— ¡Una sorpresa hermosa! ¿De dónde lo sacaste? – Sofía no podía creer que una monja tuviera semejante corpiño — Me lo regaló una amiga como una joda cuando tomé los hábitos y lo tenía guardado en casa de mis padres. — Mirá vos que pícara la monjita! – reía Sofía — ¡Viste! – dijo la monja y volvió a besar a Sofía en la boca Sofía acompaño el beso con más lengua y más saliva. Le mordió suavemente el labio a la monja y llevó sus manos a la espalda de esta para desabrocharle el corpiño. Se sintió un poco decepcionada cuando la monja no se lo permitió — Esperá, sacame el pantalón primero – dijo la monja — Bueno – dijo Sofía y comenzó con la tarea La monja se fue poniendo de pie para ayudarla y Sofía se quedó de una pieza cuando la religiosa se exhibió

