Cuando al fin llegó el bendito viernes, estuve ansiosa por el encuentro con Joaquín durante todo el día, y en cuanto entró al consultorio, no pude dejar de observarlo ni un segundo.
Él me hablaba de su trabajo y yo intentaba anotarlo para no olvidarme porque no estaba para nada concentrada, no sabía qué decirle concretamente y pareció haberse dado cuenta de mi inestabilidad a pesar de seguir hablando. Era la primera vez que me hablaba de su familia, sus papás estaban juntos y tenía dos hermanas mayores, ambas tenían hijos y ninguna se llevaba bien con su novia, de hecho su familia no la quería, todo lo contrario a la familia de ella que lo adoraban, pero él sospechaba que era por la posición económica de la que se beneficiaban, mencionó que siempre se mostraron interesados.
Cuando se puso a hablar de un problema que tuvo con un empleado, anoté y presté exclusivamente atención a la forma en la que hablaba y movía las manos, se expresaba con la cara y el cuerpo, me servía pero sobre todo lo estudiaba porque simplemente me gustaba observarlo. Era muy tranquilo y muy inteligente en la forma que se manifestaba, con palabras técnicas que creía que eso derretiría a cualquier mujer con dos dedos de frente. No sólo lo que decía era interesante, se podía sentar a hablar con él de algo tan normal como estúpido, como el viernes pasado que hablamos hasta de ropa. Con su vestimenta era igual de relajado, lo que él tenía y que a tantos les faltaba, era la actitud, porque pantalones ajustados y remeras llevaban todos, pero había que saber lucirlas. También observé su peinado, su pelo castaño estaba apuntando hacia arriba, su barba bastante crecida, definitivamente tenía estilo y actitud y eso me gustaba, quizás más de lo que debería. Me interesaba saber más de su vida aunque fuera profesionalmente y sea mí deber, me hacía conocerlo mejor más allá de la trasparencia que lo caracterizaba.
— ¿Entonces qué me decís? —me preguntó. Me aterré y miré nerviosa rápido mi hoja cuando volví a la tierra. — ¿vamos a tomar algo?
—Eh...—fruncí el ceño y caí en cuenta que no tenía nada anotado a lo que se refería. Me aclaré la garganta y lo miré un poco desorientada. — ¿Cuándo?
—Cuando salgas, al bar de la otra vez.
Respiré hondo y lo vi levantarse, pero no se fue hacia la puerta sino que se acercó a sentarse frente a mí en la mesa pequeña que nos separaba, lo miré un poco nerviosa y mi respiración volvió a fallar por el aire que escaseaba con su presencia, no podía dejarlo fluir con normalidad y la tensión se acrecentó en mis hombros como se fundió en mi estómago.
— ¿Qué te pasa?
— ¿Por qué?
—No sé, te noto perdida y cansada. —dijo, me recosté en el respaldar y con las dos manos enterré mis dedos en mi cabeza para rascarme el cuero cabelludo y levantar mi pelo, era una forma de relajar la tensión y así descomprimir un poco la fijación de nuestras miradas.
—Estoy un poco desconcentrada, si, pero es porque estoy cansada y son las seis de la tarde, desde temprano estoy trabajando. —suspiré, no iba a decirle que estaba distraída porque estaba muy enfocada mirándolo a él, y analizándolo para mi favor.
—Mmm... A ver. —se levantó con seguridad y me hizo volver hacia adelante, lo miré confundida cuando me corrió el pelo y se sentó en mi apoyabrazos. Sentí sus manos fuertes y cálidas sobre mis hombros y empezó a hacerme masajes que me estremecieron apenas con el roce.
Dios mío, era el cielo.
No iba a quejarme, todo lo contrario a pesar de los nervios. Aflojé todo mi cuerpo sintiendo sus pesadas manos tocarme y cerré los ojos, evité la tentación de caer en un sueño erótico, no quería alejarme mucho de la realidad que era sentir sus tacto sobre mí. Mi corazón iba desbocado, tenía la garganta seca pero cuando sentí que hizo efecto, no pude evitar gemir, sólo esperaba que no pensara lo que yo sí estaba pensando.
— ¿Mejor? —me preguntó un momento después con la voz baja y sedosa, lo que me obligó a reprimir un gemido y volver a la realidad, porque no me faltaba nada para llevarlo a algo erótico.
—Mucho. —murmuré tragando saliva y lo escuché reírse un poco, después se sentó de nuevo frente a mí. —gracias, me hacía falta.
—Cuando quieras. —me guiñó el ojo y yo sonreí. — ¿Me vas a decir que sí?
—Me preocupan ciertas cosas Joaco. —le dije levantando mi mano para mostrarle el anillo, hipócritamente hice una mueca. — ¿ves esto? Tengo novio.
— ¿Ves esto? —me mostró el suyo. —yo también.
Me mordí el labio pensando en qué hacer, no me quería negar a él.
—No hacemos nada malo Jaz, sólo ir a tomar algo.
—Sí supongo que no es nada malo. —lo pensé y era cierto, no estaba engañando a Leo por salir a tomar algo. Asentí un momento después. —está bien.
—Genial, te espero ahí. —me dijo con una sonrisa que me contagió pero me borró cuando se acercó a darme un beso que para el bien de mi existencia, fue en la mejilla. —nos vemos en un ratito.
—Bueno. —musité con la boca seca y lo vi irse. Me recosté en el sillón y respiré totalmente cargada de la frustración que él me provocaba.
La confianza había sobrepasado el límite entre nosotros a nivel profesional, él tenía una forma muy seductora de sonreírme y me decía cosas que me hacían sentir una estúpida con cosquillas en el estómago, era muy comprador y yo estaba más que dispuesta a comprarlo si no estuviese mal.
Me quedé en casa cuando llegué de oficialmente terminar mi viernes, y aunque mi día había estado genial gracias a Joaco y el trago que tomamos entre risas y diversos temas de conversación, logrando descomprimir el cansancio, cuando Leo llegó me cambió todo el ánimo. Primero porque enseguida se le ocurrieron ideas para pelearme, no podía mantenerse callado ni decir un "hola" antes de empezar a martirizarme el cerebro, a pesar de ignorarlo era un calvario vivir con él, arruinaba la poca armonía que tenía y no me dejaba opción más que irme de la casa para visitar a alguna amiga, no me importaba que le molestara, no le permitiría arruinar la paz que conseguí.
El sábado cuando me desperté y Leo seguía durmiendo, fui a la casa de Estefi ya que Lola también estaría y almorcé con ellas, le envié un mensaje diciéndole a dónde iba a estar pero no me contestó y no pareció importarle que llegara a las ocho de la noche después de haber estado todo el día con mis amigas, lo que me hacía creer que él también estaba arruinando nuestra relación, no le afectaba en nada que colgáramos de un hilo, ya que parecía querer que se rompiera de una vez.
—Me voy al cumpleaños de Andrés, no sé a qué hora vuelvo. —dijo al salir del cuarto el sábado a la noche, no le presté atención por mirar la televisión y tampoco la buscó de su parte, simplemente se fue y cerró la puerta fuerte.
Respiré hondo y me recosté en el sofá dejando el control remoto, acaricié a Patty dormida en mis piernas y encendí mi celular para ver la hora, contesté algunos mensajes de mis amigas y fue muy tentador ver el chat de Joaquín. Lamentablemente no podía ver sus palabras porque borrarlas era cuestión de vida o muerte, pero si podía verlo y me quedé manteniendo el teléfono con su foto frente a mí unos largos minutos, hasta que el impulso me ganó y la minimicé para escribirle aprovechando que estaba en línea.
Estoy libre hoy, ¿vos?
El corazón me palpitaba con fuerza, más los nervios que el cuerpo me propagaba por toda la intensidad que él me provocaba, verlo escribir era peor.
Me encanta como suena, ¿qué hacemos?
Sonreí y cerré los ojos sin querer despertar de la valentía que tenía, la aproveché para armar un plan, si bien me ocurría seguido, no quería que se desperdiciara.
¿Revancha de bolos, y baile?
Preparate para perder entonces, en una hora te voy a buscar ;)
Me levanté rápido corriendo a la pobre Patty y me apresuré con la ropa, no busqué demasiado, agarré lo primero que vi y me pareció acorde un vestido corto con una abertura en la espalda, me llegaba por arriba del muslo por lo que cortaba con lo provocativo, y más la campera de cuero con un suave maquillaje, estuve lista en menos tiempo de lo que imaginé.
Su mensaje avisándome que estaba esperando me llegó quince minutos después de pedirle a mi amiga que me cubriera. Salí y cuando vi gente en la calle, le envié a él otro w******p pidiéndole que se quedara en el auto, no conocía a las personas pero no quería que nadie me conociera a mí y sobre todo a Leo, por lo que Joaco me abrió desde adentro.
—Gracias, hola. —le dije y nos acercamos para que yo le diera un beso en la mejilla.
—Hola, ¿bolos entonces?
—Bolos. —asentí totalmente decidida a ir por esa revancha.
— ¿De cómo te dejó venir tu novio?
—En realidad se fue, y no iba a quedarme sola.
—Ah bien, buena elección hiciste. —me guiñó el ojo y arrancó fuera del radar de mi casa.
La tercera era la vencida, estábamos empatados finalmente y aunque eso me hacía tener bronca conmigo misma por dejarlo ganar, la risa que me causaba que se alabara a él mismo por ese pequeño logro, era lo mejor que tenía la noche. Teníamos que definir quién se iba a consagrar el campeón, por lo que dejé que cantara victoria sin hacer la mía, podía ser mejor que eso más allá de la diversión.
—Gracias, gracias, gracias, uh perdón mi éxito no te vio. —me dijo cuando me chocó intencionalmente acercándose a la barra, me reí negando y acepté mis zapatos asintiendo en agradecimiento. —no puedo ser tan bueno, soy un genio.
—Ay si claro, pero vamos empatados así que no te emociones mucho.
— ¿Querés la revancha? —me preguntó con una ceja levantada y yo levanté otra.
—Obvio que quiero la revancha, pero no hoy, ahora quiero ir a bailar.
—Hoy está cerrado esto, pero podemos ir algún boliche de por ahí.
—Bueno, voy al baño y vamos.
—Dale, mi éxito y yo te esperamos acá. —me burló y yo rodé los ojos empujándolo en mi paso por su lado hacia el baño, se rió y eso resonó en lo más profundo de mi ser, por lo que respiré hondo y caminé en busca de un lavabo que me permitiera usar el agua para aclararme.
Tenía un poco de miedo de encontrarme a alguien conocido en Groove y se lo comenté, no tuvo problemas para que avanzáramos un poco más por la misma avenida e ir al boliche Liquid, en donde ingresamos con la noche ya empezada y sin problema alguno.
Lo primero que hicimos fue ir directo a la barra y pedirnos dos cervezas para esperar a que pasara la música electrónica. Quería bailar y tenía muchas ganas de hacerlo con él, ya que era mi perfecto acompañante.
Una vez en la pista, las cosas fueron muy obvias y empezamos a bailar los dos, riéndonos de sus bromas y disfrutando de la noche. Me olvidé completamente de todo, desde Leo hasta que él era mi paciente y estaba muy mal bailar tan apegada a su cuerpo, pero no me importaba nada, sólo quería divertirme y bailar y Joaco era el indicado para seguirme.
— ¿Qué querés tomar? —me preguntó cuando volvimos a la barra, negué sin importancia y él se acercó a hablar con el barman.
Sentí que me agarraban del brazo y un hombre se me puso de frente, muy cerca para mi tranquilidad, me tensé cuando me habló al oído para que lo escuchara sin dejarme alejarme por agarrarme del brazo.
— ¿Bailas, linda? —me preguntó, negué y lo empujé pero me agarró más fuerte. —dale no seas mala.
—Salí, no me jodas. —le dije intentando zafarme asqueándome de su olor nauseabundo de alcohol y cigarrillo, pero me siguió insistiendo hasta que de repente se soltó de mí y fue porque Joaco lo empujó.
— ¡Salí de acá flaco, está conmigo! —le gritó por encima de la música, el hombre lo miró mal y se fue formulando Puta con los labios hacia mí. Lo agarré a Joaquín antes de que se le fuera encima pero logró el efecto que quiso porque se escabulló rápido entre la gente.
—Dejá no importa, gracias. —le dije cerca del oído, él asintió y aunque parecía enojado me dio un cóctel. —ya está, era un borracho asqueroso.
—Viejo estúpido.
—Brindemos. —puse mi copa frente a él para desconcentrarlo de su mirada al hombre que todavía se metía entre la gente. —por la noche de sábado.
—Por la noche de sábado. —chocó con la suya y los dos sonreímos antes de tomar, sin dejar de mirarnos fijamente a los ojos y embelesarnos uno del otro.
El alcohol me sacudió el cuerpo y mis ganas de bailar aumentaron muchísimo más, inmediatamente lo llevé a la pista y nos desenvolvimos como más sabíamos hacerlo.