— Un horno mágico,... dijo Ymika guiñando un ojo y al ver a Zillah levantar una ceja agregó de inmediato: — ... no, es broma, Ji, ji, ji, de seguro el ama de llaves nos vio de lejos y dejó metiendo la comida para que estuviera caliente para cuando llegáramos, fue bastante amable de su parte, debemos comprarle un bonito regalo como agradecimiento. Zillah tomó el bollo y estuvo de acuerdo, Ocho era un brujo generoso y bastante peculiar además de poderoso. Esa noche Zillah miraba el techo del refugio, no tenía nada de sueño, en la cama contigua Sameth dormía tranquilamente y de rato en rato balbuceaba algo entre dientes. Zillah cruzó las manos debajo de su cabeza, le parecía increíble que estuviera en un refugio mágico junto a un humano que no parecía asombrarse de nada de lo que ocur

