Cuntuan caminaba sin mucho ánimo por la enorme biblioteca de la mansión de la Bruja de Marfil, hace días que no veía a su amo, debería estar contento pues no tuvo que servir en la cama ni del brujo ni de ella, pero un sentimiento de traición crecía en su pecho. «Cuntuan, amante bobo» se reprendió mientras veía los garabatos que formaban las palabras pues no sabía leer «el amo ya nos advirtió que no íbamos a ser el único y te pones así» Una risita boba se escapó de su garganta al recordar la figura exuberante de la bruja y su mente empezó a imaginarse un escenario en donde no terminaba lloriqueando en un rincón de la habitación de la bruja sino recibiendo los elogios de su amo por su desempeño y los ruegos de la bruja para que la complaciera más. En ese momento los criados de la bruja

