El silencio en el auto de Jhon era casi insoportable.
Había visto todo.
El beso.
La cercanía.
La forma en que Michell miraba a Octavio.
Aquella imagen se repetía una y otra vez en su mente como una herida abierta.
Durante varios minutos permaneció estacionado frente al edificio de Octavio, intentando calmar la mezcla de emociones que lo atravesaban.
Rabia.
Celos.
Pero también algo que no quería admitir: miedo.
Miedo de haber perdido definitivamente a Michell.
Finalmente encendió el motor.
—Esto no se va a quedar así —murmuró.
Pisó el acelerador y salió del lugar.
No sabía exactamente qué iba a hacer.
Solo sabía que necesitaba respuestas.
Mientras tanto, en la oficina de Octavio, Michell terminaba de escuchar la llamada de Leo.
—Voy para allá —dijo antes de colgar.
Octavio ya estaba tomando su chaqueta.
—¿Katy llegó con su esposo?
Michell asintió.
—Eso dijo Leo.
—Entonces ya no está intentando esconder nada.
—O está desesperada.
Octavio la miró con atención.
—Eso puede volverla peligrosa.
Michell tomó su bolso.
—Entonces debemos adelantarnos.
Ambos salieron rápidamente del edificio.
El trayecto hasta la casa se sintió más largo de lo normal.
Michell miraba por la ventana mientras miles de pensamientos cruzaban por su mente.
Si Katy había decidido presentarse con su esposo, significaba una sola cosa.
La verdad estaba a punto de estallar.
Cuando el auto se detuvo frente a la casa, ya se escuchaban voces desde la entrada.
—Esto no es una visita —murmuró Octavio.
—No.
Michell respiró profundamente antes de abrir la puerta.
La escena dentro de la sala parecía sacada de una tormenta.
Hortensia estaba de pie frente a Katy.
Y junto a Katy había un hombre alto, elegante, de mirada fría.
Jhon estaba frente a ellos.
La tensión era evidente.
Cuando Michell entró, todos se giraron hacia ella.
—Ahí está —dijo Katy con una sonrisa venenosa—. La protagonista de todo este espectáculo.
Michell ignoró el comentario.
—¿Qué haces en mi casa?
Katy levantó una ceja.
—Vine a aclarar algunas cosas.
El hombre a su lado dio un paso adelante.
—Buenas tardes —dijo con voz controlada—. Mi nombre es Ernesto Valdivia.
Michell frunció el ceño.
—¿Y usted es…?
Katy respondió antes que él.
—Mi esposo.
La palabra cayó en la sala como un trueno.
El rostro de Jhon se tensó inmediatamente.
—¿Tu qué? —preguntó con incredulidad.
Katy suspiró como si todo aquello fuera una molestia.
—Mi esposo.
Jhon la miró como si no pudiera creer lo que escuchaba.
—Me dijiste que estabas divorciada.
—Casi.
—Eso no es lo mismo.
El hombre intervino con calma.
—Mi esposa y yo estamos pasando por un proceso complicado.
Octavio, que había entrado detrás de Michell, habló por primera vez.
—Interesante forma de describir un matrimonio activo.
Los ojos de Ernesto se clavaron en él.
—¿Y usted es?
—Alguien que ha estado observando todo esto muy de cerca.
Katy entrecerró los ojos.
—El detective.
Octavio no respondió.
Jhon parecía cada vez más confundido.
—¿Alguien me puede explicar qué está pasando?
Michell lo miró con frialdad.
—Creo que la explicación acaba de llegar sola.
Jhon giró hacia Katy.
—¿Desde cuándo?
Katy soltó una risa breve.
—¿Eso es lo que te preocupa?
—¡Respóndeme!
El hombre levantó una mano.
—No es necesario que se altere.
—¡Claro que es necesario! —gritó Jhon—. Esta mujer me dijo que estaba sola.
Katy rodó los ojos.
—Estaba separada.
Octavio habló con calma.
—Pero nunca divorciada.
Hortensia cruzó los brazos.
—Esto es peor de lo que imaginaba.
El rostro de Jhon estaba completamente rojo.
—¿Entonces todo fue una mentira?
Katy lo miró con una sonrisa fría.
—No todo.
—¿Qué significa eso?
—Que lo nuestro fue real.
Ernesto la miró con evidente fastidio.
—No compliques más esto.
Katy lo ignoró.
—Jhon… tú sabías perfectamente en qué te estabas metiendo.
—¡No! —respondió él—. Tú me dijiste que estabas sola.
—Te dije que estaba cansada de mi matrimonio.
—Eso no es lo mismo.
El silencio volvió a caer.
Michell observaba todo sin intervenir.
Cada palabra confirmaba lo que Octavio había descubierto.
Ernesto habló con calma.
—Mi esposa cometió algunos errores… pero eso no significa que no podamos resolver esta situación de forma civilizada.
Octavio soltó una pequeña risa.
—¿Civilizada?
—Sí.
—¿Cómo llamarías entonces intentar infiltrarse en una empresa para manipular sus finanzas?
El rostro de Ernesto cambió apenas.
—No sé de qué está hablando.
Octavio sacó la carpeta que llevaba consigo.
—De esto.
Sacó varias fotografías y las dejó sobre la mesa.
Katy palideció.
Ernesto observó las imágenes.
—¿Quién tomó esto?
—Yo.
El silencio fue absoluto.
Jhon miró las fotos.
—¿Qué es esto?
Octavio respondió con calma.
—La verdadera razón por la que Katy se acercó a tu empresa.
Michell habló entonces.
—No fue por amor.
—Fue por dinero.
Jhon miró a Katy con incredulidad.
—Dime que esto no es verdad.
Katy no respondió.
Ernesto respiró profundamente.
—Esto es un malentendido.
—No —respondió Octavio—. Es fraude.
La palabra quedó flotando en la sala.
Katy finalmente habló.
—No tienes pruebas suficientes.
—Las tendré.
Jhon retrocedió un paso.
Su rostro mostraba una mezcla de shock y furia.
—¿Todo esto fue un juego para ti?
Katy lo miró con frialdad.
—No fue un juego.
—Entonces qué fue.
Katy suspiró.
—Una oportunidad.
Jhon golpeó la mesa con el puño.
—¡Me utilizaste!
—Tú te dejaste usar.
El silencio volvió a apoderarse de la sala.
Michell observaba a Jhon.
Por primera vez veía en su rostro algo diferente.
Arrepentimiento.
Ernesto tomó a Katy del brazo.
—Nos vamos.
Katy se soltó.
—Esto no ha terminado.
Miró directamente a Michell.
—Todavía no sabes de lo que soy capaz.
Luego salió de la casa.
Ernesto la siguió.
La puerta se cerró con fuerza.
El silencio que quedó después fue casi ensordecedor.
Jhon se dejó caer en el sofá.
—No puedo creer esto.
Hortensia lo miró con tristeza.
—Te advertí que algo no estaba bien.
Jhon levantó la mirada hacia Michell.
Pero no encontró compasión.
Solo distancia.
Octavio habló finalmente.
—Esto recién empieza.
Michell asintió lentamente.
—Sí.
Porque ahora sabían la verdad.
Pero también sabían algo más.
Katy no se rendiría fácilmente.
Y la guerra…
apenas estaba comenzando.
Durante varios minutos nadie habló.
El eco del portazo que había dado Katy aún parecía resonar dentro de la sala.
Jhon seguía sentado en el sofá, mirando las fotografías que Octavio había dejado sobre la mesa. Sus manos temblaban ligeramente mientras las observaba una por una.
Michell lo miraba desde el otro lado de la habitación.
Había esperado ese momento durante mucho tiempo.
El momento en que la verdad sobre Katy finalmente saliera a la luz.
Pero la sensación que tenía dentro no era exactamente satisfacción.
Era más bien una mezcla extraña de cansancio y tristeza.
—No puedo creerlo… —murmuró Jhon finalmente.
Hortensia suspiró con pesadez.
—Hijo, a veces las personas se niegan a ver lo que tienen frente a los ojos.
Jhon levantó la mirada lentamente.
Sus ojos se encontraron con los de Michell.
—¿Tú sabías todo esto?
Michell negó con la cabeza.
—No al principio.
—¿Entonces cuándo?
—Cuando empezó a comportarse de forma extraña en la empresa.
Jhon volvió a mirar las fotos.
—Y él… —dijo señalando a Octavio— fue quien descubrió todo.
Octavio permanecía de pie cerca de la puerta, observando la escena sin intervenir.
—Solo seguí algunas pistas —respondió con calma.
Jhon soltó una risa amarga.
—Así que mientras yo creía que ella estaba conmigo… ustedes dos estaban investigándola.
Michell lo miró con frialdad.
—Porque alguien tenía que hacerlo.
El silencio volvió a instalarse.
Finalmente Jhon se levantó.
Caminó lentamente hacia la mesa y dejó las fotografías nuevamente en la carpeta.
—Fui un idiota.
Hortensia no respondió.
Pero la expresión de su rostro decía lo mismo.
Jhon se pasó las manos por el rostro con frustración.
—Arruiné todo.
Michell no dijo nada.
—Por confiar en la persona equivocada —continuó él— perdí a la persona que más me había apoyado en la vida.
Sus palabras quedaron flotando en la habitación.
Octavio observó a Michell.
Pero ella no mostró ninguna reacción.
—Michell… —dijo Jhon con voz más baja.
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
—Yo…
Se detuvo.
Como si las palabras no lograran salir.
—Lo siento.
El silencio fue profundo.
Hortensia miró a Michell esperando alguna respuesta.
Pero Michell simplemente cruzó los brazos.
—Las disculpas no cambian lo que pasó.
Jhon bajó la mirada.
—Lo sé.
—No cambian los meses de mentiras.
—Lo sé.
—Ni el daño que causaste.
Jhon cerró los ojos un segundo.
—También lo sé.
Michell respiró profundamente.
—Entonces entiende algo, Jhon.
Él levantó la mirada.
—Lo que tú rompiste… no se repara con palabras.
El silencio volvió a caer.
Después de unos segundos, Octavio habló.
—Creo que deberíamos concentrarnos en lo importante ahora.
Jhon lo miró.
—¿Qué es lo importante?
Octavio apoyó la carpeta sobre la mesa.
—Katy.
—¿Qué pasa con ella?
—No se quedará tranquila después de esto.
Michell asintió.
—No… definitivamente no.
Hortensia frunció el ceño.
—¿Creen que intentará algo más?
Octavio la miró con seriedad.
—Estoy casi seguro.
Jhon frunció el ceño.
—¿Por qué?
Octavio respondió con calma.
—Porque las personas que se sienten acorraladas… suelen volverse más peligrosas.
Michell sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Entonces tenemos que prepararnos.
Octavio asintió.
—Exactamente.
Jhon miró a ambos.
Y por primera vez comprendió algo que le resultaba difícil aceptar.
Ya no estaba en el centro de aquella historia.
Ahora Michell y Octavio estaban del mismo lado.
Y él…
se había quedado completamente solo.