La puerta de la oficina se cerró detrás de Katy, pero su presencia parecía haberse quedado flotando en el ambiente. Michell seguía de pie junto al escritorio, con las fotografías en las manos. Las imágenes temblaban ligeramente entre sus dedos. En ellas se veía con claridad la cercanía entre ella y Octavio: caminando juntos, hablando en la calle, compartiendo miradas que ya no podían esconder nada. Jhon permanecía inmóvil al otro lado del escritorio. Había visto las fotos. Había visto lo que ya temía. Y la mezcla de rabia, dolor y arrepentimiento que se movía en su interior era tan intensa que por un momento no supo qué decir. Fue Michell quien rompió el silencio. —Esto ya cruzó todos los límites. Su voz era baja, pero firme. Jhon levantó la mirada lentamente. —Nos está vigilando

