NARRA ELLIE A la mañana siguiente me levanto descansada. Dios, me encanta el fin de semana. Dormir y no hacer nada es lo mejor que hay. Pero, al cabo de unos minutos, el hambre y las ganas de tomar un café me sacan de la cama. Enciendo la cafetera y abro la gran ventana de la cocina porque el sol brilla de maravilla y no hay nada mejor que el aire fresco. Ahuyento el silencio de mi piso con un poco de música. Mientras la cafetera zumba, voy al baño y me preparo para el día. Me pongo ropa cómoda, me peino y me hago una trenza alta. Con todo listo, guardo mis cosas y vuelvo a la cocina. En cuanto el café está listo, lo cojo y enciendo la televisión. Mi buen humor se destruye de inmediato cuando veo las imágenes. El Señor Castellano y la belleza morena han sido vistos en un club. Se

