Finalmente la noche de luna llena llegó, toda la manada estaba decorada, era un día especial, ese año el festival había unido a veinte parejas de lobos destinados, un número bastante alto.
De cada rincón se podía ver un adorno de prosperidad colgando, cientos de cintas se cruzaban sobre cada corredor y calle de la aldea creando un ambiente mágico, cientos de linternas daban a la noche un resplandor dorado que combinaba con la plateada luz de la luna llena.
En la plaza central se había elevado una tarima para que los lycans fueran presentados ante la manada, del un extremo se encontraba una cortina hecha con flor de cera, sus flores en forma de estrella le daban un aire celestial a la tarima y el otro lado una cortina hecha con una enredadera cuyas hojas tienen forma de corazón complementaban la decoración de la tarima.
En la plaza la manada empezaba a reunirse, todas las lobas llevaban una delicada corona de peperomia y los machos llevaban una corona de helecho botón, los cachorros correteaban sosteniendo unos largos tallos en cuya punta se encontraba un tulipán de agua.
Ymika esperaba con las lobas detrás de la cortina con las hojas en forma de corazón, ella era una de las más jóvenes en el grupo, todas las lobas llevaban un sencillo vestido de color blanco con diminutas lunas crecientes y estrellas bordadas a lo largo de toda la falda y en la pechera del vestido estaba bordado la mitad del perfil de la cabeza de un lobo.
Detrás de la otra cortina Jerek se encontraba rodeado de los otros machos, a diferencia de Ymika, él era el único joven del grupo, todos los demás lycans eran mucho mayores, Jerek estaba con su traje de color azul oscuro profundo, al igual que el vestido de las lobas, el traje de los machos tiene bordados lunas, estrellas y la otra mitad del perfil de la cabeza del lobo.
Jerek estaba en silencio, las conversaciones entre los machos le estaba fastidiando, un par de lycans que ya debían de tener más de doscientos años comentaban en voz baja cuanto les había costado conquistar a los padres de su actual compañera, al parecer las lobas elegidas ese año habían cumplido la mayoría de edad.
Por lo que pudo escuchar, al parecer él y dos lobos más se habían encontrado con sus compañeras por obra del destino, los demás ya lo tenían todo arreglado, ya sea con la misma loba o con los padres de la loba, toda la situación era tan ridícula que Jerek estaba cada vez más indignado con el festival.
Ojalá pudiera hacer algo al respecto para evitar que más lycans fueran obligados a participar en aquel absurdo festival, Ymika le había asegurado que no estaba molesta con los alborotos de sus padres o nunca se hubieran conocido.
Jerek no estaba de acuerdo, en especial cuando supo que sus padres y los padres de Ymika eran viejos conocidos, tarde o temprano se hubieran conocido y se hubieran enamorado tal y como ocurrió y no por la presión ni las tramas de nadie.
Tenía una espina clavada en su corazón, sabía que llegaría el día en que él e Ymika tendrían cachorros y no estaba seguro de querer que sus hijos tuvieran que pasar por el festival de unión, él estuvo en otras manadas y vio que los lobos allá tenían la completa libertad de decidir con quién estar y con quién no estar o quedarse solos, en su manada no había aquella libertad.
La ceremonia dio comienzo, el Alfa Conreth se dirigió a la manada, su discurso de ese año fue para agradecer a la luna por las bendiciones al haber unido con verdadero amor a todas aquellas parejas, los lobos detrás de las cortinas torcieron los ojos con burla mientras las lobas sonreían por sentirse afortunadas, al menos las que no conocían ninguna maquinación que las llevo hasta ese momento.
Ymika intentó no reírse, no lograba entender cómo podían seguir creyendo en ese ridículo festival, el Alfa Conreth siguió con su discurso, habló sobre ser transparentes con los sentimientos y la fidelidad hacia la pareja y la manada.
Cuando dio final a su discurso muchos lycans bostezaban con descaro y otro tanto conversaba en voz baja con su vecino, todos los años el Alfa Conreth decía el mismo discurso, sin modificar ni una sola letra.
El momento en que las parejas debían pasar para recibir su bendición por parte de la manada había llegado, los lycans debían salir y nombrar a su compañera quien se uniría a ellos en la tarima para recibir los aplausos de la manada junto a sus bendiciones.
El lycan más viejo salió y nombró a su compañera, una de las lobas más jóvenes del grupo salió con la cara roja de la vergüenza, aquel lobo era incluso mayor que su padre, pero ese era el compañero que el destino le había otorgado.
El Alfa Conreth tomaba las manos de los lobos y las ataba con una tirita de papel de color blanco mientras aclamaba con vos emocionada:
— Que la unión de estos lycans traiga prosperidad y felicidad a la manada, el destino nunca se equivoca al unir a dos lobos.
Sobre un alto pino, la figura encapuchada del Destino fruncía el ceño, en aquella manada seguían con su palabrería absurda y lo peor de todo era que le echaban la culpa de sus propias tonterías.
Él no unió a nadie, él es el Destino y a diferencia de lo que muchos creen no usa su tiempo uniendo parejas, ni trayendo al mundo hijos, ni crías, ni fortunas, ni desgracias, los seres vivos no necesitan de él para hacer todo eso.
El Destino se encarga de obras mucho más grandes y trascendentales, y por supuesto de jugar con los seres que son dignos, como la pequeña que pudo esconderse de él por más de veinte años o el brujo que logró arrebatarle su nombre a la muerte en un juego de cartas.
Seres inferiores y sin trascendencia en el mundo no tienen nada que hacer con él, ellos sólos causan su buena o mala suerte con sus acciones.
El Destino se fundió entre las sombras y luego apareció detrás del escenario, en ese momento la manada estaba aplaudiendo a los recién unidos lycans, el Destino tuvo curiosidad y ver si había alguien digno para jugar entre aquellos lycans.
Miró con detenimiento a cada uno de los lobos y sacudió la cabeza con resignación, ningún lycan digno, al menos no digno de él, cruzó el escenario con paso lento y se detuvo detrás del Alfa Conreth, estaba un poco harto del discurso de ese lycan cada año.
Cada año le adjudicaba la culpa de la unión de sus lycans y luego tenía que escuchar a unos cuantos de ellos quejarse del destino que les había tocado, decidió darle una lección y estiró su mano.
Ymika en ese momento estiró el cuello para ver a la pareja en el escenario, su madre le había dicho que las parejas debían darse un beso frente a toda la manada y quería ver cómo lo hacían los demás.
Ella y Jerek habían decidido que el lycan le daría un beso en la frente y eso sería todo, sería muy bochornoso besarse en los labios frente a todos, eso era algo muy privado y no quería que nadie los viera haciendo eso.
Por un segundo por el rabillo del ojo la loba pensó ver una sombra, como la sombra de un ser desconocido detrás del Alfa Conreth, cuando estrechó los ojos para ver bien, se dio cuenta de que no había nada, se encogió de hombros y siguió observando a la pareja en el escenario.
El Destino se detuvo al sentir que alguien lo miraba y vio a una loba joven observarlo con detenimiento y luego mirar hacia otro lado, el Destino se rio, al parecer había alguien interesante en aquella manada.
Los dedos del Destino aflojaron los tirantes del Alfa, el lycan es bastante viejo, su cuerpo ya no tiene el mismo físico que en su juventud, un lycan que ya no entrena ni pelea de vuelve como un perro viejo, sus músculos se reducen y su barriga crece.
El Alfa Conreth había perdido su figura hace un par de décadas y por vergüenza a que algún lycan descubriera su barriga cervecera usaba unas apretadas fajas que sujetaba con tirantes para mantener su espalda recta.
El Destino observó su obra, era suficiente con lo que había hecho, de lo demás se encargaría la gravedad, caminó sin prisas hacia el otro lado del escenario para ver a las lobas, en ese momento otra pareja pasaba a escena.
Una de las lobas mayores de apresuró a salir, como si temiera que el lycan se fuera a arrepentir si ella tardaba demasiado, el Destino se hizo a un costado para dejarla pasar, él no tiene materia, es invisible e intangible, pero no quería ver el pasado ni el futuro de una loba insignificante.
El Destino se colocó junto a Ymika y la loba por un segundo posó sus ojos en él para al segundo siguiente pasar de largo, ¿Puede verme? o ¿Puede notar mi presencia?
El Destino con mucho cuidado tomó una hebra del cabello de la loba y lo admiró durante tres segundos completos, una enorme sonrisa apareció en su rostro, al parecer en ese reino iba a ocurrir algo muy interesante.
La figura encapuchada se disolvió entre las sombras, su amigo pronto estaría allí y quería comer algo del banquete antes de que llegara él.