Isaac despertó una mañana sin la compañía de Noah afortunadamente, porque la extraña presión en su abdomen bajo, el calor que lentamente estaba recorriendo su cuerpo y el poco control que tenía sobre su aroma no estaba augurando nada bueno para él. Incorporándose, percibió también que la temperatura de su cuerpo había aumentado ligeramente, lo que, por supuesto, fue otra advertencia de lo que ya sabía. Su jodido celo estaba cerca, como en cosa de horas, y ni los supresores ni los inhibidores de aroma habían llegado a tiempo para él. Maldiciendo por lo bajo, Isaac se levantó lentamente de la cama y jadeó con horror cuando sintió ligeramente como un poco de lubricante natural que producían los omegas y al parecer también los gammas, se deslizaba desde su culo por el interior de sus muslos

