Zillah gruñó al darse cuenta de sus pensamientos, la oscuridad ya los rodeaba, el lycan tomó la mano de Ymika y caminó directo hacia donde estaba la runa. Había reconocido la escritura, era de su viejo amigo, aquel brujo que conoció en el laberinto en el territorio de Kybdanan varios años atrás. Aquel brujo se hacía llamar Ocho y lo había invitado a recorrer el reino Deumberg con él, se podrían marchar sin cruzar la manada y Zillah estaba seguro que a nadie le importaría que no volviera, de seguro incluso harían fiesta, pero no podía abandonar a Jalur ni marcharse sin decirle que estaba bien. — Cachorro deberías conocer el mundo, vivir bajo tierra no es vida para un lycan con un alfa gemelo como tú... dijo el brujo jugueteando con unas viejas dagas que había encontrado entre las rui

