Capítulo 10-2

1987 Words

“Se lo merece”, dijo uno. “Qué descaro”, dijo una mujer con tono alto. “Esa campesina simple pensando que podía tocar esa ropa”. “Obviamente no está bien de la cabeza”, se rio un noble gordo con otro. “El alguacil debería encerrarla”, dijo nasalmente un hombre de perilla puntiaguda. Las lágrimas brotaron de los ojos de Emmeline. Ya no era consciente del dolor en los nudillos ni del nuevo dolor en el codo y cadera en donde había aterrizado sobre los adoquines ásperos. Miró al hombre de los ojos brillantes por última vez. Todavía miraba fijamente a sus pies. Su cabeza iba y venía lentamente mientras se frotaba la nuca y dejaba escapar un suspiro de dolor. La anciana la miró fijamente desde su posición frente al puesto. Se quedó allí de pie, altiva, protectora, con las manos delgadas apre

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