En cada ámbito, las cosas sucedían de manera diferente. En casa de Selene, Florencia y ella se vestían y se besaban mientras se despedían. En la oficina de Sergio, Eugenia ya estaba sentada en el escritorio hablando con Sergio como si nada hubiese sucedido. En el colegio, con la cabeza gacha, caminaban los tres rumbo a la dirección del colegio. El padre Roberto los mira a cada uno tomándose todo el tiempo del mundo. Sin embargo, los tres están con la cabeza hundida en el pecho, tal la vergüenza que sienten. — ¡¿Me pueden explicar que es lo que vi?! – el padre Roberto no sabe por dónde empezar Ninguno responde. Solo la hermana Mariángeles es la única que se anima a dar una respuesta — Padre, si me disculpa… — se preparaba a hablar la religiosa — No, no la disculpo, pe

