Zillah regresó al tercer día con un tesoro increíblemente valioso, un platón de oro mágico, no dijo como lo consiguió y jamás mencionó a Kumkumas. Siempre que podía iba a ver a su amigo y regresaba con alguna chatarra, un tesoro valioso para la manada y un completo misterio. Otros lycans habían intentado entrar en aquel sector y resultaron gravemente heridos, la única conclusión a la que llegaron era que Zillah tuvo suerte. Talves al ser tan pequeño y no poseer un lobo ni el aura de un lycan la criatura que habitaba allí no lo había notado como un peligro y por eso no lo había atacado o talves ni siquiera lo hubiera notado y por eso no lo había devorado. ...... Kumkumas se movió en silencio entre los escombros, esos lycans habían declarado con sus propias bocas que fueron ellos quien

