Sin permiso. Sin aviso. Sin compasión. Matt abrió los ojos, pero no sabía si estaba soñando. Todo parecía demasiado nítido, demasiado real, demasiado cercano como para ser una fantasía. La habitación era amplia, lujosa, con candelabros encendidos que lanzaban sombras suaves sobre las paredes blancas. Había muebles clásicos de diseño Winterhaus, pesadas cortinas de terciopelo, y un silencio cargado, como si alguien más respirara allí. Las sábanas eran gruesas, suaves al tacto. El aire olía a perfume caro. Un aroma que conocía. Se incorporó un poco. Ropa femenina tirada cerca de la cama. Zapatos de tacón. Un sostén colgando del respaldo de una silla. Esto no es mi casa, pensó, confundido, sintiendo el ritmo acelerado de su corazón. Entonces escuchó una voz. —Matt… —susurraro

