Tristán entro arrastrando sus enormes alas, Verónica se sorprendió al ver el parecido con Alexander como si aquellos fueran hermanos al igual que su padre y Gabriel, el ángel se quedó hablando con Gabriel, tal vez le explicaba lo que las espadas habían hecho al cerrar el pacto o que ella seguía siendo una prioridad aun después de haber completado y que tendrían que salir de ahí rápido y seguramente pelear con algunos demonios para alejarse de la batalla después, pero Verónica no sabía si Gabriel y Tristán también irían con ellos al lugar donde se refugiarían.
-Está bien, debemos salir-anunció Gabriel-Tenemos que separarnos-aviso y Alexander lo miró sin entender-Alexander irás con Tristán y yo me quedaré con Verónica, cuando Miguel regrese debemos estar lo más lejos que se pueda de la pelea, intentaremos descender a tantos demonios como podamos-dijo y ellos asintieron, Verónica ya lo había hecho, pero pensaba que solo se trataba de suerte y no porque fuera a convertirse en una guerrera después de esa noche
Alexander obedeció de mala gana, pero tampoco parecía que estuviera dispuesto a discutir con el arcángel, miro a Verónica una última vez y después camino hasta llegar al lado de Tristán. Ambos comenzaron a caminar a la par y Verónica los vio a los dos mientras salían del edificio dirigiéndose a la batalla
-Debemos salir ahora, al menos que quieras cambiar de opinión-dijo sacando la espada y mirándola
-Tengo miedo-Verónica lo miro, era como si toda la valentía que había sentido antes se hubiera desvanecido con su padre, Jared y Alexander
-Verónica, eres la hija de un arcángel, uno de los mejores que conozco-dijo con una ligera sonrisa-Llevas su sangre y también eres el reflejo de tu madre, eres valiente, estando ahí afuera no quiero que olvides eso-le dijo dedicándole una pequeña sonrisa y ella podía jurar que era la primera vez que lo veía sonreír
-Tú has sido más valiente que yo-dijo y él la miró
-Ya es hora de salir-dijo alzando su espada y mirando hacia la entrada donde los ruidos de la batalla se escuchaban algo lejos
-Son demasiados-dijo recordando el número de las legiones, Alexander le había dicho que eran 666 que fueron desatadas por Lucifer, pero no tenía idea de la cantidad de ángeles había ahí afuera peleando
-Nos superan en número, pero al acabar con los comandantes de las legiones estás desaparecen completas-la miro con una ligera sonrisa y en ese momento ella se dio cuenta de la razón por la cual estaban tan impresionados con lo que ella había hecho recordó a Amalia, la encargada de la legión cinco la había asesinado y eso significaba que la legión ya no existía.
-No te separes mucho de mí-anunció caminando hasta salir del edificio, Verónica había tenido que apresurar sus pasos para estar junto a su lado, se preguntaba cómo era que Gabriel corriera tan rápido con el peso de las enormes alas detrás de su espalda
Cuando apenas habían salido, Gabriel se apresuró a la batalla y Verónica tuvo que poner en práctica sus clases de educación física para poder alcanzarlo, sonrió cuando estaba a menos de un metro del ángel, pero la suerte no estaba de su lado, antes de poder llegar algo la derribó, sintió un peso encima de ella, grito cuando aquel que se encontraba encima de ella le quemó el brazo con sus manos o al menos eso era lo que parecían, grito de dolor y trato sin esfuerzo de pelear con aquel que seguía haciéndole daño, del dolor que estaba sintiendo era tan fuerte pensó en que en algún momento perdería el conocimiento y lo último que escucho fue como aquel demonio gritaba del dolor antes de desvanecerse, el peso encima de ella desapareció y pudo respirar mejor, sentía el dolor en su brazo, pero era considerable ahora que el demonio se había desvanecido
-No fue tan difícil-delante de ella se encontraba Gabriel, él le sonrió y ella se sintió aliviada de verlo frente a ella, pero de un momento a otro esa sonrisa se esfumo del rostro del ángel
- ¿Gabriel? -dijo aún en el suelo
No pudo decir nada más cuando unas garras atravesaron el pecho de Gabriel, ella respiro con dificultad cuando este cayó al suelo sin moverse, el demonio seguía ahí, era alto y parecía un humano normal, si no fuera por los ojos de color rojo escarlata, le sonreía de manera macabra y de pronto empezó a caminar hacia ella con pasos lentos y elegantes, parecía paralizada con lo que acababa de pasar y cuando iba hacia ella, cogió su espada lo más rápido que pudo y la clavo fuertemente en el pecho de aquel ser que se había inclinado para hacerle daño. A diferencia de Gabriel, aquel demonio solo le dedico una sonrisa mientras sus ojos perdían aquel color rojo y se convertía en fuego para adentrarse al pasto que rodeaba el edificio, el olor era demasiado fuerte y no lo había notado, miró como Gabriel seguía boca arriba respirando con dificultad, se arrastró hasta él y sostuvo su cabeza en el regazo, miro la sangre que estaba en su pecho y se dio cuenta de lo profunda que debía ser la herida que aquel demonio le había provocado
-Lo hiciste bien-sonrió el ángel mostrando los dientes llenos de sangre, trago saliva mientras intentaba mantenerse despierto
-Estarás bien, encontraremos la forma-dijo sintiendo sus ojos cristalizarse, no podía creer que estaba en ese momento sola, ni siquiera podía pedirle ayuda a Alexander o a su padre y no sabía que podría hacer para salvarle la vida
-Es tarde, no hay nada que hacer-hablo con dificultad mientras pasaba su lengua por sus labios-Tienes que reunirte con tu padre y deben irse, Él no los dejara en paz jamás después de esto
-No te dejaré, tal vez pueda...-empezó a decir, pero las palabras no salían, aunque lo intentara
-No puedes, es tarde-Gabriel la interrumpió-Eres igual a Miguel, noble, perdóname por querer asesinarte-una lágrimas resbaló por su mejilla-Estaba cegado por los celos hacia el hijo preferido
-No tienes que disculparte-acaricio su cabello-Te he perdonado-dijo con el nudo en la garganta, pero no quería llorar, quería que Gabriel se sintiera seguro en ese momento y no la haría si la veía llorando
Gabriel tomó su mano y le dio un ligero apretón antes de sonreír, Verónica lo miró y él perdió aquella expresión del rostro y su mano dejo de ejercer presión sobre la suya y la dejo caer sobre el pasto extendiéndola, aquel bello ángel se había ido. Se inclinó y beso su frente dejando que sus lágrimas resbalaran hacia el rostro de Gabriel, finalmente le cerro los párpados y se quedó abrazando su cabeza hasta que un haz de luz la iluminó, observo con sorpresa como unas luces blancas brotaban del cuerpo inerte de Gabriel, "igual a los demonios", se dijo, pero esas luces en lugar de ir hacia abajo se dirigían hacia arriba.
-Regresa al cielo-dijo cuando el cuerpo desapareció al mismo tiempo que el haz de luz, pero se dio cuenta de que la espada de Gabriel seguía en el pasto donde había caído junto a él.
Sabía que no había muerto ningún ángel aún porque no había visto esas luces antes o al menos no lo parecía, los ruidos de la batalla se escuchaban aun cerca de ella, pero no estaba segura de poder pelear estando en ese estado, tomo la espada de Gabriel y se puso de pie para correr hacia el campo de futbol lastimada, se detuvo y miro su brazo con marcas de quemaduras en la piel del brazo.