Matt se quedó un segundo dentro del auto, con la mano aún en el volante, respirando el aire denso que le quedaba en el pecho. Había vuelto después de una semana de trabajo, pero su cuerpo no terminaba de regresar del todo. La resaca del día anterior era leve, sí, pero la verdadera pesadez era otra. Todavía le ardían los párpados, y en él había una vergüenza por la forma en que su cuerpo lo había traicionado dormido la noche anterior. El jardín delantero estaba impecable, setos recortados con precisión, fuentes silenciosas. Un carro de lujo estacionado justo frente a la entrada principal, n***o, bajo, con una presencia que no pedía permiso. El tipo de auto que no llegaba a un lugar si no era para marcar territorio. La mansión lo recibió con ese silencio caro de siempre. El piso br

