Cuando quise darme cuenta de la realidad, me encontraba sentada al lado de Joaco en un jet privado despegando hacia Miami. La experiencia era tan desconcertante como todo lo que estaba viviendo, y yo que pensaba que íbamos a su departamento a terminar con lo que habíamos empezamos. Dudaba que no lo termináramos aún así. La azafata nos acercó champagne y unas carnes nacionales deliciosas después de que los nervios del despegue se me pasaron y arribamos vuelo, Joaco me contuvo todo el tiempo agarrándome de la mano y hablándome al oído para desconcentrarme, me iba contando de la reunión tan importante que tenía, sobre un hombre poderoso que quería comprar sus aviones y entonces él tenía que cerrar esa cuenta con su abogado en una cena del sábado a la noche. El hombre quería veinticinco avion

