Kigyó se marchó del mercado de esclavos, todos los humanos allí eran de aspecto atractivo y deseable, no podía elegir ninguno para ser el nuevo cuerpo de su maestro, no sin después desfigurar su rostro pues no quería que su maestro fuera acosado por su belleza como casi lo fue él de no haber sido salvado a tiempo por el brujo. Lo mejor sería buscar un recipiente adecuado entre los humanos comunes, una vez que el alma de su maestro estuviera dentro del hombre todo estaría bien. Entró en una ciudad bulliciosa y demasiado concurrida para su gusto, los humanos debían mantenerse en silencio durante las noches para no perturbar a los seres superiores, claramente aquella ciudad no sabía de esta regla. — Seres inferiores e incultos... susurro viendo a una pareja abrazarse en la calle contig

