Ellie estaba sentada frente a la computadora, con el ceño fruncido y mordiéndose los labios como si quisiera borrar la tensión que la invadía. Desde que escuchó la noticia, no había logrado armar una frase coherente. Estaba en blanco, como si el anuncio la hubiera golpeado de lleno. —¡Ellie! —la voz de Tessa la sacó de su ensimismamiento. Se giró rápidamente hacia la puerta, casi saltando del susto. —¿Qué onda, Tessa? —respondió, esforzándose por sonar relajada. —Don Castellano te está buscando —le soltó su compañera, con una mirada que no dejaba lugar a dudas. Ellie sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Había escuchado bien? —¿Perdón? ¿Yo? ¿Otra vez? —preguntó, tratando de procesar. —Sí, señorita, tú mismita. No me preguntes por qué, pero te quiere ver. Igual tranqui, creo q

