—Oye, ¿qué tal si hoy hacemos algo distinto? —propuso Olivia mientras se ajustaba las gafas oscuras—. Nada de aburrimientos domésticos. Día de compras. Día de reinar. Alexandra soltó una risa elegante, afilada. —Por supuesto. Mamá necesita nuevas joyas, Kendall nuevos tacones, y Eva… bueno, Eva siempre necesita algo. Kendall levantó una ceja. —Yo no necesito nada. —Claro —respondió Alexandra, rodando los ojos—. Y yo soy monja. Eva tomó del brazo a Matt con una sonrisa luminosa. —Hoy te queremos consentir. Trajes, relojes… quiero ver cómo te ves cada vez más como un verdadero Winterhaus. Matt no respondió. Sintió esa frase como un anzuelo. Las hermanas rieron, comentaron marcas, criticaron a otras mujeres, hablaron de boutiques como quien habla de templos. La energía era vibran

