NUEVE.

1997 Words
Lo divertido fue que antes de ir al salón a dónde íbamos a ir a bailar, en el shopping, pasamos por los bolos y jugamos las diez partidas correspondientes. Cinco veces cada uno y que por supuesto, le gané yo. Me gustaba remarcarle lo buena que había sido y él aunque me burlaba, sabía que no le había gustado nada perder porque quería jugar de nuevo, pero la clase de baile había terminado e iba a empezar el verdadero festejo. En el shopping, tenían un salón en donde dos instructores les enseñaban a bailar algún tipo de ritmo a las personas que asistían hasta las once y media que terminaba la clase y llegaba la fiesta. Me parecía muy divertido seguir los pasos de los instructores, pero cuando Joaco vio los bolos, creyó que podía ganarme y no fue así.  El lugar estaba lleno, pero pudimos conseguir un lugar para tomar algo, y mientras tanto yo no paraba de alabar mi juego y su pérdida, aunque por supuesto que iba a acepté la revancha para el futuro. —No sé si está bien decírtelo, pero estás hermosa y no quiero pasarlo por alto si no te molesta. —me dijo acercándose más a mi oído para hablarme y yo casi me atraganté con mi cóctel. Tragué e intenté no parecer una estúpida adolescente con las hormonas alteradas por la sonrisa que se extendió por toda mi cara. —Gracias, no te preocupes, no me molesta que me lo digas. — ¿Ah no? —me miró divertido y yo negué correspondiéndole a la fijación de la mirada cuando estuvo a mi altura. —pensé que no ibas a querer que lo hiciera. —No, bueno... no me molesta. —le dije y él asintió sonriendo. Al contrario, me encantaba pero no iba a decirlo, había sido muy atento a pesar de que no tenía que hacerlo y eso me hacía usar muy mal mis ojos, no podía verlo de otra manera. — ¿Vamos a bailar? —me preguntó y asentí dejando mi vaso. Me levanté con él y fuimos a la pista, en donde bailaban bachata y sorpresivamente nos supimos acoplar a los pasos, no era mi estilo pero me gustó bailarlo, sobre todo la manera en la que teníamos de hacerlo juntos. Joaquín estaba un poco más actualizado que yo, porque otra vez supo cómo llevarme y tenía que admitirlo, lo que más me gustaba del ritmo es que las parejas estaban bastante cerca uno del otro, y así estábamos Joaco y yo, muy cerca a pesar de no estar cara a cara. Era inevitable, pero me daba escalofríos que me hablara al oído aunque me hiciera reír, su cercanía con nuestros cuerpos rozándose me tenía bastante sobresaltada, por no decir excitada. Me reí discretamente de la pareja de viejitos que bailaba al lado nuestro, y parecía que manejaban el ritmo mejor que nosotros. Él estaba casi tentado riéndose de ellos y me buscaba de cómplice, me daba lástima no reírme con ellos pero eran muy graciosos y dificultaba mis pasos. Terminada las dos canciones de bachata, empezó la música electrónica y no a todos le gustó, nosotros fuimos los primeros en apartarnos de la pista para ir a tomar algo. Particularmente no sabía bailar eso y no era el tipo de música que me gustara demasiado, por lo que los daiquiris fueron la mejor opción para descansar un poco antes volver, ya que iban variando los estilos de música y cuando pusieron cumbia, volvimos a la pista para que de nuevo me demostrara cuán bien bailaba. Tenía mucha actitud y se sabía mover, lo iba asignar mi pareja de baile definitivamente, no podía ser más perfecto, no le faltaba nada, quizá cantar pero el viernes pasado, o mejor dicho el sábado a la madrugada de la otra semana, cuando cantó conmigo no pareció hacerlo tan mal a pesar de no ser su fuerte. Mientras bailábamos nuestra cercanía era inevitable, pero me daba cuenta que estábamos exagerándola y me gustaba, me gustaba mucho tenerlo cerca que por un momento ni siquiera escuchaba lo que me estaba diciendo, sólo podía mirar su boca moverse y cuando lo vi a los ojos, también me miraba de manera que mi cuerpo reaccionó con un escalofrío. Corriendo la mirada, fue él quien también se apartó, pero me agarró de la mano para llevarme lejos de la gente, y lo esperé mientras pedía en la barra. —Anteúltimo mío. —me dijo levantando su vaso para chocarlos, levanté el mío también. — ¿Por qué anteúltimo? —Porque tengo que manejar. —Qué buen autocontrol. —me reí y él asintió advirtiéndome con la mirada. —No queremos morir tan jóvenes. Ya sentía el alcohol y aunque estaba consciente, me sentía un poco mareada por el efecto que causaba, aún así lo ignoré y volvimos a bailar muy cerca, y esta vez sintiendo más sus manos como yo también le hice sentir las mías. No sé qué estaba haciendo pero cuando él tomó su último cóctel, yo no quise que fuera el mío, porque el alcohol me daba más coraje y fuerzas para resistir, o incluso todo lo contrario. —No quiero que llegues a tu casa borracha. —me dijo en el oído. Me dolía un poco la cabeza, así que hice que me soltara para ir a dejar mi vaso, hacía dos que él ya no me acompañaba y estaba mareada, por lo que me guió al baño donde tuve que esperar a que se liberara para arreglarme un poco y aclararme. Desconcertada miré mi teléfono y eran las tres de la mañana, Leo me iba a matar si se daba cuenta que no había llegado, no podía existir un cumpleaños tan divertido para él. —Ya son las tres. —le dije a Joaco en el oído cuando salí del baño, acercándome demasiado a su cuerpo porque lo ameritaba. —Lo sé, ¿querés irte? —me preguntó también al oído, negué y lo llevé conmigo a la pista. —Todavía no, un ratito más. —le dije de frente, asintió y me siguió a bailar una canción re-versionada, estaba muy en contra que la hiciera de esa manera, original era mucho mejor pero al ser lenta, la cercanía fue inevitable. Me di cuenta que su respiración estaba muy cerca de mi cuello y sus manos muy al ras de mi cintura, no me quejaba y por alguna razón bailé con intención de que se resbalaran, pero él las mantuvo muy firme. Nos miramos y unos segundos después, Joaco se acercó a mí oído. —No está bien esto, ¿no? —me preguntó rozando sus labios con mi oreja al hablar. Un escalofrío me recorrió el cuerpo y tragué para acercarme al suyo. —No, no está bien. —dije y me aparté para recorrer con mis manos sus brazos y así llegar a sus manos en mi cintura, las agarré y las entrelazamos, no las saqué. Mientras seguíamos bailando, fui yo misma la que las bajé en los mismos movimientos y él tuvo su tiempo de rozarme, me estaba muriendo por rozarlo yo, pero por algo estaba manteniendo una distancia de la parte de abajo. — ¿Vamos? —le pregunté un ratito antes de que cambiaran el ritmo de la canción, asintió y soltarnos fue inevitable, pero lo sentí todo el tiempo que me siguió de camino al perchero donde estaban mis cosas. — ¿Cómo te sentís? —Bien ¿por qué? —Porque no quiero que llegues a tu casa borracha. ¿Vas a tener problemas? —No lo creo. —le dije respirando el aire fresco de la madrugada enseguida salimos a la calle. —si está durmiendo que es lo que creo, voy a tratar de que no se dé cuenta. —Ok, mejor así te evitas un problema. — ¿Vos? —Está durmiendo, es muy probable. —hizo una mueca y me abrió la puerta del auto para que entrara, sonreí y me metí a esperar que se subiera él. El silencio sólo duró unos minutos hasta que entró a la avenida, mi ventana estaba abierta y no podía dejar de mirar afuera, estaba tan vacía. — ¿Pensas? —me preguntó y entonces lo miré, sentándome bien. —Un poco, aunque prefiero no hacerlo. —No hay que pensar mucho las cosas, porque después dudas y es obvio que te vas a sentir mal. —dijo y entendí a lo que se refería. Estábamos mintiendo, ocultando la razón por la que cual estábamos juntos. Estaba mal pero tenía razón, no iba a pensar mucho en las cosas, no había hecho nada tan grave. Subió el volumen de la música y casi quise llorar de la emoción cuando puso las canciones viejas de Ataque 77, fue como tocar el cielo con las manos al cantarlas con tanta pasión hasta que ardiera la garganta, porque ser autentica con él me tenía fascinada. — ¿Nos vemos el viernes? —le pregunté cuando estacionó en la esquina de mi departamento y él asintió. Me acerqué a darle un beso en la mejilla que lo hice durar al menos tres segundos, después lo miré y lo tuve bastante cerca cuando me correspondió la mirada. —gracias por hoy. —Gracias a vos por venir, ojalá pueda repetirse. —Ojalá. —sonreí y me aparté, pero me reí al ver mi labio rojo marcado en su mejilla. —tenemos un problema. — ¿Cuál? —frunció el ceño y con la mano le borré el lápiz labial. Él se rió. —es un gran problema si me ve. —Por eso, perdón me olvidé que era resistente. —No importa. —se encogió de hombros, miré y aunque el beso se había deformado todavía tenía rojo, sin embargo saqué mi mano porque tocar su piel con el mínimo rasgo de su barba crecer me agarró escalofríos. —Nos vemos Joaco. —le dije y salí rápido del auto, antes de escuchar su respuesta. Las piernas me temblaba un poco, era producto del alcohol y que mi mente no dejaba de pensar en toda la noche. Gracias a Dios, cuando entré estaba todo en silencio y oscuro, prendí luz de la cocina y me saqué los zapatos viendo una caja de pizza, me saqué el short y lo tiré para correr al baño y lavarme la cara. Todavía sentía su perfume en mí y me quería matar, literalmente. Es por eso que me metí rápido a la ducha ya que no sólo tenía su olor, lo sentía en mí más allá del alcohol y el humo del cigarrillo. No podía evitar pensar en su cercanía, sus manos rozarme con las mías, nuestros ojos conectarse y nuestros roces producto del baile. Salí de la ducha con el corazón en la garganta y me sequé rápido para ir al cuarto y ponerme sólo una remera de Leo, para mí suerte estaba durmiendo pero roncando para mi desencanto, verlo a él y lo que había visto hacía menos de veinte minutos me provocaba desilusión, pero era Leo con quién me tenía que acostar y fue lo que hice a su espalda ya que mi celular sonó y al ver su nombre en el emisor, lo escondí debajo de la sábana. Me encantó bailar con vos. Me mordí el labio y me puse la mano en el pecho, el corazón se me estaba por salir de lugar, la adrenalina que me hacía sentir no era sana. A mí también, me encantó. Lo visó y dos segundos después, lo vi escribir. Buenas noches hermosa. Buenas noches♥ Dejé el teléfono y mi sonrisa fue inevitable, no podía dejar de pensar en sus ojos, su boca, sus manos, todo de él me tenía pensando en lo hermoso que era y la poca consciencia que tenía para darme cuenta que no estaba para nada bien pensar así, pero no me importaba.  
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