¡¡JA, JA, JA, JA!! La risa del brujo se elevaba como una tonada macabra en la bodega, frente a él el huevo vibraba con fuerza como si algo en su interior intentara escapar, los cuerpos de la mujer y el kumarg yacían inmóviles en donde habían caído. Los ojos del oso miraban fijamente al huevo y a medida que éste dejaba de vibrar los ojos del hombre empezaban a apagarse, ella murió en el acto, él moría lentamente al ser despojado de su oso, su cuerpo ya no se movía y su alma se quemaba como un papel muy cerca del fuego sin llegar a arder de golpe. Kigyó estiró su mano y tomó el huevo, el rugido de un oso se escuchó apagado y distante, el brujo respiró hondo, su magia se había consumido poco menos de la mitad. — ¡Perfecto! el susurro del brujo retumbó en la fría bodega. Cuando activ

