Prometo destruirte.
Capítulo 12
Sin final feliz.
¿Qué podía ser más humillante y doloroso que ver a tu prometido desnudo en la cama con otra mujer? Saber que está enamorado de ella.
Ella quería darle una sorpresa, de echo no le había dado el peso de importancia que merecía el asunto de que estaba acercándose demasiado a otra mujer. No lo quiso creer.
Entrar al departamento de su novio, del que tenía las llaves porque los fines de semana se quedaba con él, y ver la mesa servida para dos, le hizo creer que quizá estaba su cuñada en la casa.
Se llevaba muy bien con Lucía. Pero no, no se trataba de ella.
Caminó hasta su habitación y al abrir la puerta una imagen le rompió el corazón en pedazos.
—¿Adrián?
Allí lo veía, desnudo mientras otra mujer lo abrazaba a la cintura y dormía acurrucada en su pecho.
Su mundo se destrozó ante sus ojos entonces entendió que el amor se les escapó y no se dio cuenta.
Las lágrimas comenzaron a correr de sus ojos, entre tanto los veía moverse y sonreír. Reconocía exactamente ese gesto y sabía que estaba enamorado.
Aun sin abrir sus ojos, lo observa buscar el rostro de la joven y llevar sus labios a los de ella para luego escucharlo decir entre sueños. ‹‹Te quiero›› entonces la mató.
—¡¿CÓMO PUDISTE?! —Gritó desecha.
Los vio despertarse sobresaltados y tan pronto la vieron, Sofía tomó las sábanas que envolvían sus piernas y se cubrió su desnudez. Adrián se levantó de golpe para agarrar su bóxer y colocárselo, en tanto le alcanzaba a su acompañante su ropa.
—¿Adrián? —Murmura avergonzada, pero en ese momento Valentina sale de sí y se acerca a ella para tomarla de los pelos y tirarla de la cama.
—¡Valentina! ¡Soltála! ¡Soltála!
A toda prisa él se acercó a ellas y por más que quisiera tomarla del brazo, ella sacaba fuerzas de dónde no sabía que tenía y la estaba llevando fuera de la habitación, en lo que llegan al living y es entonces que la suelta.
—¡¿Cómo me hiciste esto, Adrián?! —Pregunta en un ataque de histeria en lo que él se saca la remera que se había puesto y cubre su desnudez.
—¿Estás bien, mi amor? —Le pregunta a la joven ignorando los gritos de su ex novia.
—Dejame. —Le pide Sofía mientras le da manotazos para que no la toque.
—¡¿Qué te pasa?!—Le grita con enojo a Valentina.
—Avos ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Cómo traes a una prostituta a nuestra casa?!
—¡NO ES NUESTRA CASA Y YO YA ROMPÍ NUESTRA RELACIÓN! —Le recuerda enfurecido.
—¡¿POR AUDIO DE WHATSSAP?! ¡¿Enserio?! Y sí, es nuestra casa porque te recuerdo que querías que viniera a vivir. —Extiende su mano y le muestra un anillo de esmeralda a Sofía —¿Ves esto? ¡Estamos comprometidos e íbamos a casarnos! —Vocifera en lo que la joven lo mira incrédula sintiéndose una estúpida.
Al final, Alex tenía razón.
No dice nada, solo quiere irse de ese lugar y no verlo más, aunque eso sería imposible. Ella necesita trabajar y él no dejaría de insistir.
—Quiero irme. —Menciona confundida y reteniendo sus ganas de llorar.
—Espera, por favor. —La toma del brazo, pero se suelta violentamente.
—¡No me vueltas a tocar! Dijiste que no cortaste tu relación ¿Y ella dice que no? ¡Tiene un anillo, tiene las llaves del departamento!
Valentina se cruzó de brazos esbozando una sonrisa. Nadie, menos una muerta de hambre lograría sacarle a su novio.
Sofía se sentía una estúpida. No es que estuviera enamorada de él, lo cierto es que la atracción era fuerte y por un momento se creyó el cuento de la Cenicienta. ¡Qué ingenua!
—No quiero que me molestes más. —Ordena y se marcha hacia la habitación para cambiarse con su ropa y retirarse del departamento con sus zapatillas en la mano.
—Sofía. —Musita él al ver cómo desaparece tras la puerta, para luego sentarse en el sillón y cubrirse el rostro.
—¿No pensás decirme nada?
Esperaba que su novio le suplicara perdón. Sin embargo, eso no ocurrió.
—¡Adrián! —Le grita, pero él solo se pone de pie y se dirige hacia su habitación y predeciblemente ella lo sigue detrás. —El olor que dejó esa sucia es asqueroso. —Mencionó y abrió las ventanas. —Lo voy a dejar pasar, porque entiendo que un desliz lo tiene cualquiera, pero que sea la última vez que me haces una cosa así.
Es cuando la mira.
A él se le hacía difícil comprender ese concepto de amor que tenía. En primer lugar, si fuera una infidelidad, no debería de perdonarla sino tener más amor propio. No se puede amar a nadie más que a uno mismo. Segundo, ellos no tenían una relación, y sí, quizás no fue adecuado decirle por audio, pero cada vez que quería tocar el tema, siempre lo evitaba y terminaba por cortar la conversación sin poder decirle lo que deseaba.
Es cierto que conocer a Sofía le había ayudado a tomar la decisión y no fue por ella que quiso terminar. El tema es que fueron 5 años en donde se ha sentido desplazado, en donde ha sentido que solo él la remaba en la relación y que a ella solo le importaba su imagen y carrera. No es que no la creyera importante, no había nada más que ame que verla sonreír al hacer lo que ama y llegar al éxito, pero en el camino se olvidó de él y los sueños que creía que compartían.
—No te entiendo. ¿Cuántas veces te pedí que nos casemos? ¿Cuántas veces, incluso supliqué, porque tengamos un hijo? ¿Cuántas veces? Valentina, yo me canse esperando a que me mires y eso nunca sucedió. —Él explica y ella frunce el ceño.
—Eso no es así. De todas formas, no podes, ir en busca de cualquier prostituta y meterla en nuestra cama.
—No entendés. Sofía no es ninguna prostituta, es la mujer que quiero.
—No podes estar diciendo eso ¡A esa mugrienta pobretona queres? ¿No le viste el cuerpo lleno de moretones?
De hecho, sí, lo sucedido en la tarde anterior había dado como resultado esas marcas. Aun así, Sofi es lo más hermoso que sus ojos pudieron ver.
De momento a otro, él empieza a alistarse para ir a ver a su hermano y aunque su ex novia habla y lo sigue a todos lados, no le dirige ni la mirada.
—¿Pensas ignorarme todo el rato? —No responde y ella se pone como loca. —¡Adrián! ¡Tendría que estar yo enojada! Me engañaste, la metiste en mi casa…
—¡¡¡NO ES TU CASA Y YA NO QUIERO VERTE!!! ¡¡¡SOFÍA ES LA MUJER QUE QUIERO, AHORA!!! ¡¡¡Y NO IMPORTA QUE TANTO ME QUEMES LA CABEZA, NO VOY A VOLVER CON VOS Y VOY A LUCHAR POR ELLA!!!
Grita desquiciado, y ella, cuyos ojos se llenan de lágrimas es que toma sus valijas y se retira de la casa, aunque eso no significaba que se daría por vencida.
Cuando Sofía llegó a su trabajo, tarde, por cierto, no quiso pensar en nada más que en sus labores.
Había tratado de evitar el piso de sus jefes, pero debía cumplir con su trabajo, por lo que no le quedó más que subir y al hacerlo, vio que la puerta de la oficina de Adrián estaba abierta y con ello, intuía lo que pasaría.
—¡Sofía! —Gritó tan pronto la vio, pasando por alto la presencia del asistente. —Necesitamos hablar. —Se apresuró al llegar, para hablar. Ella no lo dejó. —Por favor, déjame contarte mi versión.
—No. —Se restriega los ojos y continúa. —Si hubiera tenido la certeza de que no me estabas mintiendo, no te hubiera dicho que sí.
—Pero no te mentí. —Se defiende e intenta tomarla del rostro, pero no lo deja.
—No soy una estúpida como para no darme cuenta que tus intenciones para conmigo son solo por sexo.
No hubo cita, no hubo tantos detalles. No pretendía que le baje la luna, apenas si se conocían. Pero de saber que efectivamente seguía comprometido no hubiera aceptado acostarse con él.
Ahora ya era tarde y si había algo de lo que tenía cierto miedo, eso era la exposición social.
Fue fácil para ella reconocer a Valentina, dado que, al ser modelo reconocida, la ha visto en varias gigantografías donde era cara de una línea de ropa, perfumes entre otras cosas.
El que se haya metido con el prometido de una persona que, en teoría, pisa fuerte en el mundo de la moda, podría acribillarla ante los medios de comunicación y sociales y lo que menos quería era eso y que se entere su madre. No quería decepcionarla.
—No es así. —Intenta hacerla recapacitar, pero es imposible.
—Pero para mí sí. —A lo mejor si le miente pueda conseguir que la deje tranquíla.
—Yo pensé que te pasaban cosas conmigo. —Está confundido.
—No. —Toma el secador y continúa limpiando el suelo, en lo que se lamenta.
Al final, no existen cuentos de hadas donde personas como ella merezcan un final feliz.
Adrián se dirigió hacia su oficina y de un fuerte golpe la cerró.
Definitivamente se sentía engañado en sus sentimientos.