Capítulo 12

1167 Words
-Debes estar segura de lo que vas a hacer-Gabriel la miró -No entiendo-dijo viendo a su padre -Los demonios tienen dos formas de conseguir que los ayudes, una es terminar el símbolo que ya intentaron hacer y otra es que los comandantes de las 666 beban tu sangre-comenzó a decir su padre-Nosotros sólo una, pero a diferencia de ellos nosotros sólo podemos utilizar tu sangre sí tú quieres hacerlo -Si tú estás dispuesta a darnos tu sangre-dijo Gabriel-Nos ayudarás en contra de la ellos, no podemos tomarla a la fuerza como ellos, además no estarán contentos después de que descendiste a Amalia-dijo y Miguel la miro con algo de sorpresa - ¿Darles mi sangre? -dijo viéndolos asustada e ignorando la mirada de su padre -No es mucha-Miguel la tranquilizó-Pero no podemos hacerlo sin que tú lo quieras - ¿Beberán su sangre? -Jared sonó aterrado -No, nosotros no hacemos eso de hecho es menos horrible de lo que se escucha, pero necesitamos que tu sangre toque las espadas de los arcángeles-Gabriel los miró-Y por fortuna no tiene que ser la de todos ellos - ¿Sólo sus espadas? -Verónica sabía que afuera debía haber muchos ángeles peleando -Nuestras espadas tienen un símbolo, ese símbolo es de la alianza de todos los arcángeles y todas las espadas son grabadas con esa marca-Miguel la miró-Por lo tanto, cuando tu sangre toqué ambas espadas, todas tendrán el mismo efecto Verónica lo entendió y asintió en repuesta, aunque no sabía exactamente lo que estaba a punto de pasar, ellos le habían dicho que necesitaban su sangre, pero incluso aunque siempre pensaba en donar sangre, pero le aterraba demasiado la idea de ver su propia sangre. -Si estás de acuerdo debemos hacerlo rápido-Gabriel camino delante de ellos y abrió la puerta del baño de las mujeres que era el primero que se encontraba cerca, les hizo una seña para que pasaran, todos ellos entraron y se quedaron esperando que los tres hicieran lo necesario, Alexander se puso a vigilar la puerta mientras Jared se recargo en la pared sin hablar o moverse en lo más mínimo, ver a los arcángeles con sus propios ojos le parecía extraño Jared la miró y le sonrió de manera tímida, sabía que era un peligro que él estuviera ahí en ese momento, pero no podía dejar que se fuera y perderlo para siempre. Gabriel puso el tapón sobre el desagüe y comenzó a llenar uno de los lavabos con agua, Verónica se acercó a su padre y lo tomó del brazo, la temperatura de su padre parecía adaptarse a la suya, esa era la razón por la cual no sentía frio o calor como ellos. -El agua hará que esto funcione mejor-explico viéndola y ella observo a Gabriel mientras se concentraba en no dejar el agua derramarse, cuando llego casi al borde Gabriel cerro el grifo y miro a su alrededor como buscando algo -Bien ahora sólo necesitamos algo pequeño para cortar-Gabriel anunció, Verónica pensó que podría ser la espada de Gabriel, lo había visto cortar el brazo de Alexander con ella, pero no sabía si funcionaria con ella, también podrían romper una de los espejos y usarlo para cortar la piel de su brazo, aunque eso era algo que la mantenía asustada -Esto servirá-Jared extendió una navaja hacia el ángel de las alas doradas-Es para protección-dijo cuando todos en la habitación lo miraron, Gabriel tomo la navaja y con un movimiento rápido la abrió, Jared lo miro sorprendido, él ni siquiera había aprendido a usarla Gabriel le extendió la navaja a Verónica y ella sin miedo alguno la tomó, se acercó al lavabo y junto con ella su padre y Gabriel a su lado izquierdo, como si con ello quisieran rodear del lavabo lleno de agua y ocultar a los demás lo que estaba a punto de pasar -Cundo hagas el corte deberás decir esta oración: "Entrego mi sangre en ayuda de los ángeles y cierro la alianza con ellos", asegúrate de que las gotas caigan justo en el centro-explicó Miguel y ella asintió tratando de mantener aquella frase en su mente para que no se le olvidara Verónica levanto la mano izquierda y la acerco al centro del lavabo después levanto la mano que tenía la navaja, suspiro y corto un poco para dejar salir algunas gotas, fueron cayendo de forma simultánea y ella miró como al igual que las gotas de Alexander estas no se diluían con el agua -Entregó mi sangre en ayuda de los ángeles y cierro la alianza con ellos-dijo al retirar la mano y para su sorpresa la sangre dejo de gotear, pero la herida que se hizo no había sanado de la misma forma que las de Alexander. Ambos ángeles metieron sus espadas al agua y al hacerlo las gotas se dividieron a la mitad y se acercaron al filo de cada espada uniéndose a ellas, después de eso ambas espadas emitieron un ligero brillo y la que permanecía en su mano también, se dio cuenta de que la sangre ya no estaba y que ni siquiera había rastros en el agua del lavabo -Ya está listo-dijo Miguel sacando su espada y cuando lo hizo esta no dejo caer una sola gota de agua, porque estaba completamente seca-Verónica necesito ir por tu madre, ¿dónde está? -miro a Verónica -En casa, se quedó ahí desde que todo empezó, no creo que haya tenido tiempo de ir al hospital-miró a Jared y se le ocurrió una idea-Llévate a Jared contigo -Verónica, no-dijo su amigo acercándose a ella, tenía mucho miedo, aunque no sabía exactamente a que temerle, si aquella cosa que lo había alzado en el aire o los dos con grandes alas y espadas afiladas -Jared yo no permitiría que algo malo te pasara, por favor ve con él, te cuidará, por favor-repitió mirando a su amigo a los ojos Jared asintió lentamente, pero antes de irse la abrazó con temor de no verla de nuevo y después caminó para pararse al lado de Miguel y ambos empezaron a caminar por el pasillo para salir por el otro lado, Verónica los observo hasta que recordó que tenía que hacer algo. - ¡Espera! -Miguel se detuvo y la miró-Esto te pertenece-le entrego el collar que tenía las alas de su padre Al momento que Miguel tomó el collar el cuarto se ilumino, cuando la luz se desvaneció Verónica miró con asombro que su padre tenía sus alas a la espalda, sonrió y su padre se dio la vuelta para continuar al lado de Jared que lo había mirado asombrado y podía jurar que estaba a punto de desmayarse por la impresión. Unas pisadas se escucharon y con ellas llego un aire helado, lo vio y temió lo peor, pero noto que los dos ángeles que estaban frente a ella no parecían notar algún peligro, no era un demonio sino un ángel, de piel igual de pálida que la de Alexander y alas del mismo color n***o azabache.
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