¡Dale, dale, dale! Los preparativos para la boda de Valeria y Adrián convertían la mansión en un hormiguero festivo. Pero ojo, a pesar de la alegría que se veía en la superficie, las sombras del pasado seguían tirando su sombra en el evento que debería ser la guinda del pastel de su amor.
Valeria, enfundada en su vestido blanco, se chequeaba en el espejo con un combo de emoción y nervios. Mientras las modistas hacían su magia con el vestido, su mente se paseaba entre el ahora y el pasado. La promesa de un nuevo comienzo estaba a punto de hacerse real, pero la fragilidad de la felicidad le latía en el corazón.
Adrián, por su lado, estaba en el otro extremo de la mansión, ajustándose el traje con una mirada de puro "aquí estamos". Su vista se perdía en el horizonte, como buscando respuestas en el cielo. La duda seguía ahí, pero también la esperanza de que este día fuera el verdadero renacer de su amor.
La ceremonia se armó en el jardín, lleno de flores que parecían estar de pachanga celebrando la unión de dos almas que se la iban a rifar juntas. Valeria caminó hacia el altar con toda la onda, su mirada encontrando la de Adrián, quien la esperaba con una cara que mezclaba amor y precaución.
Los votos se dijeron, palabras que prometían amor, lealtad y echarle ganas. Pero claro, mientras soltaban esas promesas, las sombras del pasado seguían husmeando en las esquinas más oscuras de sus pensamientos.
En la fiesta, los brindis y las risas intentaban tapar cualquier atisbo de tristeza. Valeria y Adrián se echaron unos bailes, pegados en el abrazo del amor que estaban reconstruyendo. Pero la música y la alegría no podían apagar por completo la llama de la incertidumbre que ardía en sus corazones.
Mientras tanto, Vanessa, desde las sombras, estaba maquinando su último acto. Aunque su plan inicial de desarmar la relación entre Valeria y Adrián había sido un fiasco, le quedaba una última carta por jugar. Con una sonrisa maquiavélica, se acercó a la mesa de regalos, donde un sobre blanco estaba más escondido que un secreto a voces.
La carta tenía el nombre de Valeria y Adrián, y lo que estaba escrito iba a arrojar luz sobre los secretos oscuros que aún quedaban. Vanessa sabía que revelar la verdad en este día sagrado iba a ser como lanzar una bomba en un estanque tranquilo, pero su sed de venganza la empujaba a seguir adelante.
Cuando Valeria y Adrián abrieron el sobre y leyeron las revelaciones shockeantes, se hizo un silencio sepulcral en la sala. Las palabras en el papel parecían tener vida propia, echando sombras sobre la felicidad que acababan de encontrar.
Valeria, con los ojos llorosos, miró a Adrián. "Adrián, esto... esto no cambia lo que siento por ti. Lo que pasó ya no se puede cambiar, pero nuestro amor sí puede superarlo".
Adrián, lidiando con la sorpresa de las revelaciones, asintió con decisión. "Valeria, te amo, pero necesito tiempo para procesar esto".
La fiesta pasó de celebración a campo de batalla emocional. Mientras los invitados se iban, la mansión quedaba en un silencio pesado. Valeria y Adrián, con corazones encogidos, se enfrentaban a la verdad cruda que amenazaba con romper el lazo recién formado.
Esa noche, en su cuarto, Valeria y Adrián se miraron a los ojos. La vulnerabilidad estaba al descubierto, pero también la determinación de luchar por su amor. Juntos, se embarcaron en una nueva etapa de su viaje, enfrentando las sombras con la esperanza de que la luz iba a ganar.
En el próximo capítulo, Valeria y Adrián se meterán de lleno en la búsqueda de la verdad escondida, desentrañando los secretos que salieron a flote en el día de su boda. Con cada revelación, tendrán que decidir si la confianza se puede recuperar o si las sombras del pasado los van a separar para siempre. ¡Esto está que explota!