En la espera de nuestro trago, puse mi teléfono en silencio y dediqué completamente mi atención a él que fue muy abierto a contarme de su vida incluso más de lo que hacía sesión, por lo que me hubiese encantado tener mi libreta para anotar, pero preferí tomarme la conversación fuera de lo profesional ya que el ida y vuelta que surgía en nuestra conversación nos permitía a interesarnos el uno por el otro en igualdad de condiciones, cediéndole de mi parte a que supiera más de mí.
Joaquín era muy relajado para mi interpretación y eso me agradaba, podía hablar con él de cualquier cosa, debatir sin posturas y teorizar estupideces, me di cuenta de eso cuando nuestra fluidez en la conversación fue de la política a las tontas creencias urbanas. No sé cuán bueno podía ser sentirme tan a gusto con la charla, pero me agradaba más de lo que me animaba a admitir.
—No te lo dije, pero me encantó bailar con vos, bailas muy bien.
—Lo mismo digo. —sonreí tomando de la pajilla de mi licuado. Fui sincera al confirmar que la noche pasada, me resultó una velada muy gratificante en su compañía. —no había tenido mejor acompañante.
—Yo tampoco, es más creo que debería repetirse.
—Podría ser.
— ¿Qué haces este fin de semana? —preguntó directamente, me encantaba eso en él, la seguridad que tenía de sí mismo como si asumiera que le diría que sí a cualquier cosa. Apreté mis labios en una fina línea y analicé en mi cabeza las probabilidades de que Leo no se ofendiera por mi salida, y preferí ir con lo que en realidad podría hacer.
—Posiblemente juntarme con mis amigas, y dormir, necesito descansar un poco.
— ¿Semana agotadora? —hizo una mueca y yo suspiré asintiendo. —no veo nada más cansador que tu trabajo.
—A veces lo es, pero por el tiempo y cosas que me agobian, no exactamente me cansa lo que hago.
—Entiendo, ¿le molestará a tu novio que salgas hoy?
— Es posible. —murmuré por lo bajo, ya que me avergonzaba admitir que dependía del humor de mi novio para salir a divertirme, cuando él no hacía lo mismo a pesar de tener veintiocho años y una vida que disfrutar fuera del circulo laboral que lo consumía. —ya salí el viernes pasado, ¿por qué?
—Conozco un buen lugar para tomar algo y bailar, no es un boliche porque no van tantos adolescentes, es divertido.
— ¿Me estás invitando? —levanté una ceja con diversión ante su usual descaro y él sonrió sugerente apoyándose en el respaldar de la silla, analizándome desde su lugar.
—Captas bien las cosas, pero si su majestad no la deja...
— ¿Me estás diciendo gobernada? —fingí sorpresa y él levantó ambas cejas con una cambiando la mueca de sonrisa con diversión, como si confirmara la acusación. — ¡No soy gobernada! —me quejé tirándole el sobrecito de azúcar que ponían en los centros, y él se rió esquivándolo.
—Está bien, no lo sos pero entonces decime que vas a venir. —me apuró y me mordí el labio pensando. Lo miré un segundo y sus ojos estaban fijos en mi boca, lo que me hizo sonreír y soltar mi labio.
—No lo sé, es difícil.
— ¿Tenés que pedirle permiso? —me burló y yo le tiré otro sobrecito de azúcar. Se rió al devolvérmelo. —dale, un rato, todavía tengo ganas de bailar con vos.
—Dejame ver cómo hago, después soy yo la que lo tiene que soportar.
—Pero va a valer la pena. —me guiñó el ojo y yo sonreí rodando los ojos y buscando mi celular para distraer mi atención de su boca, además necesitaba volver a la realidad, eran las cinco y cincuenta y todavía me faltaba un paciente.
— ¿A qué hora sería?
—Como a las once, te paso a buscar.
—Voy a ver qué dice, si se queja mucho lo dejamos para otro momento. —le dije y saqué mi billetera para abonar el trago. —ya me tengo que ir.
—Ok, pero dejá invito yo. —me corrió la mano de mi cartera y el roce fue demasiado intencional, pero no pude hacer otra cosa que permitirle llevar mi mano de vuelta a la mesa para que la apoyara con suavidad y mucha calma, con apenas un movimiento de su dedo pulgar sobre el dorso de mis dedos. Fue una situación rápida, así que pestañé cuando me soltó y se encogió de hombros, justificándose. —yo te invité.
—Lo sé, pero...
—Por favor, no es nada.
—Bueno, muchas gracias. —acepté y buscando ponerme mi cartera, me levanté para dejar la mesa, él se levantó también y se acercó a saludarme, esos dos pasos que hizo me pusieron más nerviosa de lo que me había dejado su roce, pero lo resistí queriendo ser rápida al irme de su cercanía abrasadora. —te envío un mensaje cualquier cosa.
—Ok, tratá de convencerlo.
—Voy a intentarlo, nos vemos.
—Nos vemos. —me besó la mejilla y asentí reteniendo el aire cuando estuve esos dos segundos en pleno contacto con él y sus labios.
Me fui del bar y no pude evitar pensar en el detalle de haberme pagado, era una estupidez pero Leo jamás pagó algo todo él, siempre pagábamos entre los dos y aunque no me parecía mal que fuera así, que Joaquín se ofreciera a hacerlo sólo él me resultó muy atento de su parte.
Volví a casa pensando exclusivamente en darme un baño relajante, la señora Méndez había sido muy estresante, había dejado que se expresara y desahogara todo lo que quisiera cuando me contó sus problemas maritales, pero no me dejó hacer un buen trabajo cuando quise darle mi punto de vista, no me lo permitía y no le encontraba razón para que me siguiera yendo, quizá no nos entendíamos y lo mejor podía ser que la derivara. Sin embargo mi semana había terminado al fin y quería desconectar mi realidad por un rato, por lo que me metí a la bañadera y le envié un mensaje a mi amiga con mis planes, no especifiqué nada, sólo quería que me cubriera, pero eso nunca era suficiente para ella y no esperé menos al recibir su llamado.
— ¿A dónde te tengo que cubrir, con quién te vas? —cuestionó exigiendo detalles apenas contesté.
—Una amiga de la universidad Ri, me invitó a su cumpleaños y no puedo fallarle como el año pasado, pero como salí el fin de semana anterior...
—Ah claro, bueno está bien, ¿se enojará Leo?
—Ojalá que no, porque esta chica se va a enojar conmigo peor. —le dije creyendo totalmente mi mentira. No sentía la necesidad de explicarle todo, confiaba en Rita pero no quería que se malinterpretaran las cosas.
—Está bien, suerte con eso.
Mientras analizaba mi propio día, apareció Joaquín en mi mente. Me había dicho que no le gustaba salir cuando estaba su novia, pero terminó invitándome a bailar de nuevo. Preocuparme toda la semana por si se había tomado mal lo que le dije fue sin necesidad, porque nuevamente me había invitado a salir. Eso no lo hacían dos personas que tenían pareja, aparte no debería ni siquiera pensar que me parecía que estaba muy bueno, que era lindo y que me encantaba todo él, pero tenía que admitirlo, era hermoso, sus ojos verdes descarados al mirarme me hacían sentir como si me quisieran decir otra cosa que por ley su perfecta boca no podía y lo entendía, su boca... era tan atractiva, era imposible no imaginarme lo que podía hacer con ella, junto a sus manos y todos sus sentidos al tenerme en frente.
—Acá estabas. —dijo Leo desde el umbral de la puerta y yo me sobresalté saliendo rápidamente de un sueño al que por suerte no logré entrar. Me aclaré la garganta y me tapé tontamente bajo del agua como si él no me hubiese visto nunca.
—Me asustaste, no te escuché.
—Te llamé pero no me contestaste.
—Ah, no escuché.
— ¿Puedo meterme con vos? —me preguntó entrando y agachándose a darme un casto beso. Suspiré y asentí pensando en la facilidad que tendría a sacar una buena respuesta. Hacerlo siempre nos dejaba más vulnerables a todos, a Leo principalmente, así que esperé a terminar y a que el cansancio le sacara un poco de razón.
No fue el mejor sexo del mundo el que tuvimos apenas salimos del agua, pero fue suficiente como para dejarlo rendido, lo que vi como una gran oportunidad.
—Hoy me encontré con una amiga de la universidad, hace mucho que no la veía.
—Ah, qué bien. —murmuró adormilado, no aguantaba casi nada con suerte logró terminar, se estaba volviendo muy aburrido pasar un viernes con él y ni siquiera llegaban a ser las diez.
—Sí y es el cumpleaños, me invitó, es en su casa.
—Mmm...
—Estoy un poco cansada, pero le prometí que iba a ir y me contó que probablemente vayan Meli y Fer, ¿te acordas de ellas? —probé, agrandando más mi estúpida mentira.
—No, pero supongo que eran tus amigos.
—Lo son, a principio de año las vi y hace tiempo que no veo a nadie en realidad.
— ¿Y qué te vas a ir? —me preguntó, me acerqué a mirarlo y tenía los ojos cerrados.
—Y sí no quiero fallarle, aparte vos te vas a dormir.
—Jazmín saliste el fin de semana pasado. —se quejó un poco aún con los ojos cerrados, intenté de todas maneras.
—A bailar, no a un cumpleaños, aparte es un ratito, hace mucho que no la veo y el año pasado no pude ir a su cumpleaños. —argumenté, él suspiró. —vos te estás durmiendo, ¿qué más vas a hacer? Comer e irte a dormir.
—Hacé lo que quieras Jaz, voy a hacer lo que exactamente decís.
Sonreí y fingiendo poca emoción a como me sentía, me levanté de la cama para ir a buscar mi ropa y cambiarme frente a él, pero ni siquiera me veía como debería hacer cualquier novio cuando su novia se cambia frente a sus ojos, Leo no era de esos tipos definitivamente, ni siquiera le importaba que tuviera un short bastante corto, quizá porque estaba curado conmigo que odiaba que le molestaran esas cosas, sin embargo sus mínimas atenciones ya no existían y no recordaba cuando fue la última vez que me hizo un cumplido.
Sin dejar de observarlo busqué en mi teléfono el chat de Joaquín y le escribí pactando el lugar de encuentro, por lo que cuando sonó con su respuesta, Leo se movió y me sobresalté peor.
Me alegraste la noche, en veinte minutos llego.
Como buena novia que era, le dejé a Leo en su mesa de noche el teléfono y el papel del número de la pizzería por si quería comer, seguía durmiendo y no creía que lo hiciera, parecía un muerto ya y cuando lo saludé no pudo ni reaccionar para contestarme, roncaba con fuerza.
Mi estómago tenía sensaciones un poco molestas, eran como cosquillas de la ansiedad que me producía la mentira, y eso me tenía un poco preocupada, no es que Leo se fuera a enterar pero en mi conciencia sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, y lo que él hacía también, sin embargo prefería ignorarme a mí misma y quedarme con el auténtico fin, que era salir a divertirme.
Le envié el mensaje a Rita confirmándole que salía y me deseó suerte, y un deseo de cumpleaños a mi amiga, mentirle a Rita me agradaba menos, ella era mi amiga hace muchos años y quizás era la mejor, al menos siempre fuimos las dos más unidas más allá de nuestro grupo pero no iba a decirle que iba a salir con un chico que resultaba ser mi paciente, que aparte de estar muy bueno, tenía novia y yo también, definitivamente estábamos sobrepasando los límites.
Estoy en la esquina.
Respiré hondo y con mucho silencio salí cerrando la puerta de mi departamento con llave, intenté no hacer mucho ruido con mis zapatos, tenían plataforma y por ende eran cómodos, por lo que no iba a repetirse el préstamo de las zapatillas. Cuando vi el auto estacionado y que en la calle no había nadie, fue un alivio de llegar sin la mirada de otra persona, pero verlo ahí hizo que un cosquilleo interno me inquietara. También miró si había alguien y en efecto, al acercarme, bajó del auto y me esperó del lado que tenía que subirme yo, otro detalle que hizo que mi corazón saltara desbocado contra mi pecho cuando me abrió la puerta como un caballero.
—Hola.
—Hola. —le di un beso en la mejilla y tenía un exquisito olor a perfume de hombre, me hubiese gustado olerlo más pero tuve que entrar y esperar a que se subiera para arrancar.
— ¿Tenés vecinos chismosos?
—No, pero no me gustaría que se hablen cosas. —le dije y él me concedió la razón, avanzando rápido por la calle. — ¿no era que no te gustaba salir cuando estaba ella?
—Le dije que tenía una cena.
—Así qué le mentiste, me gustaría tener mi cuaderno ahora.
—Claro, porque vos le dijiste la verdad. —me miró con obviedad y la sonrisa pícara plasmada en su boca perfecta, yo me encogí de hombros fingiendo estar desafectada.
—Es tu pareja la que intentamos salvar.
—Esa es tu idea, pero ya estoy cansado y si no venías vos me iba a ir a otro lugar, no me quería quedar en mi casa. —dijo y de repente pareció frustrado por eso porque hasta su sonrisa se desvaneció. Ganas de llevar mis manos a sus hombros para masajearlo no me faltaban, fue un flash que se cruzó por mi mente, pero lo borré enseguida de mis pensamientos.
— ¿Por?
—No quería arruinar lo de estos días quedándome para fingir que no pasó nada, estoy cansado de eso y aparte me aburro.
— ¿Por qué, volvieron a la indiferencia? —le pregunté y él asintió sin sacar la vista de la avenida. —Pensé que habían estado bien hoy.
—Yo también, pero ya no la entiendo y no me voy a quedar a entenderla tampoco, ya fue. —se encogió de hombros restándole interés. —igual no quiero hablar de eso, por algo voy con vos los viernes a terapia.
—Cierto.
—Hoy solo quiero divertirme, y creo que vos y yo podemos conseguir eso. —me guiñó el ojo al verme y yo sonreí confirmando que lo conseguiríamos.