Matt despertó como si hubiera caído desde muy alto. El techo de su habitación se veía igual de siempre, pero su cuerpo no. Sentía los músculos pesados, adoloridos, como si hubiese jugado una final larguísima… y luego algo más. Un sudor frío le pegaba la camiseta a la piel. La mente, nublada, tardó unos segundos en recordar qué era sueño y qué había sido real. Se incorporó despacio, apoyando los codos en las rodillas. El mundo dio una leve vuelta. Respiró hondo, se pasó las manos por el rostro y, en cuanto cerró los ojos, los flashazos llegaron, la luz roja inundando la cabaña, la piel de Kendall bajo sus manos, el sonido de su respiración acelerada pegada a su oído, sus propios gemidos ahogados rompiendo algo que siempre había tenido controlado. No fueron imágenes completas, sino

