—¿Cómo se la tocaste? A ver… mostranos. Usá mi concha como ejemplo. Fernanda dudó unos segundos, pero no hubo necesidad de insistir. Ella solita llevó su mano hasta la v****a de Milagros y empezó a acariciarla con dos dedos. Poco después vimos como esos dedos se introducían por el agujero. —Ah… le metiste los dedos —dijo Priscila. —Lo hice para verificar si la tenía muy dilatada. Y sí que estaba bien dilatada… más de lo que está Milagros ahora mismo. El pulgar de mi abuela comenzó a moverse por el clítoris, masajeándolo. —¿Esto también lo hiciste con mi mamá? —Preguntó Mila. Fernanda asintió con la cabeza—. ¿Y por qué? —Porque sé que después de tener sexo, una concha lubrica mucho más rápido de lo normal. Quería saber si Selene lubricaba rápido. —Mmm… no me convence —dijo Milagros.

