La aparición del estado monarquíco

4397 Words
Lo mismo sucede en el campo del pensamiento racional y filosófico. El retorno a lo poético y a lo místico provocó un giro copernicano en el modo de pensar de la tombre del siglo xv. La escolástica se vuelve esclerótica. Lo contemplativo reemplaza lo racional. Los grandes tratados de contenido lógico y dialéctico, las famosas sumas, son reemplazados por obras de claro predominio filológico, retórico y místico. Aristóteles comienza a ser atacado en todos los frentes. La biblia es el centro del conocimiento. El académico racionalista es reemplazado por el nuevo humanista, definido por le goff como “profundamente antitualista; Más literario que científico y más fiable que racionalista “, el renacimiento está cobrando vida, pero será un renacimiento de lo clásico, una mezcla del estudio de las humanidades y la búsqueda de lo oculto.  Aunque el hombre se acerca a la naturaleza y a su conocimiento, permanece sujeto a la idea de un intervencionismo espiritual en el proceso humano, más fuerte aún que en la edad media. La magia sigue siendo un elemento d*******e en el siglo xvi. Se traducen los famosos libros hermenéuticos del antiguo egipto. Una corriente neoplatónica dirigida por marsilio ficino y pico DE la mirandola sumergió A la ciencia en un auténtico caos plural, del que sólo parecía destacarse la figura DE Leonardo Da Vinci, con su interés por la experimentación y el uso DE las matemáticas. En lo que se refiere a la política, el final de la edad media parece marcar el momento culminante que enfrentará a las dos fuerzas principales: el príncipe y los cuerpos representativos urbanos – la burguesía. Pero, como en tantas otras cosas, la disputa no comenzará en el terreno secular, sino que su lugar estará en la iglesia. El papa perdió la oportunidad de tomar el poder temporal  El cristianismo ahora pide al menos no dejar que su supremacía espiritual sea quitada. A su poder absoluto en materia de fe se oponían los “conciliaristas” que luchaban por establecer una democracia en la iglesia: la iglesia reunida en el concilio superaba al papa en autoridad. Ya sabemos del triunfo de estos últimos en la controversia desatada (consejos de Pisa y constanza), pero lo que hay que observar es que de ella deriva el apoyo que los príncipes del renacimiento encontrarán para implantar en sus reinos una política monárquica absolutista de origen divino, apoyándose precisamente en el éxito alcanzado por El papa en el campo eclesiástico. De nuevo, entonces, la misma cosa que había sucedido En el mundo del pensamiento, ahora tiende a repetirse en el mundo político: el racionalismo engendrado por el siglo xix pierde su vitalismo. Si la escolástica, dejando atrás el momento, no supo avanzar en busca de una alianza con las fuerzas democráticas experimentales, emergentes, impresas en teóricos como marsilio y bartolo o en manifestaciones prácticas como la lucha entre el papa-consejo, permanecieron encerrados en el baúl de los recuerdos durante más de doscientos años. Pero la creatividad de la edad media está fuera de toda duda. No es el escolasticismo el que debe ser criticado, sino aquellos que no lograron coordinar y unir las dos grandes filosofías de los siglos xii y xiv: el escolasticismo de santo tomás, con su racionalismo dialéctico, y el nominalismo de Roger bacon, y ockam con su nacionalismo inductivo. El fracaso en lograr esta síntesis lleva a europa por un largo camino de más de tres siglos -los siglos xv, xvi y xvi – en el que el progreso está determinado por el comercio económico más que por los científicos y los políticos.  Así, podemos concluir que el orden político medieval se caracteriza por ser un sistema poliárquico, donde coexisten una multiplicidad de centros de poder.(papado, emperador, rey, estados.), sin olvidar la idea De una comunidad política universal, un comité christiani o universitas genTium. En ausencia de la consolidación de un verdadero derecho público, se produce un proceso de privatización, que se cristaliza en las relaciones de vasallaje, basadas en la idea de pactum. Sin embargo, como señala el propio heller, “es evidente que durante medio milenio, en la edad media, el estado no existía en el sentido de una unidad de dominación, independiente tanto externa como internamente, actuando continuamente con sus propios medios de poder y claramente delimitado por lo personal y territorial”. Es decir, la existencia de una pluralidad de centros de dominación y la ausencia de un poder judicial y de un orden jurídico son características que sustentan esta clasificación.  Este sistema de poliarquía medieval va a ser objeto de un proceso de descomposición en el que confluyen una multiplicidad de factores. En primer lugar, debemos hablar de un proceso de desacralización del mundo, que tiene sus manifestaciones más importantes en la guerra de las investiduras y que concluye con el principio de autonomización de la política formulado por maquinvclo. En segundo lugar, debemos referirnos al aumento gradual del poder de los reyes, que dominarán una serie de territorios con características comunes en los que el estado surgirá como organización política. Por último, cabe señalar que este proceso de descomposición del sistema poliárquico medieval va a encontrar determinados frenos en los poderes feudales. Cuya intensidad varia de un país a otro. Por todas estas razones, la transición del sistema medieval al estado monárquico absoluto presentará una serie de etapas intermedias, la más importante de las cuales es la existencia, durante el siglo xv, de los estamentos o estado dualista como forma de organización política.  Iii. El surgimiento del estado monárquico A) GENERAL GENERAL  Los teóricos del estado moderno contemplan la existencia de una serie de supuestos que facilitan su surgimiento. Entre ellos se encuentran los siguientes:  A) los supuestos económicos, caracterizados por la transición de economías cerradas y autárquicas a economías abiertas basadas en el comercio.  B) supuestos sociales, caracterizados por una alteración sustancial del sistema de estratificación Social medieval, con la aparición de una clase Social emergente, la burguesía, que establecerá un pacto de alianza con los monarcas, contribuyendo así a la liquidación del sistema feudal  C) los supuestos técnicos, entre los cuales hay que mencionar los nuevos descubrimientos de la época, como la imprenta, la pólvora, la brújula, etc.  D) las supuestas credenciales, que implican una nueva concepción del hombre como centro del universo, así como una nueva idea de libertad opuesta al dogmatismo religioso medieval, que cristalizará en las tesis luteranas sobre la libre interpretación de las sagradas escrituras. Finalmente una nueva surgirá con El trabajo, contrario al ora et labora medieval, cuya finalidad es la producción y no la penitencia.  Junto con estos supuestos que hacen posible el surgimiento del estado moderno.  El propio H. heller nos habla de la existencia de una serie de factores internos que favorecen su aparición: 1) El surgimiento de ejércitos permanentes. En otras palabras, a diferencia del sistema salarial, basado en la lealtad personal, en la relación de lealtad, existe la idea de un ejército basado en el conocimiento técnico, que debe ser financiado por el estado.  (los soldados).  2) la creación de una administración financiera, cuya primera razón sería pagar por este ejército profesional y permanente.  3) la existencia de una burocracia puesta al servicio de esta administración financiera. En otras palabras, como señaló el propio weber, las ideas de división del trabajo, jerarquía, racionalización…  4) la necesidad de un ordenamiento jurídico único, que proporcione seguridad y seguridad jurídica al nuevo poder político y, a su vez, propicie relaciones comerciales incipientes. En este proceso de unificación jurídica, como ya hemos señalado, será decisivo el renacimiento del derecho romano a través de los ante dores.  Es difícil desarrollar una teoría política del absolutismo que abarque a todos los países de europa. Aunque algunas características son comunes, las diferencias son tales que es muy difícil encontrar una teoría general del absolutismo que satisfaga de manera elemental. Esta dificultad se manifiesta desde el principio buscando una unidad de interpretación dentro de las dos grandes corrientes existentes de investigación histórica, la occidental o burguesa y la marxista. Así, para Mousnier hay varios factores que llevan al desarrollo del absolutismo. En primer lugar, las guerras extranjeras, los sentimientos nacionalistas y la defensa de la soberanía que permiten a los monarcas tener grandes ejércitos permanentes y exigir impuestos, sin necesidad.  Por otra parte, Trevor-Ropper no admite el término “cabsolutismo” como categoría histórica. Para el profesor inglés, hay un estado renacentista que apenas introduce modificaciones sustanciales con respecto a lo que se logró en la baja edad media. Su característica fundamental, la monarquía y la máquina burocrática centralizada, se manifestó en toda su plenitud en los siglos xix y xv. Lo mismo podemos decir de las variaciones económicas, pues carecen de sustantividad. Entre los años 1640 y 1650 tuvo lugar una serie de revoluciones: las inglesas de 1648, los levantamientos campesinos franceses que culminaron en la fronda, los portugueses y los catalanes con los esfuerzos independentistas en el reinado de Felipe IV, en españa, y el levantamiento de Massaniello en Nápoles contra la administración española- que Muestran características revolucionarias comunes a toda europa. La importancia de éstos debe ser incluida en la inelasticidad del estado renacentista para adaptarse a las nuevas necesidades. Estas fueron la consecuencia de los intentos de acabar con las instituciones típicas del sistema feudal que todavía limitaban el poder absoluto del monarca. El papel de la burguesía habría sido secundario, incluso en el triunfo de la revolución inglesa de 1648. Los campesinos tampoco habrían jugado ninguna carta decisiva. Excepto en inglaterra, y la independencia de Portugal en el caso español, los monarcas del renacimiento superaron las dificultades revolucionarias y renovaron el andamiaje del estado sin la interferencia nobiliaria  En el estado absoluto las relaciones de producción siguieron siendo feudales, como Anderson ha señalado: “a lo largo de la edad moderna, la clase económica y políticamente d*******e era la misma que en la edad medieval: la aristocracia feudal. Esta nobleza sufrió una profunda metamorfosis durante los siglos siguientes al final de la edad media, pero desde el principio hasta el final de la historia del absolutismo nunca fue dislocada de su dominio del poder político… El estado absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesía, mucho menos un instrumento de la naciente burguesía contra la aristocracia: era la nueva cáscara política de una nobleza amenazada.) Sin embargo, a pesar de la amplia gama de posiciones existentes, es posible deducir un rasgo característico común: La existencia de monarquías absolutas en occidente a partir del siglo xvi, que fueron sostenidas políticamente por las clases aristocráticas nacientes de la edad media, pero que se vieron cada vez más limitadas en términos económicos por el surgimiento de nuevas clases burguesas mercantiles, y por un modelo burocrático que el estado absoluto se vio obligado a crear para desarrollar su ideal de monarquía. Esta es la gran paradoja ya subrayada por Engels: “el orden del estado seguía siendo feudal, mientras que la sociedad se volvía cada vez más burguesa”.  Este ascenso burgués, a nivel social, está estrechamente ligado al avance tecnológico que se ha producido en europa desde el siglo xv, con descubrimientos que inciden directamente en el desarrollo comercial y capitalista que se avecina en el mundo moderno. El resultado fundamental de esta lucha entre la nobleza feudal y la naciente burguesía comercial, que dio forma al estado y a la sociedad de las monarquías absolutas, llevó a la recepción del derecho romano, que comenzó a vagar por europa en el siglo xii. Pero fue con el renacimiento, y por lo tanto con el absolutismo, que su difusión fue generalizada y aceptada por algunas clases sociales que sólo podían ser atraídas a ella de manera muy indirecta. El derecho romano y su desarrollo en el mundo antiguo habían promovido el concepto de propiedad privada, la práctica mercantil de las ciudades, la presentación de pruebas racionales ante tribunales especializados, etc., demandas que los tribunales consuetudinarios típicos de la edad media no podían resolver ya que sus principios de acción se adaptaban mejor a una economía natural como la existente en aquella época. La burguesía comercial de las ciudades, por otra parte, encontró en ella la solución a parte de sus problemas. Había, sin embargo, su contrapeso político, que no beneficiaba ni a la burguesía ni a los aristócratas. Y nos referimos, por supuesto, al apoyo que la recepción del derecho romano significó para los monarcas absolutistas, favoreciendo el aumento de los poderes centrales tanto los del monarca como los de la corte administrativa y judicial que lo rodeaba.  En realidad, las monarquías absolutas sólo seguían las directrices establecidas por el papa dentro de la iglesia católica. De hecho, el papa, a finales de la edad media, como señala p. Anderson, recurrió a la jurisprudencia romana para afirmar su pleno poder en el orden eclesiástico: “así como fueron los canónigos del papado los que construyeron y operaron sus extensos controles administrativos sobre la iglesia, fueron los burócratas semiprofesionales formados en derecho romano los que proporcionaron los servidores ejecutivos fundamentales de los nuevos estados monárquicos… Imbuidos en las doctrinas romanas de la autoridad del príncipe para decretar y en las concepciones romanas de las normas jurídicas unitarias, estos juristas burocráticos son los celosos defensores del centralismo real en el primer siglo crítico de la construcción del estado absolutista. “) El principal efecto de este proceso legal puede ser “el fortalecimiento de la dominación de la clase feudal tradicional “, como afirman los historiadores marxistas, pero no hay que olvidar que el descontento popular en los principales países del mundo.  A partir de 1640, su participación en ciertas revoluciones sociales, recordemos la de fronda (siglo xvii) como resultado del desplazamiento al que fueron sometidos por la burguesía en las finanzas, y por la burocracia administrativa y legal en el trabajo centralista del nuevo estado absoluto. Tampoco debemos olvidar que fueron los propios nobles quienes despertaron el descontento social contra la monarquía francesa en el período previo a la revolución de 1789. Y que ellos, junto con los reyes absolutos, fueron los grandes perdedores al final del proceso revolucionario burgués que estableció el estado liberal en europa. La paradoja, sin embargo, es que, además de la burguesía, los grandes ganadores fueron los juristas-burócratas a los que se refiere Anderson, que habían promovido el absolutismo monárquico a finales de la edad media y que, a mediados del siglo xix, no sólo permanecen en sus puestos, sino que se fortalecerán para ocupar un lugar destacado en la organización del estado de derecho. Las características antes mencionadas del estado absoluto de los siglos xvi al xvii muestran claramente la supervivencia de las formas feudales. Sin embargo, no es necesario utilizar las fuerzas burguesas que se encuentran ahora en una posición ventajosa para, llegado el momento, hacer un vuelco importante en la organización social feudal.  Después de estudiar los personajes principales que adornan las monarquías absolutas, vale la pena hacer alguna referencia al término “absoluto” y los límites que implica. Porque hay que dejar claro de una vez por todas que aquí lo absoluto no es sinónimo de despotismo o totalitarismo. En la obra de mousnier y hartung se anticipa al principio que hay una idea demasiado absoluta del absolutismo. De hecho, para estos investigadores, un gobierno loco es uno en el que una sola persona, sin observar ninguna ley, lo barre todo a voluntad. Pero este no era el caso de las monarquías absolutas, ni en teoría ni en la práctica. Aunque pueda parecer una paradoja, la monarquía absoluta está limitada por Ley divina y ley natural, así como por las leyes fundamentales del reino y las mismas costumbres. En su núcleo, era una herencia feudal. El rey era absoluto en su poder, en el sentido de que no se sometía a controlar o compartir la soberanía con nadie. Puede declarar la guerra, administrar justicia, legislar, acuñar moneda… En este sentido es “absoluto “, pero no puede ir contra la ley de dios, la costumbre del pueblo o la ley natural, ya que al transgredirla se convierte en ley  Y esto porque había una serie de leyes fundamentales del reino que no podían ser modificadas por el monarca. De hecho, hubo muchos que lo intentaron sin éxito. Pero aún hay más a estas limitaciones: el rey no podía v****r la propiedad privada o imponer cargos fiscales abusivos. Los españoles como el padre Mariana, Rivadeneyra o márquez, siguiendo las líneas trazadas por el francés Bodino, especularán constantemente para precisar estas limitaciones de poder. Mera mano posible»(Maravall) Finalmente, como límite a las aspiraciones de poder absoluto de los monarcas, hay que mencionar, con resultados diferentes, las representaciones corporativas del parlamento del reino en inglaterra, de los estados generales en francia y de las cortes en españa, pero sólo en inglaterra adquirirán un significado real. En francia y españa, desde principios del siglo xv y en el primer caso, y a mediados del xvi en el segundo, podemos decir que habían perdido todo poder real de participación en los asuntos del estado. B) Ciencia política y razón de estado. Maquiavelo y Hobbes  La importancia concedida por la investigación histórico-política a maquiavelo (1469-1527) tiene una doble faceta: “si bien es el primer politólogo, es también el creador de un programa destinado a hacer aparecer el estado italiano” (molas).  En cuanto a maquiavelo como primer teórico de la nueva ciencia política, es evidente que este lugar no puede ser disputado. Del florentino.  La ciencia política moderna se convierte en una ciencia autónoma, independiente de la religión, la moral y la filosofía. Como advierte cerroni: “el genio de maquiavelo brilla en el hecho de que ha consolidado nuclearmente con vigor incomparable una idea de la política como un sector autónomo de la vida social mucho antes de que se completara la demarcación de la distinción moderna entre sociedad y estado”. La nueva ciencia política creada por maquiavelo está construida sobre dos pilares que lo llevan a una contradicción. Por un lado, la historia es la clave de la política. Como señala el príncipe: “los hombres caminan casi siempre por sendas ya pisadas por otros, y no hacen casi nada más que imitar a sus predecesores. De esta manera, maquiavelo deduce que en política -como cassirer indica – “todas las edades tienen la misma estructura fundamental. El que conoce una edad las conoce a todas. El conocimiento del pasado es una guía segura; Aquellos que tienen una visión clara de los acontecimientos pasados conocerán el futuro. ‘  Sin embargo, la similitud entre las leyes físicas naturales y las políticas no es exacta. Podemos predecir un evento físico con absoluta certeza, pero no podemos predecir el futuro de los actos humanos. Por lo tanto, de acuerdo con  E. cassirer, vemos cómo la experiencia política estaba en flagrante contradicción con sus principios científicos generales. Las cosas siguen su propio curso, y perturban todos nuestros deseos y propósitos. J. Vivimos en un mundo voluble, irregular y caprichoso, que desafía todos nuestros esfuerzos para calcular y predecir.” A maquiavelo se le presenta así una antinomia escindida: aprendamos de la historia, pero los hechos no se repiten. El futuro no puede planificarse racionalmente. ¿Cómo resolver el dilema? Maquiavelo lo hace introduciendo un elemento mítico: la fortuna, con el que su pretendida racionalización de la ciencia política seguía siendo una simple declaración de intenciones. Pero resolvió el dilema afirmando que el hombre puede, con su “conocimiento “, hacer frente a las desviaciones que esta fortuna puede causarle; El hombre posee virtudes racionales que le permiten enfrentar las adversidades y los cambios de fortuna que actúan en la naturaleza. Sobre todo un hombre: “el príncipe “.  Con este esquema científico, maquiavelo construyó un programa diseñado para dar forma al nuevo estado moderno, que, de paso, sirvió para la unificación italiana no tuvo que ir muy lejos en la búsqueda de un modelo para su teoría política.  La italia de los siglos xill y xiv estaba en proceso de transformación: las ciudades pasaron de estar controladas por regímenes corporativistas – las “comunas” – a estar controladas por regímenes dictatoriales signoria, en los que se manifestaba la relación de dominio señorial. En estos nuevos «estados urbanos» la filosofía política reinante era muy diferente de la del resto de europa. En las signorias los príncipes de la oligarquía eran indiferentes a la legitimidad del poder.  Como señala garcía pelayo: “lo que interesaba no era la justificación del poder, sino simplemente su preservación, no su legalidad sino su facticidad “. En efecto, se trata de un concepto nuevo concepción de la política que se fundamenta no en el principio de legitimida, sino en la capacidad para adquirir y conservar el poder. Cuando el despota que capaz de superar su propio egoísmo y actuar en busca del benedictino material de la comunidad, entonces vemos la formación de «algo nuevo y vivo en la historia: el estado como una creación calculada y consciente, como una obra de arte», federico iil y su obra realizada a este respecto en el imperio normando Desde sicilia en el siglo xiii pasaría por ser el espejo donde cualquier príncipe debía ser visto para lograr la racionalización del estado e introducirlo en la modernidad.  Maquiavelo fue el encargado de perpetuar teóricamente el nuevo modelo de estado y su príncipe rector. Con ella, la política se convierte en un cálculo racional que se mide por los resultados positivos que se pueden obtener. El estado lo es. A partir de este momento, el poder por el poder, la realidad última, algo que se justifica en sí mismo, totalmente separado de la moral y de la religión cristianas. La fuerza es su fundamento. Una nueva moral ha nacido cuantificada, según la eficiencia y el éxito obtenido en la conducción de los ciudadanos. Esta fuerza es necesaria para establecer el orden interno de los estados, al mismo tiempo que constituye un poder de disuasión para cualquier intento de invasión desde el exterior. Pero ¿Quién puede construir este estado italiano deseado por los ciudadanos? Sólo un “príncipe” puede realizarlo. Un príncipe con suficiente poder económico y militar -capaz de levantar detrás de sí verdaderos ejércitos nacionales – que ha adquirido una justa reputación y que posee el virt ù necesario para ganar y dirigir en beneficio de su pueblo la fortuna o la suerte que caracteriza el devenir histórico; El virt ù, una mezcla de energía e inteligencia que sólo unos pocos poseen. La manera de llevarlo a cabo ocurre, obviamente, porque nadie puede disputar el comando único. Los poderes fácticos tradicionales – nobleza y clero - Su crítica a la nobleza no puede ser retrasada o mal entendida. Es un estado parásito, que no hace más que evitar las obligaciones sociales y multiplicar las desigualdades dentro de la república, y esto sólo actuó en detrimento del príncipe. Como decía gramsci: “el gran descubrimiento de maquiavelo fue que una masa uniforme podía ser más fácilmente analizada en la teoría y manipulada en la práctica que un cuerpo social diferenciado “. Su concepción social es, por lo tanto, antifeudal y burguesa.  En contraste, su posición sobre la religión y el clero tiene otro matiz. No se puede ir en contra de la espiritualidad de un pueblo y sus creencias. Lo que hay que hacer es aprovechar la organización jerárquica de la iglesia y su ascendencia político-social sobre la masa popular. La religión debe ser un medio de integración social que mantenga a la gente en obediencia al príncipe. La animosidad que mostró contra el papado tiene su origen en el trabajo realizado por la sede romana para evitar la unidad italiana.  Una vez que el príncipe de estos poderes es liberado, debe ponerse en marcha para monopolizar la fuerza – el ejército nacional – y la ley. El príncipe, dice gonzález casanova, tiene legalmente el poder constituyente (crea el estado como el poder supremo y único), el poder legislativo (crea el orden jurídico del estado), y el poder directivo o de gobierno (dirige la política del gobierno del estado para fortalecerlo, lograr la unidad y triunfar sobre los estados rivales). En otras palabras, tiene un poder absoluto basado en una razón de estado que está dirigida a mantener el orden social entre los súbditos y buscar su bienestar material: el fin justifica los medios es la máxima de la filosofía política maquiavelista. La obra de Maquiavelo ha Sido juzgada bajo múltiples ópticas. Desde un principio, en el mismo siglo XXI, los pensadores – filósofos y teólogos- de la iglesia romana se pusieron frente a sus doctrinas y generaron una auténtica literatura Maquiavelo. El juicio de estos autores es que - como dice cassirer - "maquiavelo fue la encarnación de la astucia, la hipocresía, la crueldad y el crimen ". Pero ya desde bacon y Galileo, los investigadores de la ciencia política comenzaron a establecer conexiones entre la nueva ciencia galileana y la política de maquiavelo. Su empirismo se conectó con la modernidad científica y mostró su repulsión por el racionalismo escolástico. Spinoza incluso lo consideraba el campeón de la libertad; Herder y Hegel nos dejaron una visión de él que correspondía a la imagen de un hombre recto y honesto que estudió la historia de su tiempo y las circunstancias sociopolíticas que rodeaban italia en los siglos xiv y xv. No menos favorable fue la historiografía romántica e historicista del siglo xix. Maquiavelo era el campeón de las nuevas nacionalidades y el hombre que había elevado la historia a la cumbre de todas las ciencias. Pero se equivocaron al considerarlo un teórico de la realidad política italiana de la época. No hay relativismo en su obra, sino universalidad; Buscó el descubrimiento de estructuras políticas, no de cambios. Tampoco debemos exagerar, como hacen cassirer y meinecke, el elemento racional de su obra, el elemento puritano y calentador. Es cierto que los rasgos de la modernidad política están presentes en él, pero su método recuerda más a bacon que a Galileo. Su importancia radica en haber dejado abierta la ventana por la que otros podían contemplar la nueva perspectiva política. Desde allí la política tuvo que estudiarse como algo autónomo, no dependiente ni de la ética, ni de la moral cristiana, ni de la trascendencia divina, situandola en su auténtica dimensión humana y racional.
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