él está bien y todo gracias a ti.
Por un tiempo se mantuvieron así de juntos, hasta que él quiso irse por dos motivos.
1) Tenía que descansar.
2) Si se quedaba no se iba a poder resistir de hacerle el amor.
—No me dejes sola, por favor. —Súplica aferrada a su cuerpo.
—Si me quedo, no podré aguantarme.— Confiesa cerca de la puerta, entonces ella va tras él y le toma la mano para besárla.
—No me dejes sola. No esta noche. —La abraza por con una sola mano y le besa la cabeza, en lo que ella Pasa sus manos por debajo de su remera disfrutando el tacto de su piel desnuda.
Cuando él se da cuenta que su toque indica que quiere más contacto, él la detiene y ella se queda mirando.
—No quiero ser insensible y que pienses que me aprovecho de tu situación, pero... —No le dejó terminar, simplemente se soltó y tomó su rostro para besárlo y luego pedirle que no se detenga, que la lleve hasta donde sus besos le indiquen.
Entonces se soltó.
Sus manos buscaron el final de su remera y ella entendió sus manos en lo alto para que deslizará la remera por su cabeza, dejando al descubierto su torso desnúdo.
La miró un momento y acarició seno, cuyo pezones no tardaron en endurecerse.
—Sos muy hermosa. — Mencionó para luego quitarse su propia remera y abrazarla. Necesitaba ese contacto piel con piel.
Aquella sensación del contacto sin ropa era tan necesaria que no lo sabían sino hasta ese momento.
Con cuidado camino con ella hasta la cama, donde se inclinó para dejarle un camino de besos húmedos que iban desde su cuello hasta su abdomen. Ella cerraba sus ojos y entre abría su boca dejando escapar gemídos de placer.
Al llegar al borde de su short, le dedica una mirada cargada de necesidad y morbo y tras ver que se muerde el labio inferior casi sin darse cuenta, decide sacarle la prenda, dejándola completamente desnúda.
Ella se recuesta en la cama y espera que haga lo mismo; lo hace.
Se sube sobre su cuerpo y mientras besa sus labios, con sus manos recorte su deseada desnudez.
No quería lastimárla, deseaba hacerlo con cuidado y sobre todo con amor.
Ella lleva sus manos a su espalda y mientras él le besa el cuello, lo acaricia y de vez en cuando clava sus uñas. Se queja de dolor.
—Perdón. —Se disculpa en consecuencia.
—No te preocupes. Continua tocándome así, que me parece un sueño todo esto.
—¿No estamos haciendo mal?—Pregunta ella mientras besa su cuello y acaricia sus senos con delicadeza.
Él la mira a los ojos.
—¿Por qué decis eso?
—Tu hermano en coma, tu novia.— musitó por lo bajo.
—Yo me separe ¿Sabes por qué?
—¿Por mi?
— Por mi y mis sentimientos. —Sé arrodilla entre sus piernas y luego busca en el cajón de junto un preservativo. —Las cosas con mi ex novia no estaban bien.
—¿Por mi culpa? —Observa como termina de colocarse el condón y vuelve a ubicarse entre sus piernas.
—No. Vos llegaste después— palpa su humedad en tanto ella encorva el torso, cierra sus ojos y deja escapar un jadeo. —¿Sos virgen?
—No. Pero de todas maneras no me lo hagas fuerte. Tuve una sola experiencia. Soy inexperta — sonrió tímidamente.
—Claro. — poco a poco va ingresando en su hendidura y ella lo recibe con gemídos. —Por vos me pasan muchas cosas. No me preguntes cómo, simplemente siento que al verte iluminas mi día. No sé si estaremos en una relación que perdure. Pero mis intenciones son poder comenzar algo. . . —Cierra los ojos al sentir como sus paredes aprietan su m*****o.
—Te siento. —Soltó en un hilo de voz. —Te siento dentro de mí. — concluye tan pronto él la penetró hasta el fondo.
Sofia lo envolvió con sus piernas y se abrazó a su espalda mientras él se daba unos segundos para sentir, con sus ojos cerrados, el calor envolverlo.
—Se siente bien.— deposita un suave beso en sus labios. —Me gusta estar dentro de ti.— acaricia su rostro y empieza a moverse.
En ese instante las palabras sobraron.
Mientras él la penetraba, ella se aferraba con fuerza a su cuerpo.
¿Hace cuanto nos e sentía tan plena?
Adrián significaba más que el hombre que le salvó la vida.
Durante todos esas semanas estaba obviando el echo de que tenía novia, aunque por dentro ha querido que ese momento sucediera.
Era la primera vez que sentía así. Su corazón bombeaba con fuerza y los latidos le provocaban taquicardia.
El aire le faltaba y los escalofríos le sacudian todo, de pies a cabeza.
—No quiero parecer grosero, pero me gusta el sonido que hace tu sexo húmedo al restregarse con el mío.
Ella lo mira y con su cuerpo le indica que quiere ubicarse encima. Él se lo permite.
Adrian posa sus manos en sus caderas mientras la observa moverse.
Se muerde los labios, se vuelve loco pero le pidió que no se lo haga fuerte y quiere respetarla.
Se levanta un poco para acariciarle la espalda y pegarla pegarla su pecho.
—Déjame ser yo quien se mueva. —Lo deja.
Lleva sus labios a su hombro y mientras lo besa, ella gime en su oído y esto hace que no pueda ser capaz de controlar sus embestidas.
Se desata y los gritos comienzan.
Él empieza a emvestirla con fuerza y ella a diferencia de como fue su primera vez, malísima por cierto, lo empieza a disfrutar.
Gime a viva voz y eso a él le produce más deseo. Aún así intenta controlarse.
Los gemidos copan cada milímetro de la habitación. Él se hunde una y otra vez en su cuerpo en lo que ella se desarma en gritos de placer.
De momento a otro, su cuerpo se tensa, su intimidad empieza a palpitar y toda la zona se vuelve sensible al tacto.
Adrian se incorpora y mientras da los ultimos movimientos dentro y fuera de ella, esta se deja ir, se entrega y en un abrir y cerrar de ojos, explota.
Luego de hacer el amor, el sueño los envolvió y allí, en medio de una cama con sábanas mojadas y sintiendo el corazón latir del otro es que se dejaron llevar por los nuevos sentimientos que solo podrán hacerlos felices en ese instante, porque al amanecer, un grito los sobresalta y ambos, se despiertan encontrándose con una joven, delgada, rubia y con dos balizas balizas sus manos, mientras de sus ojos sale una furia que no tendrá deparó en humillar y llevarla a surtir a golpes a la joven.
Desprevenida, la toma de los pelos y la baja de la cama y desnuda la arrastra fuera de la habitación.
—¡Prostituta! ¡¿Qué haces con mi marido?! — la increpa subiéndose encima y colocando sus manos en el cuello, en tanto él intenta liberar a sofi de ese agarre mientras ve como sus ojos se hacen hacia atrás.
Arde troya.
Sofía desconoce de lo que una mujer despechada es capas de hacer y Valentina, no se quedara de brazos cruzados.