DIEZ.

2438 Words
Lo que arrastraba la noche siempre era imposible de deshacer tan rápido al día siguiente, la diversión venía en compañía de la resaca y aunque yo no había tomado tanto, lo hice lo suficiente como para no sentirme tan bien, mi cabeza daba vueltas y sabía que si me levantaba a desayunar con Leo, no sólo me aburriría porque llegué a escuchar como bufaba y se quejaba de su trabajo, también era razón para que mi salida de anoche fuera un tema de discusión, y como no quería que lo fuera cuando no precisamente me sentía en mis casillas, conociéndolo, iba a sacarme en cara mi pequeño momento de libertad. Para relajar toda esa pesadez, entré a bañarme después de jugar un poco con Patty y me sometí al momento de reflexión. La realidad golpeaba de lleno y estar debajo de la ducha me hacía pensar en mis acciones, sin embargo consideré que mejor sería no analizar nada, después de todo ya las había cometido estuviesen bien o mal, por lo que no le di mucha trascendencia y enterré en mi mente la dicotomía que me llevaba a culpabilizarme, aprovechando el momento de tranquilidad para relajarme y disfrutar esos minutos de silencio. Salí un momento después y me enfrenté a lo único que podía causarme un problema, sentarme en la mesa con mi novio. — ¿A qué hora volviste anoche? —Como a las dos. —mentí dejándole la comida a Patty para sentarme frente a Leo y prepararme una tostada. Él estaba concentrado en su laptop y no pareció afectarlo mucho mi respuesta. —No te escuché, estaba re cansado. —Me imagino, llegué y me acosté, también estaba cansada. —Jona me invitó a jugar al futbol, ¿querés ir? —No, andá vos. —lo evadí y me estiré para hacer notar mi cansancio. —tengo sueño y tengo que hacer un psicoanálisis de un paciente. —La idea era almorzar en familia. —Más con razón. —sonreí hipócritamente, él rodó los ojos y ninguno de los dos intentó seguir más la conversación. Hasta pelear me parecía aburrido con Leo, ya nada de su parte me hacía mantener viva ni una pequeña llama, y él parecía sentir lo mismo, estábamos cómodos con el silencio de nuestra compañía y lejos de ser triste para nuestra pareja, era una normalidad cada vez más adaptada. Pasé el fin de semana como quise, descansando de la semana y sola dentro de todo lo que se pudo, Leo tenía almuerzos y eventos que prefería asistir solo cuando se trataba de sus amigos, nos hacíamos un favor a ambos y no nos molestábamos con reclamos o escenas descargando frustraciones injustificadas. Había mucha energía que recargar para la semana y mi principal pila para cargar era la de mi cuñada, sabía que tenía que verla para ayudarla en lo que necesitara porque me había ofrecido, pero Ailén era una maquina de hablar y siempre terminaba usándome más como psicóloga que como cuñada. La entrevista con la modista que haría su vestido de novia era por la tarde y serían los primeros bocetos que adaptarían a Ailén con el modelo que ella tenía previsto de una revista. Yo le había dicho que la iba a acompañar y ayudarla un poco con mi ahijada, me gustaba estar presente en la vida de la hija de mi hermano a pesar de los tiempos acortadas, de alguna forma u otra me importaba mantener el contacto, no me interesaba mover lo que sea para verla, Anahí también era prioridad en mi vida. —Entonces a las cinco, voy a intentar mover a algún paciente. —Si no podés no te preocupes Jaz, en serio no quiero que te hagas un lío. —me dijo al teléfono, pero no me molestaba, ya estaba curada de espanto. —No, no tengo problema, tranquila que arreglo lo de mi paciente y voy, ¿vas con mamá y con la tuya? —Sí, ¿nos encontramos en algún lugar? —Yo las paso a buscar a ustedes un rato antes. —Buenísimo dale, entonces nos vemos mañana. —Dale, nos vemos Ailu. —le dije y corté para divagar por las redes en mi celular. Desde el viernes a la noche ó sábado a la madrugada que no hablaba con Joaquín, incluso había borrado su conversación porque no me parecía apropiada tenerla en mi bandeja de mensajes, el no verla me hacía no tenerlo presente y fue muchísimo mejor para mi salud mental, sin embargo sólo me bastó pensarlo para ver en mi pantalla su nombre de nuevo entre mis chats. ¿Cómo te trata la semana? Yo ya quiero que sea viernes. Tenía una manera muy dulce de ser, de preocuparse al menos por cómo estaba y eso me causaba ternura, detalles que sumaban a su perfecta persona. Que se interesara era importante. Cansadora como siempre, pero ansiosa por el viernes, por supuesto. Relajate, falta poco, ¿me olvido de planes posteriores? Escribió con su usual confianza, la que me hacía sonreír por cómo empleaba con relajación, como si no me estuviese pidiendo volver a salir y ninguno tuviera pareja, pero no consideraba que era malo si no hacíamos nada que pudiera perjudicar a las mismas, era solo una compañía para divertirse. Así lo quería asumir. ¿Cómo qué planes? Algo para hacer más tarde. Vemos. Me levanté de mi sillón con una sonrisa y la intención de efectuar una salida con él, pero me puse en modo profesional cuando salí del consultorio para dirigirme al escritorio de Pau. —Necesito que me hagas unos cambios para hoy a la tarde, me tengo que ir a las cuatro así que los que estén después de ahí, intentá moverlos. —Ok, ahora los organizo y te digo. —Gracias. —le sonreí y la puerta pidió ser abierta, Pau abrió y el señor Gómez entró con su hija. —buenos días señor Gómez. —Hola señorita Velarde, ella es mi hija de la que le hablé, Lara. —me presentó a la chica escondida detrás de sus mechones largos de pelo oscuro, plena adolescente que era la mayor preocupación de sus padres y mi nuevo enigma por resolver. —Hola, un gusto soy Jazmín. —le dije ofreciéndole la mano y tímidamente la aceptó. —los atiendo en unos minutos. —Está bien, esperamos acá. Caminé de vuelta a mi consultorio y busqué el expediente del señor Gómez donde yo había anotado sus últimas sesiones, recordaba su historia así que muy vagamente la releí y recordé que había dicho de traer a su hija porque creía que la separación con su mujer le estaría afectando. Los llamé y le di inicio a la sesión para poder almorzar e ir finalizando el día así podía cumplir como cuñada.   —Mirá quién viene ahí. —me susurró Pau sentada frente a mí en la mesa que compartíamos para tomar nuestro almuerzo. Yo fruncí el ceño cuando me pateó por debajo del mantel con discreción. —no te des vuelta. La miré confundida pensando en quién podía ser y cuando sentí una mano pesada en mi hombro y miré, me derretí al ver a Joaco. Tenía la barba un poco más crecida y se le notaban más los rasgos que definían su expresión, me encantaba, era muy lindo. Haber hablando más temprano con él y verlo me movilizaba internamente de una forma muy insalubre. —Hey, hola. —Hola. —le dije besando su mejilla, él se acercó y saludó también a Pau, noté la sonrisa de mi secretaría demasiado emocionada y quise levantar una ceja incrédula por su poca discreción. — ¿qué haces por acá? —No había nada en mi casa para almorzar, así que vine a comer acá, ¿estás en tu descanso? —Terminándolo. —hice una mueca al ver la hora en mi teléfono y notando que me voló el tiempo de intervalo. —tengo un paciente en quince minutos, pero por suerte el día hoy es corto. —Sí y yo tengo que llamar a Oscar de que no venga. —abrió los ojos de par en par Pau levantándose, lo que aceleró mi corazón por la intimidad que me proveía tener con Joaquín, dado que nuestra relación se había dilatado un poquito de lo profesional y la confianza comenzaba a establecerse con genuinidad.  —mierda me olvidé, voy rápido Jaz, te espero allá. —Uh bueno, ahora voy. —asentí y ella se fue dejándole el lugar Joaquín que no tardó en sentarse frente a mí, poniéndome nerviosa sin un motivo razonable. —tengo cinco minutos. —Es Suficiente. Me alegra verte antes del viernes, se hace menos la tortura. —dijo muy directo y yo sonreí mordiéndome el labio para no evidenciar mi exaltación por sus palabras. —Estás muy emocionado por contarme tus problemas. —Por supuesto, es por eso. —aclaró haciendo un ademán y los dos nos reímos. Cambió de tema antes que pudiera contrarrestar su declaración. — ¿se enojó tu novio porque llegaste tarde? —No, estaba durmiendo, ¿vos cómo hiciste? —También dormía por suerte, y aunque me quedaba bien tu beso me lo tuve que borrar. —Mejor, no quiero que tengas problemas, ¿cómo va eso? —pregunté con sutileza mientras preparaba mis cosas para levantarme. —Te cuento el viernes. —Bueno, perdón Joaco pero me tengo que ir, nos vemos el viernes. —Dale, nos vemos el viernes. —me sonrió y me acerqué a darle un beso en la mejilla, siendo muy descarada al pensar en lo exquisito que olía con su perfume varonil y lo cosquilloso y estremecedor que se sintió su piel con barba bajo mis labios.   — ¿Cómo está Leo? —me preguntó mamá y me tuve que contener para no rodar los ojos. Odiaba que me preguntara por él siempre, buscando una complicidad inexistente conmigo para saber de mi novio como si fuera una adolescente que necesitaba hablar todo el día del chico que le gustaba. —Bien, trabajando. —Trabaja mucho ese chico, ni un respiro tiene. —Bueno es lo que él eligió. —me encogí de hombros y mientras esperaba el semáforo, me giré para ver a mi ahijada en los brazos de mi cuñada y tocarle la manito, en respuesta ella me sonrió. —esta nena cada día está más linda. —Gracias tía Jaz. —fingió su voz mi cuñada y yo me reí. — ¿Estás nerviosa Ailu? —Creo que voy a estar más nerviosa cuando esté terminado, pero estoy emocionado por verlo. —Ojalá lo haga igual que en la revista, es tan hermoso. —suspiró mamá. La señora sólo le tomó medidas y le indicó algunos cambios que a mí no me gustaron, no es que estaba en desacuerdo con las sugerencias, sino que no me gustaba que quisiera cambiarle el modelo del vestido que Ailén había elegido y que por suerte, ella hizo respetar. Nos llevó como una hora y media la sesión y la señora terminó cediendo a lo que la clienta deseaba llevar tal cual el día de su casamiento. Anahí se había dormido en mis brazos y cuando fue el momento de irnos, tuve que pasársela de nuevo a su mamá sin embargo debía admitir que me gustó la experiencia de hacerla dormir y tenerla contra mí, a pesar de que eso no me hacía querer tener un hijo. —Te ves tan linda con un bebé, ¿cuándo vas a hacerme abuela? —me preguntó mamá incipiente como siempre y yo la fulminé con la mirada. — ¿Qué? Sólo digo. —No digas nada, ¿qué parte de no quiero tener hijos no entendés? No es el momento mamá y Leo tampoco quiere, superalo. —bufé y entré al auto para irnos de una vez así podía dejarlas a cada una en su casa y pasar por la de Rita antes de volver a la mía.   — ¿Decís que tiene buenas intenciones? —me preguntó Rita mostrándome su teléfono, me reí apartándome después de ver el chat que mantenía con un chico. —No creo que querer cogerte sean malas, pero no sé, ¿vos qué pensas? —Es lindo y buena onda, pero nos vimos sólo dos veces como para tener sexo. —Hoy en día ya no existe la conquista previa Ri, primero tienen sexo y después se conocen. —le dije, porque era una realidad, en la actualidad nadie se tomaba el tiempo de tener citas o conocer a la otra persona, y mucho menos por las aplicaciones que ella usaba para conocer gente,  con que fluyera la química era suficiente, ir a la acción era más importante que saber el nombre de quién te llevabas a la cama. —Cierto, pero no sé, quizá me gustaría que el hombre ya no sea tan directo. —Yo prefiero que sean directos, y obvio conocerlo un poco. —Bueno pero vos estás prácticamente casada. — se burló y fue horrible pensar que esa fuese mi categorización, de hecho me molestaba un poco. —es obvio Jaz, ni siquiera sé por qué seguís con Leo si es un estúpido, al menos decí que lo querés. —Tantos años juntos lo tengo que querer, pero no estamos hablando de mí, ¿querés a este chico para algo más? —pregunté evadiendo a otra persona más de la lista que me acusaba de no querer a mi novio. Ella hizo una mueca. —tené sexo, si no te gusta te olvidas. Hacía mucho tiempo que yo había dejado eso de lado, era cierto, con Leo fue muy fácil, nos conocimos en la universidad y por él dejé mi época de acostarme con todos sin parecer una puta, por supuesto, era mi momento de disfrutar y lo desperdicié, pero se suponía que valió la pena. Él me había invitado a salir y acepté, me di cuenta que no tenía esas intenciones en la primera cita, no fue el típico que quería sexo, esperé como hasta la cuarta cita y seguía sin insinuar nada, no sé por qué esperé tanto pero tres meses después sin habernos puesto de novios, lo hicimos y me lo preguntó, desde entonces estábamos juntos. Desearía decir que estaba con él porque lo amaba y no podía separarme, pero no solo fue una ayuda para obtener los bienes que teníamos a nombre de ambos en la actualidad, también consideraba que me había acostumbrado tanto a su compañía, que me dejó de interesar quererlo un poco más todos los días.
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