Cuando Elisa y Leo llegaron a casa ya había oscurecido. Lo primero que hizo Leonardo cuando subieron las escaleras fue darse una ducha, después de que salió del baño, se sorprendió al ver a Elisa absorta en sus pensamientos. Él sostuvo su delgada cintura por detrás y colocó su mandíbula en su hombro- —¿En qué estás pensando, cariño? —preguntó con voz suave. —El destino es algo muy extraño, hace años no pensé que esto sería posible. Ahora, lo que pensamos y sentimos el uno por el otro ha cambiado y lo más importante, ahora eres mío —dijo Elisa emocionada, entrelazando sus dedos fuertemente con los de él. —Toma mí mano y envejece junto a mí —dijo Leo viendo sus manos entrelazadas. Si nunca hubiera sentido la felicidad de estar profundamente enamorada de Elisa, Leo no sabría qué sería

