El auto de Octavio se detuvo frente a la casa de Michell. Desde afuera ya se podían escuchar voces elevadas. —Parece que llegamos justo a tiempo —dijo Octavio con calma, aunque su mirada mostraba preocupación. Michell respiró profundamente antes de bajar del auto. Su corazón latía con fuerza. Sabía que aquella escena no sería agradable. Cuando abrió la puerta de la casa, el ambiente estaba cargado de tensión. Hortensia estaba de pie en medio de la sala. Frente a ella estaba Katy. Y Jhon caminaba de un lado a otro, visiblemente alterado. —¡Te dije que no vinieras aquí! —gritaba Jhon. Katy tenía los brazos cruzados y una expresión de desafío. —¿Y desde cuándo me das órdenes? —respondió ella—. ¿O ahora te preocupa lo que piense tu esposa? En ese momento Michell entró en la casa.

